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ULM: Peixería Mar Viva. Corcubión.

Plaza Castelao, 16
Corcubión. Galicia
Corbución es una hermosa villa gallega a la que los veraneantes llaman la Niza de la "Costa da Morte". Y es que la llegada a Corcubión, sobre todo cuando está cayendo el sol, es espectacular... una vista de la ría y los barquitos pesqueros por un lado y las casas nobles de estilo marinero con sus miradores al otro lado, reciben al impactado visitante.
Esta villa fue declarada en 1984 conjunto artístico e histórico por la importancia y particularidad de sus construcciones compuestas por casas nobles y calles maravillosas con amplias galerías y balcones que tienen la envidiable vista al mar de la Costa Da Morte.
Y como buen pueblo gallego, no defrauda tampoco por su excelente gastronomía y sobre todo el buenísimo y fresquísimo pescado y marisco. Entre los distintos sitios que en estos años recientes han ido abriendo sus puertas en Corcubión, yo os quiero hablar del que he conocido este verano, por su buena situación, en la plaza de la Fuente con vistas al mar, por el gusto en la decoración, trato afable y calidad exquisita. Y todo a precios razonables: Es la Peixeria MAR VIVA.
Se trata de una iniciativa de vanguardia donde se reúne lo mejor del mar y las mejores elaboraciones culinarias de la cocina gallega en un solo local. Cuando llegas al local, te parecerá entrar en una pescadería y el sistema es que eliges el pescado que deseas tomar y la forma en que quieres que te lo preparen, después te dan el número de la mesa donde debes sentarte a donde te llevarán el suculento plato acompañado por supuesto de un buen ribeiro o albariño.
Su filosofía: "Una buena materia prima, tratada con delicadeza para obtener un producto de la más alta calidad". En definitiva, Corcubión es una villa con una pequeña playa y puerto en la que descansar, comer, volver a descansar y disfrutar del paisaje.
MT 

ULM: La Alhambra

He visitado varias veces la Alhambra y sin embargo, no podía imaginar que fuera como si no lo hubiera hecho. Hace un par de fines de semana, compré dos entradas especiales del Ciclo de visitas guiadas por especialistas:
Simetría y proporción. La única razón es que no había previsto que fuera a ir y no había posibilidad de visitar los palacios nazaríes. Se me ocurrió que ésta podía ser la forma.
El especialista era Rafael Pérez Gómez, un matemático, profesor de la ETS de Arquitectura de la Universidad de Granada. ¿No es hermoso que sea un matemático quien desvele la belleza de una obra de arte?. Perteneciendo mi formación a una disciplina a caballo entre las ciencias y el humanismo, entendí a este hombre que era capaz de hablar al mismo tiempo de poesía y proporciones matemáticas, de ingeniería y equilibrio. Reconocía el amor a este edificio como la verdadera razón de que se hubiera man
tenido en pie a lo largo de los siglos.
Vimos desde arriba el adobe de la cúpula del salón del trono–protegido por un ingenio de Torres Balbás-, nos enseñó a comprender el milagro de las cuadrículas (a través de la papiroflexia…), nos mostró cómo una buena restauración (del mismo Torres Balbás) respeta el pasado y una mala es capaz de destrozar la belleza de unos baños árabes. Contó que Manuel de Falla tuvo que defender a Balbás cuando éste desmontó las cupulillas añadidas en época romántica en el Palacio de Leones. Esos leones que podrían representar las doce tribus de Judá en un guiño del arquitecto judío que lo diseñó rememorando el palacio del Rey Salomón. Y tengo que agradecer también la visita a una casa vernácula con hermosas pinturas en la pared. Recordaré siempre esta visita. Pero por encima de todo, le debo el milagro de la descripción de la simetría en los mosaicos. Aquel descubrmiento que él vinculaba con la simetría de la materia inorgánica en el microscopio electrónico.
Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto una obra de arte. Es un privilegio siempre que un profundo conocedor te transmita su emoción por lo que ama. Ahora, quiero volver a la Alhambra pero no creo que compre una entrada sencilla…
Ana R

ULM: Momofuku Noodle Bar. NYC

171, 1st Ave
New York
NY 10003
Dice Frank Bruni en el NYT que cualquier cosa que acerque a mas gente a los bollitos de panceta, pepino y salsa hoisin de David Chang es un gran avance para la humanidad....
Momofuku Noodle Bar no es un bar de fideos cualquiera, es lo que pasa cuando un joven coreano-americano se gradúa en el French Culinary Institute, absorbe los principios de la cocina japonesa mientras enseña Inglés en Tokio, trabaja en algunos de los mejores restaurantes de Nueva York y al final monta un bar, si un bar con barra, taburetes de madera y mesas compartidas, en el East Village para cocinar la comida de su madre y ofrecer a sus clientes lo que a él le gusta comer.
Dicen que “ha revolucionado la cocina americana, y que sus platos son un prodigio de sutilidad, técnica, imaginación e inspiración”.
Dicen que “es un restaurante que mira hacia el futuro, ignorando las reglas y librándose de las ataduras de la tradición”. Otros dicen que "Cruces y mezclas étnicas suceden cuando distintos elementos convergen en una receta. Que Nueva York es, al fin y al cabo, un crisol de culturas. Y que ¿Por qué no puede, entonces, su gastronomía ilustrar la transformación de la diversidad en unidad?.
A mí, ya me gustaría ser capaz de decir toda esa palabrería gastronomico-filosófica en una frase.
Pero, la verdad es que cuando tomas la primera cucharada de su bol de noodles o das el primer mordisco a uno de esos bocadillos de panceta (¿Habrá un plato menos elegante?) sabes que ha merecido la pena el viaje a NYC sólo para ese momento. Y no puedes esperar al siguiente "viernes" para contarlo.
Maria Luisa

ULM: Hotel Lalgarh Fort and Palace. Jaisalmer


Viajar por India es una experiencia intensa por lo extremo de lo bueno y lo malo. Aunque se pueda viajar de muchas formas, según los gustos y los presupuestos, mi consejo es encontrar lugares en los que se pueda descansar entre trayecto y trayecto, para pasar al menos un par de días en las mejores condiciones. La ciudad de Jaisalmer es un lugar imprescindible (yo diría lo mejor de este estado). Este lugar, a pocos kilómetros de la frontera con Pakistán, se encuentra a 16 horas en tren de Delhi y bastante alejado de los principales aeropuertos del noroeste indio pero vale la pena el esfuerzo con creces. Muy cerca del desierto del Thar, Jaisalmer fue un lugar clave para las caravanas de comerciantes durante siglos. Su burguesía desarrolló un sofisticado gusto que, gracias a su aislamiento, ha dejado huellas insuperables en los havelis de la ciudad. Los havelis son casas-palacios construidos como en tantos sitios alrededor de un patio. Estas casas familiares compiten entre sí hasta en los detalles más mínimos. El resultado: desde fuera la ciudad parece protegida por un imponente fuerte medieval, pero intramuros es un casco urbano único por su exhuberancia, delicadeza y buen gusto. Los templos jainistas y el palacio del Maharajá hacen de la plaza principal del recinto amurallado un extraño lugar que puede llegar a recordar a los pueblos europeos gobernados por castillos y catedrales, pero en versión oriental.
El Hotel Lalgarh Fort and Palace de Jaisalmer está situado fuera de las murallas. Es un haveli completamente nuevo (que nadie se desanime por esto, compensa con creces renunciar al encanto de lo antiguo a cambio de todas las comodidades que le permiten a uno reconciliarse consigo mismo después de casi un día en tren). Hay varias cosas extraordinarias en el hotel. La más obvia es la terraza, con unas vistas únicas del montículo sobre el que se encuentran la ciudad antigua y sus murallas. La segunda es el restaurante, que ocupa parte de la terraza y que yo destacaría entre los mejores del norte de la India y a precios nada escandalosos. El personal del lugar es también uno de sus activos. El haveli pertenece a una familia hispano-india (Silvia, de Madrid, y Nehru, del mismísimo Jaisalmer) que son capaces de ahuyentar cualquier complicación previsible o no durante tu estancia. Los dos son además la mejor compañía en durante las cenas en el rooftop bar cuando bajan las temperaturas.
A poder ser, que nadie deje de dar un paseo por la ciudad con Nehru y de paso, parad en alguna de las dos tiendas de antigüedades del lugar. También en esto os alegraréis de haber llegado a un lugar a tanta distancia de los aeropuertos y con un gran espíritu de conservación tal que ha mantenido el lugar casi intacto.
Héctor

ULM: Weatherford Hotel y Charly´s Pub & Grill

23 N. Leroux St.
Flagstaff, Arizona
928-7791919
Este ULM de hoy creo que es el cuarto que escribo. Todos los anteriores han estado dedicados a restaurantes que de verdad me han encantado, tanto por su comida como por su ambiente y que considero de mis restaurantes favoritos del mundo (uno de ellos, Bistro 110 en Chicago, ha cerrado hace unos meses, reemplazado por una pizzería de medio pelo, en fin...). Hoy no puedo decir que Charly´s Pub & Grill sea uno de mis lugares preferidos para comer. Lo que puedo decir sin dudar es que es un lugar que me sorprendió muy positivamente y que recomiendo de todo corazón a todos aquellos vierners que en algún momento pasen por este lugar, un poco a trasmano, que se llama Palo de Bandera (Flagstaff). Este pueblo es un extraño lugar, a medio camino entre un pueblo del oeste y un pueblecito alpino. No es totalmente inverosímil que paseis por aquí en alguna ocasión, ya que se trata de la población más grande en las cercanías del Gran Cañón del Colorado, está a unas 2 horas en coche. Creció a partir de finales del siglo XIX alrededor de una estación de tren en la línea hacia California. Luego se convirtió en sitio de paso de turistas hacia el Cañón y más recientemente se ha reinventado como pueblo de esquí. Para más señas, Flagstaff está también en la Route 66, la mítica carretera que une Chicago con Los Angeles.
En lo que se refiere a hoteles y restaurantes, Estados Unidos, fuera de las grandes ciudades es de lo más homogéneo y poco sorprendente que uno puede encontrar. En todos sitios ves las mismas cadenas de hoteles, restaurantes, supermercados, farmacias... Después de conducir horas por carretaras interminables y encontrar en cada parada las mismas ofertas de comida rápida, es una extraordinaria sorpresa encontrar un lugar como el Hotel Weatherford. Está en el pequeño casco histórico de Flagstaff, unas pocas manzanas de casas alrededor de la estación que están muy bien conservadas. Fue fundado en 1897, (cuando Arizona no era todavía un Estado de la Unión, sino un “Territorio”, todavía no sometido a leyes) aparentemente con la intención de ser un oasis de lujo en medio del salvaje oeste. Ahora ya no es tan salvaje, pero uno sigue teniendo esa sensación de oasis cuando entra por la puerta.
El restaurante del hotel es el Charly´s Grill. Es un lugar relativamente sencillo pero con unos preciosos suelos de pino melis y magníficas chimeneas y estufas de hierro fundido. El servicio es bastante juvenil y como casi siempre en América, extraordinariamente atento y servicial. La carta no es muy diferente de las que puedes ver en los típicos restaurantes americanos pero uno tiene la sensación de que todo está preparado con más cariño. Merece la pena destacar algunas especialidades, como el Taco Navajo. Una mezcla entre taco mejicano y pizza, al parecer tradicional de los indios navajos (que tiene su reserva no muy lejos de Flagstaff) hecho con pan frito cubierto de carne, judías y verduras. De nuevo, inesperado pero delicioso. Hacen también un estupendo posole, que es una sopa mejicana con carne de cerdo que estaba espectacular. La consabida ensalada césar estaba hecha con salsa casera y no de bote, como en la inmensa mayoría de restaurantes en Estados Unidos y la carne muy buena como se podía esperar, sobre todo el Rib Eye.
En resumen, un lugar para no perderse si venís a ver el Gran Cañón o decidís hacer la route 66 en una Harley. ¡¡¡Que disfruteis!!!
Epi

ULM: La sifonería. Bebidas de casco antiguo, Palma

C/ Santa Clara, 4
Palma de Mallorca
Las islas mediterráneas acostumbran a ser excelentes espacios para perderse. Además de sol y playa estivales, suelen ser lugares de primaveras esplendorosas, otoños melancólicos e inviernos suaves. El mar que las rodea, tiene ese no sé qué de calma que incita a la poesía. Ya lo decía Van Gogh, cuando hablando del Mediterráneo señalaba que “No siempre se sabe si es verde o violeta, ni siquiera se puede decir que es azul, porque al momento siguiente el reflejo cambiante ha tomado un tinte de color de rosa o gris". No es difícil, pues, perderse por alguna isla mediterránea y disfrutar del olor del mar y de las caricias del sol.
Mallorca es sin duda una de esas islas en las que conviene perderse en alguna que otra ocasión. Hay que despojarse de la típica salida sol-playa-ensaimada para perderse un poco por los pueblos callados del interior de la isla o por los pequeños caminos que recorren la Serra de la Tramuntana o por los olivos que salpican las carreteras secundarias. Y donde uno debe perderse y dejarse perder es, sin duda, en la propia ciudad de Palma.
Rodeada de barrios plagados de hoteles y de veraneantes, el centro de la ciudad sorprende por su silencio. Se trata de uno de los barrios góticos más impresionantes de Europa, que aún conserva su pasado árabe y judío. Los patios de piedra cálida que sorprenden a quien callejea, las plazoletas que invitan a tomar algo (se desaconsejan las famosas hierbas de Mallorca con el estomago vacio) y los palacios e iglesias que refrescan la vista del paseante, son elementos imprescindibles de una ciudad que esconde mucho más de lo que aparenta. Porque detrás de muchas de las pequeñas puertas de la ciudad, se encuentran locales donde disfrutar de un vino, de una pintura, de una lectura… Una suma de oportunidades sensoriales que no deberían dejarse escapar!
La Sifonería es uno de esos pequeños sitios en el que uno debe perderse. Es un local pequeño, oscuro, repleto de botellas que, para jugar con su emplazamiento, no pueden ser sino de ‘casco antiguo’. Un lugar en el que los vinos tienen paladar, la música tiene (mucha historia) y los clientes ninguna prisa por marchar. Los sifones de colores atascan el pasillo y comparten espacio con las grandes botas de vino y los casetes (nunca cds) que el propietario acumula con un (in)discutible aprecio musical. En ocasiones, además, pequeñas exposiciones ofrecen una atracción añadida a las conversaciones que allí se entretejen. En la Sifoneria, uno debe encontrar su sitio en el sentido más literal, pues las sillas y los cojines se mueven y se colocan a gusto del consumidor. Eso permite compartir espacio con todo tipo de gentes: de los que pasan un rato a tomar un vino, de los que allí han descubierto una segunda casa, de los que han leído alguna guía alternativa, de los que nos gusta perdernos sin prisas…
Protegidos por el humor y el encanto de su propietario y aliñado con la simpatía y curiosidad de los habituales, la Sifonería alberga un espacio parado en el tiempo, en el que la calma de la isla comparte espacio con los efluvios del vino. Cuando se quiere recordar que Mallorca es mucho más, muchísimo más, que sol, playa y cerveza, pasar por la Sifoneria se convierte en un ‘must’. Eso sí, no se lo digáis a nadie, que si no la próxima vez no tendremos cojines sobre los que reclinarnos
Gemma

ULM: Il Gatto Nero, más allá de lo que ven tus ojos

Via Monte Santo, 69.
Cernobio. Como. Italia
Suelo callejear mucho. Acostumbro a husmear en cada uno de los rincones que a mi paso encuentro en cada paseo, en cada escapada, en todos los viajes de corta, media o larga distancia que con tanta pasión llevo a cabo.
Así que tengo una extensa lista de sitios especiales. Algunos recónditos, otros no tanto. Alguno realmente único en la costa croata y montenegrina. Otro al que siempre regreso en el interior de Maine o algún trozo de paraíso que siempre me reservo en Menorca.
Pero en esta ocasión, mi pequeño homenaje a este establecimiento cercano al lago di Como era casi obligado. Los motivos son esencialmente personales. Muy personales. Y es por ello que jamás olvidaré aquella cena en Il Gatto Nero. Porque forma parte ya de ese collage que vas haciendo a retazos a lo largo de los años.
Recorrimos en vehículo durante una veintena de días la costa azul francesa, los Dolomitas italianos, Trentino Alto-Adigio, Valle de Aosta, Piamonte, Veneto, Emilia-Romagna... En fin, desde Trento y Bolzano hasta Bolonia, parando en infinidad de pequeños pueblitos de una belleza indescriptible. Los lagos, por supuesto –Iseo, mi favorito-, Garda, Como… Y aquí me detengo.
Y lo hago en una pequeña población justo encima del lago de Como de nombre Cernobbio, rodeada de villas de exuberante vegetación y unas vistas que te cortan la respiración. Aquí se encuentra el restaurante del que hoy os quiero hablar.
Si llegas en coche, deberán acompañarte hacia una pequeña explanada, donde lo aparcarás y te recogerá una furgoneta del local, ya que, debido a la estrechez de la carretera, se hace casi imposible el tránsito de vehículos.
Ignoro cómo será en la actualidad la calidad de la carta –han pasado unos cuantos años y en restauración hay que tenerlos en cuenta-, desconozco si la pasta fresca al tartufo mantendrá su textura y sabor. Tampoco sé si el servicio seguirá siendo igual de atento y eficiente. Ni siquiera si los vinos de las comarcas colindantes seguirán ocupando un lugar privilegiado en la carta.Es muy probable que se haya convertido en un punto turístico de recurrente visita. Da igual. No importa.
Porque de lo que no me cabe ninguna duda es de la inmortalidad de las vistas que desde su coqueta terraza se contemplan. Eso, queridos, seguro que permanece. Y son, sin ánimo de exagerar lo más mínimo, demoledoramente imbatibles.
Esa noche, con él, con mi cuerpo de seda sobre unos vaqueros y mi copa de vino fueron suficientes para inmortalizar una estampa de absoluta felicidad. Nuestro reflejo en las aguas del lago Como aquellos días de principios de septiembre de aquél año lo he conservado en mi retina hasta hoy. Y por mucho tiempo más, me temo.
Algunas de vosotras pensaréis que hoy quizás esté atacada por alguna ráfaga de esas cursis de viento que de vez en cuando nos azota. Puede. Pero no he sabido expresarlo mejor.
Incluso en casa, al recordarlo, se me quedan las palabras atascadas. Acabaremos regresando. Pero lo vas aplazando una y otra vez por el temor que supone romper el encanto. Suele pasar.
Así que os recomiendo que os acerquéis y me lo contéis vosotros. Será mejor. Estoy segura, sí. Por si acaso.
Eva Miquel Subías

ULM: The Trout. Oxford

Godstow Road, Wolvercote, Oxford, OX2 8PN
Recomendar a los amigos que visiten Oxford sin caer en los topicazos de la Lonely Planet es complicado e incluso arriesgado. Cuando no es invierno, la ciudad suele mantener un ambiente algo invernal. Hay pocos sitios en los que se pueda escapar de la sensación de humedad gótica que hemos padecido quienes vivimos allí el tiempo suficiente como para echar de menos la casa de tus padres a los veintitantos.
Por desgracia, entre los españoles la imagen de Oxford y de su universidad está mediatizada por el novelón “Todas las almas” de Javier Marías, una de tantas iluminaciones sobre el lugar. Con todo, el visitante ocasional suele quedar deslumbrado por Oxford. Yo creo que con razón. Hay pocas ciudades en Europa que tengan un centro histórico tan peculiar, lo que explica que muchos hagan excursiones de ida y vuelta (al menos en el día) desde Londres, tomando el autobus en Marble Arch o Notting Hill. Sin embargo, creo que las mejores cosas de Oxford se ven al segundo día, cuando ya se está empachado de bibliotecas (el pabellón para volúmenes de gran formato de la Bodleian), claustros (nadie puede perderse Magdalen College),  jardines (Christ Church o New College entre los clásicos y Worcester College entre los menos conocidos) y museos pintorescos (el de antropología y ¡el de la ciencia!).
De entre las mejores visitas para el segundo día, destacaría el pub The Trout (La Trucha). Los pubs ingleses suelen tener un aspecto decadente y “padecen” un olor a licor a la altura de su fama, pero hay que reconocer que si reincides en alguno de ellos también son como el salón de tu casa. Para llegar a The Trout se disfruta de uno de los paseos más bonitos que se pueden dar en el sur de Inglaterra. Se sale de la ciudad por Walton Street, pasando por delante Oxford University Press. Se deja pronto de pisar asfalto para entrar en los Meadows. A partir de ese momento ya se puede contemplar la campiña inglesa en su versión más romántica: el sendero bien marcado cruza algunos riachuelos, rodea iglesias de pieda abandonadas y transita entre rumiantes pacíficos. Tras una hora de caminata (a medio gas), se llega al caserón del siglo XVII donde está el pub, en Wolvercote.
La comida inglesa nunca ha sido muy apreciada por los turistas latinos. Creo que el mejor consejo para comer bien en un pub inglés es huir de todo aquello que suene a italiano, español o itañol. Además de no creer en su propia cocina (a veces injustamente) los ingleses han tenido el mal gusto de estropear y reinterpretar algunos platos ajenos. También es mejor desconfiar del vino por muy apellidado que esté por algún Chateau de relumbrón. En The Trout, la cerveza acompaña mejor cualquier bocado. Son estupendos los pasteles de carne y la carne asada de los domingos, las salchicas y los fishcakes. La terraza es un sitio maravilloso en el que, además de encontrar a amables locales no estresados por el turismo, se puede apreciar sin las habituales dosis de exotismo académico y hortera, cómo de feliz es la vida de la universidad y de quienes la padecen.
Héctor

ULM: The boathouse. Christchurch

Quay Road
Christchurch. Dorset
No todos los ingleses veranean en Benidorm. De hecho, el sur de Inglaterra está lleno de preciosas
localidades en la costa que ofrecen aquello que mas demandan los ingleses: bonitos paques para tumbarse en la hierba a escuchar un concierto vespertino, piers llenos de amusements para divertirse cuando el tiempo no acompaña, multitud de Fish and chips de nada desdeñable calidad en recoletos puertos perqueros, pubs con terraza donde sentarse al sol mientras cae pinta tras pinta, cuidados clubs donde jugar a los bolos sobre un precioso tapete de hierba vestidos de impoluto blanco y castillos y pueblos de cuento dónde Enid Blyton situó las divertidas aventuras de Los cinco magnificos. Ah, tambien hay playas, y playas de arena!! con esas sillas de lona de rayas que tanto me gustan... 
Bueno, pues en Christchurch, una de esas bonitas localidades en las que parece que se ha detenido el tiempo, está The boathouse un local en la desembocadura del rio Stour al lado del muelle deportivo decorado en blancos y azules en el que lo mismo te puedes tomar una cerveza que sentarte a disfrutar su estupenda cocina mientras cae la tarde y prolongar la sobremesa leyendo o mirando el templete cercano alrededor del cual juegan un grupo de niños con chubasquero y katiuskas a pesar de que estemos en agosto porque no lo he dicho pero el sol inglés es muy tímido, casi un regalo. Eso explica que nos invadan cada verano.
ASM

ULM: San Cipriano. Zamora

Es curioso que nunca haya elegido Zamora para mi lugar en el mundo. Será porque no lo es. O porque no quiero atormentar a mi entorno con la insistencia de siempre. Pero si Amparo me pide un lugar en el mundo y en este momento no se me ocurre otro mejor, tendrá que ser el mirador que desde la Iglesia de San Cipriano te permite ver la Plaza de Santa Lucía y el Río Duero. El Duero en Zamora es un río magnífico. No está muy lejos de Oporto y ya no tiene muchas oportunidades de aumentar. El Duero estaba ya ahí cuando Urraca retó a Sancho y al mismísimo Cid, así que me gusta reconocerlo como el testigo permanente que contempla la decadencia de la ciudad castellana (¡ya me preparo para oir a los leonesistas...!). Me gusta la reina zamorana a pesar de que los zamoranos no hemos podido mantener su memoria a través de los nombres de las niñas por motivos obvios. Los zamoranos estamos muy acostumbrados a la presencia de las cigüeñas en Santa Lucía y San Cipriano pero son las protagonistas de las fotos para los turistas. Antes se iban y volvían pero ahora no distinguen el paso de las estaciones y han decidido quedarse. Me gusta que hayan elegido la Iglesia de Santa Lucia (bueno o el Palacio del Cordón o de puñonrostro, mejor) como sede del museo arqueológico. Me gusta ver esa foto que retrata a una familia zamorana a principios del siglo XX. Y el precioso mosaico romano de Santa Cristina. Aunque echo de menos la momia que mi abuelo me llevó a ver cuando era tan pequeña que se me reprochará que no tengo ni memoria para reclamar su presencia. Ese mirador ha visto desde arriba y desde la plaza pasar mi vida. Puedo asegurar que todos los años de mi existencia he pasado por ahí en algún momento, casi siempre en primavera. Y me sigue emocionando apoyarme en la piedra con el parador detrás de mí y mirar a la recoleta Plaza de Santa Lucía.
Ana Ruiz

ULM: Cesky Krumlov

Praga es un sitio requeteconocido y visitado. Pero es sólo la punta del iceberg de un país que tiene mucho que ofrecer, tanto en ciudades como en paisajes.
Hace ya diez años que visité la república checa dentro de mi viaje de interrail y un lugar que me marcó fue Cesky Krumlov. Este pueblín, no muy conocido aunque sí muy importante, es patrimonio cultural y natural de la UNESCO.
Lo primero que hay que disfrutar es el viaje hasta llegar allí. Al menos entonces, había que ir en un tren “convencional” hasta Ceske Budejovice y allí se cogia un tren antiguo y lento de madera que recorría un magnifico paisaje a un ritmo casi, casi aburrido pero que con buena actitud podías disfrutar. En la parte de atrás del tren, el vagón se abría en una especie de balconcete desde donde observar las vías que se escapaban y los árboles y campos verdísimos en pleno verano. Un tren para mirar hacia fuera y regodearte, no un mero transporte.
Cesky Krumlov se encuentra encajonado en un doble meandro del río Moldava, con un castillo y palacio en nivel más elevado desde donde las vistas del pueblo son estupendas. Es un pueblo de aspecto medieval, con casas  góticas, renacentistas y barrocas. En el castillo se conserva un teatro barroco, con frescos pintados y con una tramoya y varios aparatos para efectos especiales: sonidos, lluvia,… muy reconocido. Cuando yo fui estaba en reparación así que sólo pudimos ver una parte.
Me alojé en un “Youth hostel” en el mismísimo centro. El pueblo es pequeño pero las calles centrales están abarrotadas de bares y restaurantes con bastante vidilla. Y claro, es Chequia: cerveza a raudales y comida rica en cualquier pub.
Se pasea a gusto por cualquier calle, por los puentes, con el río siempre presente y con muchas cosas para ver. Cada calle tiene algo y las fachadas de los edificios están esgrafiadas. Como el teatro y los títeres tienen relevancia, en cualquier tienda de regalos se pueden encontrar estupendas marionetas.
Sólo estuve dos días y se me hizo corto. Sin ninguna duda es un lugar al que me gustaría volver.
Las fotos son de Patricia Ramos, la amiga con la que compartí la mayor parte del interrail y quién me recomendó visitar este sitio. www.patriciaramos.net
Laura

ULM: de 98cms

Viajar es una de mis pasiones, o lo era… últimamente lo dudo.. Mi ansia de buscar lugares en el Mundo especiales, únicos se ha mermado notablemente.. o quizás lo que han variado son mi expectativas ante cualquier viaje. Más que descubrir parajes especiales, ciudades con encanto o contemplar desde la primera a la última pieza de todo museo que se precie (o no), ahora disfruto con “disfrutar” de momentos únicos junto a mis perfectos compañeros de viaje, ya no es esencial el escenario.
Dudo si este viajar “más sosegado” se debe a la necesidad por cambiar radicalmente mi trepidante día a día, pero intuyo que más bien se debe a otra cuestión.
No es que no viaje, haciendo un repaso rápido, en este último año he descubierto o redescubierto Toulouse, Paris, Sevilla, Salónica, Vitoria, San Sebastián, Burgos, Asturias, Londres, Oxford, Cádiz, Valencia y, por supuestísimo Córdoba, Baena y Albendín!! Y en cada lugar he disfrutado de lo lindo, pero de una manera totalmente distinta de cómo lo hacía al viajar hace ya más 3 años.
Por?? Pues quizás se deba a un viaje del que ya en alguna ocasión me había planteado hablar… la maternidad. A los que no seáis padres puede que os aterre esta afirmación, a los que lo sois, igual alguno me entiende.
Es difícil poner palabras a lo que se siente, es más fácil hablar de situaciones: verla dormitar al sol de Trani, sobresaltarse cuando un gorila quiso comerse su helado en el zoo de Colonia, correr por la espectacular playa asturiana de Aguilar, extasiarse ante la torre Eiffel, relamerse con el queso y paté de Toulouse, buscar la casa de Wendy en Londres y viajar a la Isla de Nunca Jamás en Serpentine de Hyde Park, nadar cual sirenita en las playas gaditanas o flipar con el Niño con paloma de Picasso en The Courtauld Gallery… y mil más.
Desde que María nació, como os decía, mis viajes han cambiado, ahora busco, ansío, el “momento” y siempre tengo recompensa, creo que mis Lugares en el Mundo, independientemente del país, ciudad o espacio, están donde tengo un rato para disfrutar de ella.
O quizás esté equivocada, pero creo que no.
Fátima

ULM: Cala Jóncols

Entre Roses y Cadaqués, dentro del parque natural del Cabo de Creus , aún quedan en la Costa Brava rincones maravillosos como Cala Joncols. Después de la Cala Montjoi famosa porque es donde se encuentra el Bulli nos encontramos con Cala Joncols Y os imaginabais un hotel aquí? El hotel Cala Jóncols es un hotel pequeñito de solo 30 habitaciones rodeado de jardines con una pequeña piscina y un chiringuito en la misma playa. La paella y el pescado fresco son sus especialidades.
Además para aquellos que os gusta navegar, se puede llegar en barco y os podeis llevar la paella para disfrutarla en medio del mar. En el hotel tambien organizan expediciones de buceo, senderismo, kayak y diversas actividades.
Para los que busqueis un lugar tranquilo (fuera del mes de agosto) éste es sin duda, un lugar ideal para pasar un fin de semana.
Mónica P

ULM: Strofi. Atenas


Rovertou Galli 25. Atenas
Tfno : 210 9214130
www.strofi.gr
Era mi última noche en Atenas...
Pregunté en la recepción del hotel un sitio próximo y agradable para cenar. Me miró y sólo respondió: Strofi! Yo no tenía ni idea de a qué se refería. ¿No conocces Strofi? !!Es imprescindible!!! dijo.
Tarjeta en mano llegué a la esquina del restaurante, casita azul de 2 alturas que no decía gran cosa. Al entrar percibí algo especial, cuidada decoración con un montón de fotos de sus comensales más internacionales, algunos desconocidos para mi ! anda Nureyev!! este sí...
Seguimos al camarero hasta la azotea... era el paraiso. Desde aquí puedes tocar el Partenón con la mano y oir la obra que se representa en el odeón de Herodes Ático. Strofi está a los pies de la sagrada Acrópolis a unos pasos del teatro.
Su cocina, tradicional griega, es exquisita, el trato amabilísimo, el ambiente acogedor y de fondo, el marco incomparable de la Acrópolis iluminada. Entonces pensé que éste era un lugar en el mundo y que quizás se sentaron en esa misma mesa Margot Fonteyn y Nureyev después de representar El Corsario en el teatro de Herodes.
No olvides reservar o tendrás que llorar al maître por una mesa.
Al

ULM: Papas. Kobe

Mikagehonmachi
Higashinada-ku
Kobe, Japón
078-821-3564
http://www.kcc.zaq.ne.jp/
Mi restaurante favorito en Japón.
En estos días que parece que sólo oímos hablar de desgracias en Japón, puede parecer insensible que yo escriba sobre las delicias de un restaurante. Sin embargo, creo que precisamente es el momento de recordar que Japón es un país maravilloso y que estoy seguro que se recuperará de la desgracia con eficacia y dignidad.
En cualquier caso, de lo que os quiero hablar es de un atípico restaurante japonés que se convirtió en mi sitio favorito durante los 4 años que viví en Kobe y en el que he tenido la suerte de cenar en mi última visita allí. Los restaurantes en Japón tienden a ser “de género”, es decir, que tienen una especialidad y se desvían poco de la norma. Hay por tanto restaurantes de tempura, sushi-bars, teppanyakis (parrillas), isakayas (tabernas de comida tradicional) o por otra parte restaurantes italianos, franceses, etc. Papas es un restaurante especial, porque al contrario que la mayoría, mezcla sin complejos la cocina japonesa y la francesa.
Es un lugar pequeño, con una barra que puede acomodar a 18 ó 20 personas, y un reservado con una mesa para unos 6 comensales. En la barra tienes la sensación de estar comiendo en casa de unos amigos. A pesar de la cercanía de la barra y la cocina, como no podía ser de otra manera en Japón, no te llega ningún humo ni olores. El chef-propietario se encarga personalmente de la pequeña cocina, con dos ayudantes y un joven maitre-camarero-somelier se encarga de la clientela. El propietario es poco sociable y solo te sonríe timidamente cuando llegas o te marchas. Nunca le he visto hablar con ningún cliente. Por el contrario, el maitre, cuyo nombre no recuerdo ahora, es un hombre encantador, habla bien inglés y le encanta charlar, a la vez que da buenos consejos sobre la comida y el vino. Entre ambos, hacen de esta restaurante un lugar entrañable, donde te sientes de tratado, de verdad, como una persona especial y que se merece lo mejor.
La comida es por supuesto excelente. Entre los primeros, sobresalen los caracoles con setas “shiitake” y salsa de crema, que son verdaderamente espectaculares. Con esta magnífica salsa, se agradece mucho que te sirven pan y te siguen reponiendo pan sin que lo pidas, lo que es raro en Japón. La ensalada de espinacas y bacon es también deliciosa en su sencillez. Hacen también el mejor arroz frito con ajo que he probado nunca; lo llaman “garlic rice” y de acuerdo a la costumbre japonesa, se toma al final de la comida. En los platos principales, destaca para mi gusto el “steak” de carne de Kobe a la parrilla, que sirven con verduras salteadas. Otros segundos recomendables son el “foie” salteado o las vieiras en salsa de crema y vino blanco. Los postres no son la especialidad de la casa, pero siempre tienen buenos quesos franceses, y a veces tienen un “chiffon cake” excelente (bizcocho extraordinariamente esponjoso).
Tienen 8 ó 10 referencias de vino en varias categorías de precio. Siempre tienen buenos tintos, preferentemente americanos, franceses y españoles, y muy buenos vinos de postre. Por supuesto muy buen sake, y uno de los mejores cafés express que se pueden tomar en Kobe.
Una vez que pase toda esta desgraciada situación, espero que se os ocurra visitar Japón, y si pasáis por Kobe, no dejéis de ir a Papas. La satisfacción está asegurada.
Epi

ULM: La terraza del Bar Socorro. Poli´s Bar. Segovia


Plaza del Socorro, 10

Segovia

Tengo una amiga, donde trabajo, que más ó menos , un viernes al mes, se va a Astorga. Para que no se muera por el camino desfallecida, hemos decidido tomarnos una caña con pincho antes del viaje. El lugar elegido es el Bar del Arco del Socorro, en la judería. No sé ni si se llama así, pero como está en este lugar del pequeño mundo segoviano, lo llamaremos así. El día menos afortunado, nos tenemos que conformar con una caña maravillosa y un ESPLENDIDO huevo frito de pincho (está para chuparte los dedos). Pero el día que tenemos suerte, Cesar, un cliente habitual , ha ido al mercado a comprar lo que más le apetezca en ese momento para luego prepararlo el mismo y comerselo en el bar. Ese día, si llegamos a tomar nuestro pincho favorito, nos encontramos por ejemplo con unas patatas con cocochas de bacalao que quitan el sentido, un chicharro al horno y unas fresas con yogurt que junto a la caña perfecta, la terraza en un lugar inigualable al lado de la muralla, junto al Arco del Socorro y el sol primaveral hacen de este sitio y del rato que allí pasamos UN LUGAR en el mundo dificil de olvidar.
Mercedes

ULM: Trattoria da Cicciotto


Calata Ponticello a Marechiaro, 32.
Cuando pisé Cicciotto por primera vez supe que algún día formaría parte de ULM en Viernes. De hecho, recuerdo que Antonio se rió de mí porque desde ése primer momento pedí información del lugar, como si fuera una crítico gastronómica. La verdad es que debí representar bien el papel, porque tambíén recuerdo al dueño desviviéndose en darme información y mostrándome fotos de Canavaro allí o sms en los que le decía lo mucho que echaba de menos su comida...
Es inevitable que los lugares nos retrotraigan a situaciones o recuerdos vividos, a mí Cicciotto me lleva a un momento de mi vida del que jamás me hubiera gustado salir. No creáis no ha pasado tanto tiempo, sólo han pasado cosas.
Pero Cicciotto sigue allí y es muy recomendable. Situarse es fácil de imaginar: en la Bahía de Nápoles en la costa de Marechiaro, con el Vesubio hibernando al fondo como un guardián que mira de reojo.Una noche como ese mar de clara, con una vela como única iluminación de la mesa de una taberna a pie de playa. Bueno en realidad no hay tanta intimidad, porque como en casi todas las esquinas de la ciudad y, en este caso ejerciendo de carabina iluminada, hay un altarcillo con una Virgencita típica napolitana que vigila en silencio.
La escena, que por sí sola es suficiente para recomendarla se completa con uno de los menús más exquisitos que jamás he probado: el marisco privilegiado y la pasta, cómo no, una obligación, pero lo que realmente destaca es su pescado crudo, ¡delicioso!!. Sólo nos faltaron nuestros compañeros de viaje, pero ellos estaban velando por su tesoro más preciado de rizos rubios y sonrisa interminable, seguramente algún día podamos reemprender nuestros viajes y os narremos juntos algún lugar en el mundo, aunque ahora sean comidas sanas en vez de escenas folclóricas.
Ana Vico

ULM: Passo Rolle. Trentino Alto. Adige. Italia

Hay muchos lugares de mi corazón en el mundo. El primero que se me ocurre (que, como regla general, es el más importante) no es un restaurante, ni un hotel, ni un rincón. Es Passo Rolle. Una “terraza“ que da a las “Pale di San Martino”, patrimonio de la humanidad. Ahí, la majestuosidad de la naturaleza y su fuerza son dueñas absolutas. Voy cada año desde pequeña y cada vez quedo más impresionada por ese sentido de belleza que se apodera sin remedio de mí, como si fuera la primera vez. Es un paisaje deslumbrante y conmovedor, tanto en invierno como en verano. Hasta el aire sabe a algo que no sé describir. Huele fenomenal aunque en realidad no huela a nada, tal es su pureza. El amanecer y la puesta del sol son manifestaciones casi divinas. Cuando amanece, en un primer momento los rayos del sol aparecen tímidos entre las hendiduras y a medida que el sol se levanta es una explosión de luz y colores irreprimible. Cuando llega la hora de la puesta de sol, la roca se pinta de rosa de manera tal que los picos parecen un jardín de rosas (en alemán se le llama “Rosengarten”). En verano los árboles y el cesped alrededor desprenden un color verde que parece pintado y que no se podría imaginar más apaciguante. En invierno el brillo de la nieve que envuelve todo silenciosa y elegante parece una extensión de diamantes. Cada invierno, cuando sueño con vacaciones diferentes y pienso en mares calientes, palmas y nueces de coco, esos sueños se desvanecen en un santiamén en cuanto llego a Passo Rolle y disfruto la contemplación de esa auténtica magia. Todos los años, ahí, enfrente de las Montañas (con M mayúscula), sonrío, las abrazo virtualmente y pienso que jamás podría renunciar a semejante espectáculo. Es el hechizo de Passo Rolle, que no conoce remedio.
Sara, tridentina de nacimiento y corazòn, romana de adopciòn".

ULM: El Aperitoche. Cafe-Bar Concierto, Las Rozas. Madrid

Calle de la Comunidad de Madrid 35 (edificio Burgosol) Las Rozas. Madrid.
Desde que empecé a salir de copas, en las distintas ciudades donde he vivido, siempre he tenido “mi bar”. Un sitio en el que pasar la noche, con los amigos hasta el cierre y para la penúltima cualquier otro sitio. Todos han sido para mi “ULM”....y hoy os quiero hablar de uno de ellos.
Alli, Pedro y su banda amenizan las noches de los jueves, viernes y sabados (y algunos miercoles) con canciones de todo genero, desde rancheras hasta Extremoduro.
¿Y qué hace especial el sitio?, ¿será por la banda? no… ¿porque Pedro canta bien? Ejem, me temo que tampoco. Por la decoración del bar, puedo garantizar que no. ¿Entonces? Pues como todos los sitios con magia es difícil de explicar. Hay gente de todo tipo, desde el ejecutivo con su traje y corbata hasta el macarra de 20 y allí todos cantando al unísono sus recuerdos: “Sufre mamón”, “ Gavilán o Paloma”, “ La chica de ayer”, “ El toro enamorado de la luna”… Pedro busca en nuestra memoria colectiva y eso es lo que él domina, que la gente se divierta. Nos deja saborear un trocito de recuerdo, del ramito de violetas, cien gaviotas, mediterráneo y no permite que la marcha decaiga. A veces, si tienes buena voz, te dejan cantar con ellos. Y, no nos vamos a engañar, ¡eso me encanta!.
No se puede explicar. Pero vete un día y tómate dos copas. Te quedarás. No conozco a nadie que haya ido y no haya disfrutado.
Nos vemos alli...
Maria B


ULM: Museo Chicote

El pasado miércoles 27 de octubre tuvimos la fortuna de ser invitados a la degustación del menú Máxime, una propuesta del Museo Chicote en su nueva andadura en la escena del catering. No hay duda de que sólo atravesar esa puerta giratoria es ya toda una experiencia: nos cuesta creer que estemos dando los mismos pasos que un día dieran Frank Sinatra o Cary Grant, que podamos sentarnos en los sofás de piel circulares en los que un día sostuvieron su copa Grace y Rainiero de Mónaco, o que nuestras gabardinas reposen en los mismos soportes de metal cromado donde un día lo hicieran los visones de Ava Gardner o Sofía Loren.
Seguramente todos tenemos la sensación, incluso si nunca hemos estado dentro, de haberlo visitado. Todos conocemos la historia de este lugar mítico regentado por un hombre que se hizo a sí mismo, que comenzó a trabajar a los once años en el Mercado de los Mostenses ayudando a su madre a preparar y vender horchata, fue ayudante de barman del Hotel Ritz y trabajó en otra famosa coctelería madrileña, Cock, muy cerca de su emblemático local; todos sabemos que era hincha del Real Madrid, que inventó varios cócteles y que es el protagonista de numerosas anécdotas, a medias con su reluciente clientela. Pero nos ha sorprendido descubrir que, además de escribir varios libros, redactó un decálogo del barman que os recomendamos consultar (punto décimo, sobre su cliente, “no envidiar su posición ni bienestar”). Tampoco debemos olvidar, porque le honra, que tuvo momentos bajos: la Guerra Civil, tras la época dorada que siguió a su fundación en 1931, o la muerte de su fundador en 1977, que le hizo caer en un período de olvido del que saldría por sus propios fueros como local de culto en la etapa de la Movida Madrileña hasta recuperar en 2001 su antiguo esplendor nacional e internacional. Sin duda, quien mejor lo ha definido es Pedro Serrano, su jefe de RR.PP., diciendo que es “un cóctel en sí mismo”. Un cóctel de presente y pasado, de glamour y sencillez, de fantasía y realidad.
Esto nos da el pulso de la personalidad no sólo del local, también del mito. Pero Chicote no es sólo eso: Tomás Gutiérrez, su actual propietario, nos explicó la razón de ser del acontecimiento con pocas palabras en su breve discurso de presentación: en época de crisis, toda empresa busca nuevas fórmulas, nuevas salidas.
Y esta será una salida en toda regla, porque el Museo Chicote, conocido mundialmente por sus bebidas, se embarca en el catering. Saldrá del famoso lounge de Gran Vía y llegará hasta nosotros… Y le auguramos que lo hará con muy buen pie: una selección basada en la “calidad del producto, la tradición y guiños a la cocina vanguardista” (Javier Vázquez, responsable de Chicote Catering) magníficamente servido, atendido y presentado, que incluía bombón de foie con peta zeta de chocolate, rissoto de boletus, cazuelitas de pisto, queso manchego, piruletas de salmón con polvo de pistacho o pulpo a feira, para terminar con un gintonic ¡¡¡servido en un tubo!!! Qué podemos decir: el socorrido “festín para los sentidos” se queda corto, aunque fuera eso en realidad, elevado al menos a la quinta potencia: entorno mítico, sorprendente gastronomía, buenos vinos, excelente servicio y atención, y un exitazo de convocatoria (en torno a 150 personas) que se debió a su jefe de prensa, Manuel Díaz, al que agradecemos la invitación.
Deseamos todo el éxito del mundo al Museo Chicote en esta su nueva andadura Chicote Catering.
Amelia Perez Villar