Me voy de Angola. Si tuviera que definir con una palabra este país, no lo dudaría: confusão. Hace 33 años, Kapuscinski llegó a la misma conclusión. Nunca se han expresado tantas sensaciones en un solo término. Confusão no tiene traducción. Ni siquiera en portugués. Sólo en Angola adquiere sentido. Ningún antropólogo puede prescindir de su análisis porque define perfectamente la idiosincrasia de este pueblo. Para algunos se trata de un término peyorativo. Ni mucho menos. Es una palabra bella, melódica, divertida. Y con un punto de ironía.
Según Kapuscinski, confusão quiere decir “desbarajuste, caos y anarquía”. Sí, pero a la angoleña. Los occidentales buscamos desaforadamente el orden. Nuestra paz sólo se consigue en el equilibrio. En Angola, por el contrario, vivir tiene una intensidad diferente, porque la felicidad se alcanza con el desorden. Los angoleños naufragan en la rutina. En el caos se sienten relajados y cómodos.
La confusão la crean personas que acaban convirtiéndose en sus víctimas. Nadie es capaz de controlarla. La confusão siempre genera más confusao. Sus efectos son hipnóticos y uno se siente irremediablemente atraído a formar parte de ella. A veces te supera y tratas de luchar contra la impotencia, pero no puedes escaparte. Y si te lo propones, peor. Entonces crearás más confusão.
Estoy de acuerdo con Kapuscinki cuando señala que la confusão encierra cierto fatalismo. Indefectiblemente, cualquier cosa que hagas conducirá a engrosar la confusão. Es una fuerza sobrenatural. Me recuerda a las películas de los Hermanos Marx: una especie de camarote perpetuo, un cúmulo de despropósitos que se enredan en una secuencia indefinidamente surrealista.
La confusão afecta a individuos y a multitudes. Al principio tiene efectos paralizantes. Pierdes reflejos y no sabes como reaccionar. El sentido común se convierte en el menos común de los sentidos. Tiendes a buscar explicaciones en forma de circunloquio, la gente te mira con compasión, nadie entiende nada.
Mucho más divertido resulta cuando la confusão se ensaña con una multitud. Los “líderes” son incapaces de explicar lo que ocurre. Todos se dejan poseer por el arrullo de la confusão, incluyendo a aquellos que la han provocado. Involuntariamente todos se ven involucrados, pero participan con fervor. La desorientación se adueña de la situación. La salida es harto complicada.
Lo peor es cuando te conviertes en responsable de la confusão en contra de tu propia voluntad. NO puedes sustraerte a su poder narcótico. Estás pillado.
Antonio Casado Rigalt
Según Kapuscinski, confusão quiere decir “desbarajuste, caos y anarquía”. Sí, pero a la angoleña. Los occidentales buscamos desaforadamente el orden. Nuestra paz sólo se consigue en el equilibrio. En Angola, por el contrario, vivir tiene una intensidad diferente, porque la felicidad se alcanza con el desorden. Los angoleños naufragan en la rutina. En el caos se sienten relajados y cómodos.
La confusão la crean personas que acaban convirtiéndose en sus víctimas. Nadie es capaz de controlarla. La confusão siempre genera más confusao. Sus efectos son hipnóticos y uno se siente irremediablemente atraído a formar parte de ella. A veces te supera y tratas de luchar contra la impotencia, pero no puedes escaparte. Y si te lo propones, peor. Entonces crearás más confusão.
Estoy de acuerdo con Kapuscinki cuando señala que la confusão encierra cierto fatalismo. Indefectiblemente, cualquier cosa que hagas conducirá a engrosar la confusão. Es una fuerza sobrenatural. Me recuerda a las películas de los Hermanos Marx: una especie de camarote perpetuo, un cúmulo de despropósitos que se enredan en una secuencia indefinidamente surrealista.
La confusão afecta a individuos y a multitudes. Al principio tiene efectos paralizantes. Pierdes reflejos y no sabes como reaccionar. El sentido común se convierte en el menos común de los sentidos. Tiendes a buscar explicaciones en forma de circunloquio, la gente te mira con compasión, nadie entiende nada.
Mucho más divertido resulta cuando la confusão se ensaña con una multitud. Los “líderes” son incapaces de explicar lo que ocurre. Todos se dejan poseer por el arrullo de la confusão, incluyendo a aquellos que la han provocado. Involuntariamente todos se ven involucrados, pero participan con fervor. La desorientación se adueña de la situación. La salida es harto complicada.
Lo peor es cuando te conviertes en responsable de la confusão en contra de tu propia voluntad. NO puedes sustraerte a su poder narcótico. Estás pillado.
Antonio Casado Rigalt