Hasta el 25 de abril
Es verdad que hemos recorrido mucho mundo y que hemos visto muchos museos (esto no es pretencioso, es que nuestra época nos da muchas posibilidades). Es verdad que cuando vemos una antológica nos reconciliamos con pintores que creíamos no tan cercanos. Pero no es tan habitual descubrir un nuevo pintor. Un nuevo-viejo pintor. Porque Segantini, que vivió en la época de los impresionistas, era para mí un absoluto desconocido, hasta que lo descubrí hace unos días en la siempre disfrutada Fundación Beyeler. Y sin embargo, su pintura tiene el color de Sorolla y la religiosidad de Millet. Las pinceladas de Monet y el realismo de López. Aunque lo que pinte sean los paisajes de su Suiza –no sé cómo no lo explotaron los publicistas de Milka-. Así que cuando paseas entre sus pinturas tienes una extraña sensación entre lo familiar y lo recién descubierto. Un descubrimiento que necesitas compartir.
Es verdad que hemos recorrido mucho mundo y que hemos visto muchos museos (esto no es pretencioso, es que nuestra época nos da muchas posibilidades). Es verdad que cuando vemos una antológica nos reconciliamos con pintores que creíamos no tan cercanos. Pero no es tan habitual descubrir un nuevo pintor. Un nuevo-viejo pintor. Porque Segantini, que vivió en la época de los impresionistas, era para mí un absoluto desconocido, hasta que lo descubrí hace unos días en la siempre disfrutada Fundación Beyeler. Y sin embargo, su pintura tiene el color de Sorolla y la religiosidad de Millet. Las pinceladas de Monet y el realismo de López. Aunque lo que pinte sean los paisajes de su Suiza –no sé cómo no lo explotaron los publicistas de Milka-. Así que cuando paseas entre sus pinturas tienes una extraña sensación entre lo familiar y lo recién descubierto. Un descubrimiento que necesitas compartir.
Ana Ruiz




