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ULM: Papas. Kobe

Mikagehonmachi
Higashinada-ku
Kobe, Japón
078-821-3564
http://www.kcc.zaq.ne.jp/
Mi restaurante favorito en Japón.
En estos días que parece que sólo oímos hablar de desgracias en Japón, puede parecer insensible que yo escriba sobre las delicias de un restaurante. Sin embargo, creo que precisamente es el momento de recordar que Japón es un país maravilloso y que estoy seguro que se recuperará de la desgracia con eficacia y dignidad.
En cualquier caso, de lo que os quiero hablar es de un atípico restaurante japonés que se convirtió en mi sitio favorito durante los 4 años que viví en Kobe y en el que he tenido la suerte de cenar en mi última visita allí. Los restaurantes en Japón tienden a ser “de género”, es decir, que tienen una especialidad y se desvían poco de la norma. Hay por tanto restaurantes de tempura, sushi-bars, teppanyakis (parrillas), isakayas (tabernas de comida tradicional) o por otra parte restaurantes italianos, franceses, etc. Papas es un restaurante especial, porque al contrario que la mayoría, mezcla sin complejos la cocina japonesa y la francesa.
Es un lugar pequeño, con una barra que puede acomodar a 18 ó 20 personas, y un reservado con una mesa para unos 6 comensales. En la barra tienes la sensación de estar comiendo en casa de unos amigos. A pesar de la cercanía de la barra y la cocina, como no podía ser de otra manera en Japón, no te llega ningún humo ni olores. El chef-propietario se encarga personalmente de la pequeña cocina, con dos ayudantes y un joven maitre-camarero-somelier se encarga de la clientela. El propietario es poco sociable y solo te sonríe timidamente cuando llegas o te marchas. Nunca le he visto hablar con ningún cliente. Por el contrario, el maitre, cuyo nombre no recuerdo ahora, es un hombre encantador, habla bien inglés y le encanta charlar, a la vez que da buenos consejos sobre la comida y el vino. Entre ambos, hacen de esta restaurante un lugar entrañable, donde te sientes de tratado, de verdad, como una persona especial y que se merece lo mejor.
La comida es por supuesto excelente. Entre los primeros, sobresalen los caracoles con setas “shiitake” y salsa de crema, que son verdaderamente espectaculares. Con esta magnífica salsa, se agradece mucho que te sirven pan y te siguen reponiendo pan sin que lo pidas, lo que es raro en Japón. La ensalada de espinacas y bacon es también deliciosa en su sencillez. Hacen también el mejor arroz frito con ajo que he probado nunca; lo llaman “garlic rice” y de acuerdo a la costumbre japonesa, se toma al final de la comida. En los platos principales, destaca para mi gusto el “steak” de carne de Kobe a la parrilla, que sirven con verduras salteadas. Otros segundos recomendables son el “foie” salteado o las vieiras en salsa de crema y vino blanco. Los postres no son la especialidad de la casa, pero siempre tienen buenos quesos franceses, y a veces tienen un “chiffon cake” excelente (bizcocho extraordinariamente esponjoso).
Tienen 8 ó 10 referencias de vino en varias categorías de precio. Siempre tienen buenos tintos, preferentemente americanos, franceses y españoles, y muy buenos vinos de postre. Por supuesto muy buen sake, y uno de los mejores cafés express que se pueden tomar en Kobe.
Una vez que pase toda esta desgraciada situación, espero que se os ocurra visitar Japón, y si pasáis por Kobe, no dejéis de ir a Papas. La satisfacción está asegurada.
Epi

Speaker´s corner: El terremoto de Japón



Me alegro de que Viernes me preste la oportunidad, a traves de este speaker´s corner, de compartir con vosotros mis sentimientos en relación con el reciente terremoto-tsunami-accidente nuclear en la zona de Miyagi/Fukushima al norte de Japón. La verdad lo que he sentido estos días ha sido una mezcla de tristeza por la tragedia, orgullo por la reacción de los japoneses e indignación por la reacción en occidente, sobre todo en los medios. Dejadme empezar diciendo que he vivido durante 4 años en Japón, en concreto en Kobe, bastante lejos de la zona afectada por el terremoto. Mis años en Japón fueron muy felices, por lo que tengo un recuerdo muy bueno del país, y un enorme respeto por los japoneses. Hace dos años que ya no vivo allí, pero casualmente, me encontraba allí de nuevo por un viaje de trabajo el día del terremoto. Yo estaba en Kobe, en donde sentimos el terremoto claramente, pero sin ningún daño ni alteración de la normalidad en ningún sentido. Poco después empezamos a conocer primero a través de internet y después de la televisión, la magnitud de la tragedia en Sendai y los alrededores. Poco después hablé con amigos y compañeros de trabajo que se encontraban en Tokio. Todos ellos me contaron que los edificios habían temblado de forma muy violenta y durante más de un minuto, lo que les pareció una eternidad. Sin embargo, en donde ellos se encontraban, no hubo ni cristales rotos ni lámparas caídas, y de hecho todo el mundo en su entorno continuó trabajando con bastante normalidad. Esa tarde/noche en Tokio fue un poco complicada, porque el transporte público se cerró, para detectar posibles averías y evitar accidentes en caso de réplicas, por lo que millones de tokiotas tuvieron que volver andando a sus casas. Mis amigos tuvieron que dormir en la oficina porque planeaban volver a Kobe en tren esa misma noche y no encontraron ninguna habitación disponible. Lo que todos ellos me cuentan, tanto los japoneses, como los occidentales, es que esa noche en Tokio se caracterizó por la tristeza por la tragedia, pero sobre todos por la serenidad, el respeto y la ayuda mutua. Nada parecido al pánico y caos que los medios occidentales estaban transmitiendo al resto del mundo. El sábado, todo Japón desde Tokio hacia el sur recuperó la normalidad. Mis amigos de Kobe regresaron a sus casas en tren o en avión sin ningún contratiempo. El Shinkansen, el tren bala japonés que se mueve a más de 300 km/hora, la arteria que comunica Tokio con Osaka y el sur, volvía a funcionar. El domingo día 13 llegué a Tokio, en donde tomé el avión con rumbo a América el lunes. En el día que pasé en Tokio, y en mi paso por el aeropuerto de Narita, de nuevo lo que percibí fue normalidad absoluta y tranquilidad. Llevo hablando mucho de normalidad, cuando quizá no lo fuera tanto. Sin duda "la procesión iba por dentro" de todos, sobre todo los japoneses, al conocerse que cientos y luego miles de personas habían muerto en las prefecturas de Miyagi, Iwate y Fukushima. Sin embargo la sensación de serenidad, dignidad y entereza ante el desastre era lo que me transmitían todos con los que me cruzaba, e incluso los políticos que aparecían por televisión. La verdad es que sentí indignación cuando ví en las televisiones y periódicos occidentales que la historia se presentaba como si hubiera pánico y caos generalizado. "Apocalipsis" he llegado e leer en algún periódico. Cuando yo me marché de allí, el problema de la central de Fukushima todavía se conocía poco. Sin embargo, lo que leo en los periódicos americanos y españoles, no concuerda con lo que me cuentan mis amigos en Tokio. De nuevo apocalipsis frente a serena preocupación. Aunque no lo he vivido directamente, me parece que el problema nuclear también se ha exagerado enormemente. Supongo que que a todos en occidente, empezando por los políticos, seguidos por los medios e incluso los ciudadanos de a pie, nos viene muy bien pensar en las desgracias de los otros para hacer olvidar nuestros propios problemas. Espero que con la perspectiva del tiempo, lleguemos a entender la lección que el pueblo japonés y Japón como país están dando al resto del mundo. Lección que empieza en la preparación de los edificios de Tokio contra terremotos y va hasta la impresionante serenidad y colaboración pública en medio de una catástrofe monumental.

Epi

Despedidas (Okuribito)

Año 2009
Director: Yojiro Takita
Encuentro muchísimas y originales razones para recomendar esta película que me encantó.
La primera es que es Japonesa y ganó el Óscar a la mejor película extranjera este año, y los críticos americanos la ponen por las nubes, y la encuentran fascinante, y eso la hace carne de remake hollywoodiense, y no me quiero ni imaginar a Tom Cruise haciendo de enterrador... Por favor, ¡Vedla antes de que lo hagan!
La segunda es que es de esas películas en que pasas sin darte cuenta de la risa a la pena en un segundo, y se te pasan volando y al final sales del cine con una sonrisa.
La tercera, y mas exótica razón, es que el director, Yojiro Takita, se dedicaba antes al cine porno y en su filmografía hay títulos como "Violación sucesiva" o "Inspeccionando tu ropa interior". Y resulta bastante irónico ver como en esta película se dedica a desnudar cadáveres, y lo hace con un nivel de sutileza, delicadeza y sensibilidad exquisitas.
Aunque quizás, también, el director ha encontrado aquí su segunda oportunidad.
Porque de eso trata la película, de segundas oportunidades.
El protagonista es un joven músico, Daigo Kobayashi (Masahiro Motoki), que regresa con su devota esposa a la pequeña ciudad donde nació, tras ser despedido de la orquesta en la que trabajaba en Tokio, como violonchelista.
Buscando trabajo encuentra un anuncio en el periódico que le lleva a trabajar como amortajador, una profesión muy mal vista en Japón, donde tradicionalmente se consideran impuros los oficios relacionados con la muerte.
Así es que ante la despectiva y horrorizada mirada de su mujer y sus vecinos, Kobayashi se levantará en mitad de la noche para recoger cadáveres e irá aprendiendo los exquisitos rituales de amortajamiento japoneses. Y nos obligará a contemplar el detalle, la delicadeza y la dulzura con la que sus manos de músico, que antes acariciaban un violonchelo, envuelven, visten y desvisten, maquillan y perfuman los cuerpos de los muertos delante de sus familias.
Y en torno a este eje central de cadáveres, funerales y extraños olores, el director construye todo un recital de temas relacionados con la amistad, la pareja, las relaciones familiares y laborales y las dificultades para construir la armonía alrededor de uno mismo.
Pero al final, este drama, se vuelve comedia muchos ratos gracias a algunos toques de humor negro geniales. Y nos muestra un lado amable de la muerte que acaba convirtiendo la historia en un canto a la vida, en un equilibrio perfecto.
Por favor, no os la perdáis.
María Luisa Diez






Cuaderno de Bitacora: Dormir en una cápsula

Este verano estuve 18 días en Japón; la mayor parte del tiempo fuimos un grupo de 10 amigos. El primer día llegué yo sola a Tokio y dormí en un hotel cápsula. 12 días más tarde repetí experiencia, esta vez compartida con el resto de amigos.
Y después de haber oído tantas críticas negativas o comentarios de emoción frikie al respecto, me apetece comentar los aspectos positivos de este tipo de hotel, más allá de su extravagante “encanto”.
En primer lugar, el espacio de las cápsulas difiere del imaginado, alejándose mucho del tamaño de un “nicho”. Estando sentada un 20-25cm sobran hasta el techo y de ancho cabrían 2 personas tumbadas. Cada cápsula dispone de tv, radio, despertador, luz general y luz de lectura, y repisa. Teniendo en cuenta el tiempo que haciendo turismo paso en el hotel, además de usar los baños y el rato en la cama antes de dormir, poco más hago pero aún así el resto de actividades que podrían hacerse en una habitación de hotel pueden hacerse en zonas comunes, muy cuidadas y cómodas (salones con sillones, sala de tocadores, baños, terraza, ordenadores con Internet...).
En cuanto a los baños, por ser típicamente de uso nacional, disponen de sen-to (baño japonés) que en cualquier otro hotel japonés también son de uso compartido, no suponiendo una desventaja frente a hoteles convencionales a menos que quieran usarse duchas occidentales, que no era mi caso.
Como decía, estos hoteles suelen ser usados por japoneses, normalmente gente de negocios que tras el trabajo pasan un tiempo en bares antes de dormir, por lo que además de ser económicos, suelen estar localizados en zonas céntricas, en los barrios más populares, de moda y de ocio, muy adecuado para los pocos turistas que allí nos alojamos. De este modo la experiencia resulta aún más genuina por compartir espacios con japoneses en su vida diaria y muy cómoda por la educación y consideración de éstos, ya que son muy respetuosos y silenciosos. En el caso de viajar sola resultan muy adecuados, especialmente por su seguridad.
Y por último, como dato absolutamente subjetivo, después de 12 días con otras 9 personas, es muy de agradecer tener un espacio individual propio para desconectar.
Laura

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo


Editorial Tusquets. Barcelona 2001.
Haruki Murakami.

Haruki Murakami es uno de los novelistas vivos más reconocidos en Japón, antiguo dueño de un club de Jazz se pasó a la escritura hacia los años 70. Ha vivido en Europa y América, asi que su forma de escribir es capáz de conmover tanto a los lectores orientales como occidentales. Me ha resultado complicado escoger un libro para intentar "engancharos" a este escritor que se ha convertido en uno de mis favoritos, asi que he optado por elegir éste que es el último que he leido. Si como yo os enamorais de sus libros, probad con "Tokio blues"; "Norwengian wood"; "Sputnik, mon amour"; "Al sur de la frontera, al oeste del sol" o "Kafka en la orilla".
"Cronica del pájaro que da cuerda al mundo" es desde luego catalogable como "extraño". Me gustaria que os dejarais llevar al leerlo por la magia fascinante que despliega Murakami al describir dentro de un ambiente onírico las situaciones más excéntricas como si fueran las más cotidianas.
El libro comienza en el momento en que Tooru Okada, el joven protagonista que ha abandonado su trabajo recientemente en un bufete de abogados, ve como su vida aparentemente normal se transforma en un conjunto de situaciones irreales. La llamada de una mujer anónima, la desaparición de su mujer, manchas faciales con propiedades curativas, violaciones mentales, prostitutas oníricas y un sinfin de historias entrelazadas de personajes que merecerían ser los protagonistas del libro tanto como lo es el propio Okada hacen de la novela un entretenidísimo libro con una gran carga simbólica y psicológica.
Diana

La casa de las Bellas Durmientes

Yasunari Kawabata. Barcelona, Caralt, 2004. 155 pp.

Dice el autor de esta novela que algunas veces en la vida tenemos la sensación de haber asistido a un encuentro exclusivo con la belleza, y que la literatura no hace sino registrar tales encuentros...
Este libro narra la historia de una extraña y exclusiva posada situada en las afueras de Kioto, a donde acuden asiduamente hombres ancianos para disfrutar de la compañía de jóvenes vírgenes que permanecen a su lado durante toda una noche, desnudas y narcotizadas. El reglamento de la casa es implacable: los viejos no pueden tener relaciones sexuales con las jóvenes. A cambio los clientes sueñan y recuerdan las experiencias amorosas y sexuales de su vida y evaden el temor de tener que mostrar sus cuerpos decadentes. Es la historia de Eguchi, un viejo de 67 años.
Gabriel García Márquez, confesó que era la novela ideal que él hubiera querido escribir.
El escritor Yukio Mishima, definió esta novela como una "obra maestra de perfección formal".
La obras de Yasunari Kawabata (1899-1972), el primer japonés que ganó el Premio Nobel, unen la delicadeza con el vigor, y sugieren con exquisita elegancia una reflexión sobre lo más bajo de la naturaleza humana.
Es un libro conmovedor y triste, una mezcla de poesía, miedo, soledad, deseo, belleza y nostalgia, para describir un ritual lujurioso, prohibido y estremecedor, que transgrede las leyes morales en un intento desesperado de derrotar la decadencia que provoca el paso del tiempo, de derrotar a la muerte.
Es un libro sorprendente, inesperado, esotérico y absolutamente precioso.
Imprescindible.
Mª Luisa

Speaker´s Corner: Shodo

Estoy aprendiendo a escribir.
He iniciado el camino de la escritura.
Así llaman los japoneses a esto: SHO-DO (El sufijo DO en japonés significa camino o sendero, como en JuDO, KenDO y otras artes).
Japón adoptó la forma de escritura china en la que cada palabra es un ideograma (kanji), de forma que al escribir una palabra la están dibujando a la vez, y al leerla están “viendo” su significado.
Así es que esta actividad cotidiana, aprender a escribir, se acaba convirtiendo en un arte que requiere tanto la implicación del que escribe, como si el pincel fuera la prolongación de uno mismo, y el trazo, que debe de ser continuo y sin correcciones, reflejara el estado de ánimo del que escribe, sus emociones íntimas, su personalidad, su espíritu…
En fin, un arte que no solo persigue una finalidad estética sino la expresión de una emoción íntima…
Yo empecé con esto hace 2 años y sigo sin entender una sola palabra, soy capaz de explicarlo, sí, pero ver, lo que se dice ver, yo nunca veo nada.
Mi profesora insiste en hablarme del significado de lo que escribo, de la importancia de cada trazo, de la importancia del color de la tinta, que se consigue añadiendo más o menos agua, de la importancia del tipo de papel, más áspero o suave, de la importancia del silencio o de mi estado de ánimo… y yo sigo gastando más y más papel, más y más tinta, más y más energía repitiendo el mismo kanji una y otra vez…
Y ella: que si a esto le falta sentimiento, o le sobra, o este me parece aburrido o tiene demasiado “baile”, o que por qué has cambiado de estilo de repente...
Hasta que un día, por fin… lo ve…lo entiende y me dice ¡Lo hiciste!
Yo noto que le está gustando por la forma como respira mientras lo mira, como si le faltara el aire y recuperara el aliento al acabar el último trazo…
Y yo sigo sin entender nada de nada, ni por qué tantos de mis kanjis acaban en la basura y sólo unos pocos son dignos de ser enmarcados y contemplados…
Así llevo una “paz”, una “flor”, un “camino”, un “sueño”, una “energía”, un “volar”… un “nada” que significa todo… Varios de ellos orgullosamente expuestos en casa de mis amigos.
En mi última clase empecé un nuevo proyecto: kokoro, que significa corazón, mente...
Mi "sensei" lo dice así de fácil, como si yo tuviera que entender que corazón y mente son la misma cosa... y no profundizo en esta patada a la filosofía occidental…porque, total, puestos a no entender….
Ella me enseñó como escribirlo y me mandó a practicar…
Yo normalmente tardo 5 ó 6 días de clase en hacerlo como a ella le gusta, hasta que la oigo respirar de esa manera….
Así es que cuando esta vez le enseñé mis 3 primeros "borradores" y oí ¡Lo hiciste! casi me muero... ella se emocionó con lo rápido que capté el sentido, el significado, el espíritu...
Y... ¿Sabes qué? estoy de acuerdo... por primera vez desde que hago shodo lo vi.
En este kanji yo veo el corazón, lo veo, veo los ventrículos, las aurículas, la arteria aorta, la vena cava, veo la sangre fluir...
Se lo conté a ella y no entendió nada...
En fin...a ver que veis.
Me pareció una perla cultural, así es que lo quiero compartir con vosotros.
Ella se llama Noriko.
Mª Luisa Diez

Japón

Japón no fue nunca uno de mis posibles destinos de vacaciones: demasiado caro, demasiado lejos, poca playa, en fin, muy poco exótico para mi gusto...
Ya llevo 3 años viviendo aquí, y tenía razón, esto es caro y está lejos, y la lengua es imposible de aprender.
Pero visité opulentos templos budistas y sencillos santuarios sintoístas. Ascendí montañas sagradas. Paseé por jardines para pasear y contemplé jardines para contemplar, jardines verdes, jardines de piedra, jardines de musgo... Aprendí caligrafía japonesa y me pasé mañanas colocando 3 flores y 2 ramas de la forma mas armoniosa posible. Comprendí la naturaleza frágil y pasajera de la vida en una casa de te, y visité talleres de cerámica donde entendí la belleza de las cosas imperfectas, simples, naturales... Vi iglesias de cemento donde me contaron que el vacío es equivalente al infinito y viceversa...
Y por fin, un día vi a los japoneses... y vi como se tomaban la sopa...
" ...desde que destapas un cuenco de laca hasta que te lo llevas a la boca, experimentas el placer de contemplar en sus profundidades oscuras un líquido cuyo color apenas se distingue del color del continente y que se estanca, silencioso, en el fondo. Imposible discernir la naturaleza de lo que hay en las tinieblas del cuenco, pero tu mano percibe una lenta oscilación fluida, una ligera exudación que cubre los bordes del cuenco y que dice que hay un vapor, y el perfume que exhala dicho vapor ofrece un sutil anticipo del sabor del líquido antes de que se llene la boca. ¡Qué placer ese instante! ... es un placer de naturaleza mística, es un placer con un ligero sabor zen..." (El elogio de la sombra. J. Tanizaki, 1933)
Pues esto, todos los días...
En Japón, lo cotidiano se convierte en una experiencia espiritual y estética... mejor vivirlo.
María Luisa Diez