Florencio Maíllo, artista mogarreño colgó en las paredes y
calles de su pueblo un instante de 1967, reproduciendo y exponiendo el legado
de Alejandro Martín, cuando este retrató el rostro de 388 lugareños para la
foto-carnet de identidad.
La recuperación de aquel archivo gráfico, fue la base de los
retratos pintados sobre chapa, que se extendió por cuatro años y que hoy
cuelgan de las fachadas de los edificios donde vivían los retratados o que
guardan alguna relación con ellos.
Visitar Mogarraz estos días, no es solo recorrer las calles
de un precioso conjunto histórico y artístico en pleno corazón de la Sierra de
Francia al sur de la provincia de Salamanca, es también ver las caras y
expresiones de los que se quedaron en aquellos parajes en tiempos difíciles,
cuando otros elegían emigrar.
Caminar por este pueblo es escuchar el silencio, solo
interrumpido por el sonido de los propios pasos que retumban en un eco vacío;
callejones, muros, un aire de añoranza, un soplo de noviembre, de difuntos.
Un pueblo singular, aislado, que apenas sufrió cambios a lo
largo de los siglos con un empeño actual por sobrevivir, rescatando su memoria
reciente. Traviesas de madera, muros de piedra, callejones angostos, y
equilibrios imposibles, un cerdo (no un perro) caminando por la calle y desde
sus mudos pero expresivos retratos, sentimos que nos hablan de lo que fueron y
soñaron.


