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ULM: Momofuku Noodle Bar. NYC

171, 1st Ave
New York
NY 10003
Dice Frank Bruni en el NYT que cualquier cosa que acerque a mas gente a los bollitos de panceta, pepino y salsa hoisin de David Chang es un gran avance para la humanidad....
Momofuku Noodle Bar no es un bar de fideos cualquiera, es lo que pasa cuando un joven coreano-americano se gradúa en el French Culinary Institute, absorbe los principios de la cocina japonesa mientras enseña Inglés en Tokio, trabaja en algunos de los mejores restaurantes de Nueva York y al final monta un bar, si un bar con barra, taburetes de madera y mesas compartidas, en el East Village para cocinar la comida de su madre y ofrecer a sus clientes lo que a él le gusta comer.
Dicen que “ha revolucionado la cocina americana, y que sus platos son un prodigio de sutilidad, técnica, imaginación e inspiración”.
Dicen que “es un restaurante que mira hacia el futuro, ignorando las reglas y librándose de las ataduras de la tradición”. Otros dicen que "Cruces y mezclas étnicas suceden cuando distintos elementos convergen en una receta. Que Nueva York es, al fin y al cabo, un crisol de culturas. Y que ¿Por qué no puede, entonces, su gastronomía ilustrar la transformación de la diversidad en unidad?.
A mí, ya me gustaría ser capaz de decir toda esa palabrería gastronomico-filosófica en una frase.
Pero, la verdad es que cuando tomas la primera cucharada de su bol de noodles o das el primer mordisco a uno de esos bocadillos de panceta (¿Habrá un plato menos elegante?) sabes que ha merecido la pena el viaje a NYC sólo para ese momento. Y no puedes esperar al siguiente "viernes" para contarlo.
Maria Luisa

ULM: Weatherford Hotel y Charly´s Pub & Grill

23 N. Leroux St.
Flagstaff, Arizona
928-7791919
Este ULM de hoy creo que es el cuarto que escribo. Todos los anteriores han estado dedicados a restaurantes que de verdad me han encantado, tanto por su comida como por su ambiente y que considero de mis restaurantes favoritos del mundo (uno de ellos, Bistro 110 en Chicago, ha cerrado hace unos meses, reemplazado por una pizzería de medio pelo, en fin...). Hoy no puedo decir que Charly´s Pub & Grill sea uno de mis lugares preferidos para comer. Lo que puedo decir sin dudar es que es un lugar que me sorprendió muy positivamente y que recomiendo de todo corazón a todos aquellos vierners que en algún momento pasen por este lugar, un poco a trasmano, que se llama Palo de Bandera (Flagstaff). Este pueblo es un extraño lugar, a medio camino entre un pueblo del oeste y un pueblecito alpino. No es totalmente inverosímil que paseis por aquí en alguna ocasión, ya que se trata de la población más grande en las cercanías del Gran Cañón del Colorado, está a unas 2 horas en coche. Creció a partir de finales del siglo XIX alrededor de una estación de tren en la línea hacia California. Luego se convirtió en sitio de paso de turistas hacia el Cañón y más recientemente se ha reinventado como pueblo de esquí. Para más señas, Flagstaff está también en la Route 66, la mítica carretera que une Chicago con Los Angeles.
En lo que se refiere a hoteles y restaurantes, Estados Unidos, fuera de las grandes ciudades es de lo más homogéneo y poco sorprendente que uno puede encontrar. En todos sitios ves las mismas cadenas de hoteles, restaurantes, supermercados, farmacias... Después de conducir horas por carretaras interminables y encontrar en cada parada las mismas ofertas de comida rápida, es una extraordinaria sorpresa encontrar un lugar como el Hotel Weatherford. Está en el pequeño casco histórico de Flagstaff, unas pocas manzanas de casas alrededor de la estación que están muy bien conservadas. Fue fundado en 1897, (cuando Arizona no era todavía un Estado de la Unión, sino un “Territorio”, todavía no sometido a leyes) aparentemente con la intención de ser un oasis de lujo en medio del salvaje oeste. Ahora ya no es tan salvaje, pero uno sigue teniendo esa sensación de oasis cuando entra por la puerta.
El restaurante del hotel es el Charly´s Grill. Es un lugar relativamente sencillo pero con unos preciosos suelos de pino melis y magníficas chimeneas y estufas de hierro fundido. El servicio es bastante juvenil y como casi siempre en América, extraordinariamente atento y servicial. La carta no es muy diferente de las que puedes ver en los típicos restaurantes americanos pero uno tiene la sensación de que todo está preparado con más cariño. Merece la pena destacar algunas especialidades, como el Taco Navajo. Una mezcla entre taco mejicano y pizza, al parecer tradicional de los indios navajos (que tiene su reserva no muy lejos de Flagstaff) hecho con pan frito cubierto de carne, judías y verduras. De nuevo, inesperado pero delicioso. Hacen también un estupendo posole, que es una sopa mejicana con carne de cerdo que estaba espectacular. La consabida ensalada césar estaba hecha con salsa casera y no de bote, como en la inmensa mayoría de restaurantes en Estados Unidos y la carne muy buena como se podía esperar, sobre todo el Rib Eye.
En resumen, un lugar para no perderse si venís a ver el Gran Cañón o decidís hacer la route 66 en una Harley. ¡¡¡Que disfruteis!!!
Epi

Chicago, la ciudad del viento

De vez en cuando, a los vierners que vivimos en el midwest americano nos entran unas ganas irrefrenables de comer palomitas con sabor a queso. Entonces, empaquetamos los los jerséis gordos, los gorros y los niños y conducimos hasta Chicago, la ciudad del viento.
En el sitio donde desemboca el río Chicago en el gran Lago Michigan vivían los indios Potawatomi antes de que llegaran los misioneros franceses, los colonizadores europeos y los americanos.Durante años se sucedieron guerras, acuerdos y tratados. Al final, los indios se fueron a otras praderas, la ciudad fue creciendo y llegó el ferrocarril, y con él el comercio y la industria que convirtieron a Chicago en la tercera ciudad mas importante de Estados Unidos.
Un día de 1871 el Chicago Tribune contó en sus páginas que la vaca de la señora O’Leary dio una patada a una lámpara de queroseno e inició un incendio, el Gran Incendio de Chicago. Como la mayoría de los edificios eran de madera, las llamas, con la ayuda del famoso viento, destruyeron la ciudad. Así es que hubo que reconstruirla pero esta vez, en lugar de usar madera, los jóvenes arquitectos e ingenieros usaron tecnologías más nuevas: acero, cemento, vidrio y, sobre todo... ascensores. Daniel Burnham, Louis Sullivan, Frank Lloyd Wright y Mies van der Rohe entre otros muchos, vinieron a Chicago deseosos de poner en práctica nuevos métodos de construcción en una ciudad donde todo estaba por hacerse y la recién creada “Escuela de Chicago” y sus rascacielos de armadura metálica pronto empezaron a asombrar al mundo y convirtieron esta ciudad en un museo viviente de arquitectura.
La Windy City no es una ciudad tan grande ni glamurosa como Nueva York, ni tiene las estrellas de cine de Los Angeles, ni las universidades de Boston, ni la vida política de Washington.Y ahora, ni siquiera tiene los gángsters que la hicieron famosa en los años 30, así es que Chicago es solo una ciudad sin mas, una ciudad con tiendas y restaurantes, con gente que va a trabajar, andando o en tren, casi sin extranjeros ni turistas, sin grandes museos ni monumentos y eso la convierte en una ciudad auténtica, de verdad, una ciudad-ciudad, una ciudad para estar y pasear.
Y así es como se pasea en Chicago: muy abrigados, con guantes y gorro... y mirando hacia arriba....
Sobre todo si te apuntas a uno de los mas de 80 tours a pie, en bus o en barco, que organiza la Chicago Architecture Foundation. Paseos guiados por voluntarios, algunos de ellos arquitectos, que te van contando las historias que hay detrás de cada rincón de la ciudad. Dicen que “No hay otro arte como la arquitectura que exprese tan intensamente lo que Chicago es y hacia donde va”
Aunque Chicago también se puede recorrer en sus trenes elevados, que serpentean entre el Loop (el centro de la ciudad) y algunos de sus barrios.
Pero esta ciudad nunca deja de producir nuevas sorpresas y la última es el Millenium Park, el proyecto cultural más ambicioso y caro de su historia, que convirtió un parque abandonado en un centro de atracción social con el lago Michigan de fondo.
El Parque del Milenio representa muy bien el mundo de hoy, un mundo híbrido donde cada uno tiene una visión distinta de la realidad, así lo cuenta el escultor catalán Jaume Plensa, que diseñó la fuente del parque. La fuente Crown son dos torres con unas pantallas gigantes en las que se proyectan continuamente las caras de muchos habitantes de Chicago, de repente un chorro de agua sale disparado de los labios de una de las caras y niños y adultos corren a darse un baño y a chapotear descalzos sobre el agua (Bueno, esto solo pasa en agosto).
Otra extraordinaria obra del parque es el pabellón Pritzker, diseñado por el famoso arquitecto Frank O. Gehry, un escenario de placas metálicas retorcidas que se conecta con el público a través de unos tubos que permiten ver el cielo estrellado mientras se escucha la música y se observa el espectáculo.
Y otra escultura impresionante es la Cloud Gate, “la judía” del escultor indio Amish Kapoor, que parece una gota gigante de mercurio y refleja por arriba los rascacielos y las nubes del cielo de Chicago y por la parte de abajo a los transeúntes que pasean por el parque.
Un paseo por el Parque del Milenio es siempre sorprendente e inolvidable, un espacio donde el público interactúa con la arquitectura, el paisaje, el arte y la música.
Porque además, Chicago tiene música. El Jazz corre por las venas del esta ciudad desde los años 20, cuando los negros del sur de los Estados Unidos emigraron hacia el norte buscando una vida mejor. Cientos de músicos vinieron de Nueva Orleans y convirtieron a Chicago en el centro del Jazz. Aquí se hicieron un nombre leyendas como Louis Armstrong, Joe “King” Olivier y Jelly Roll Morton....
En septiembre, el ayuntamiento organiza el Chicago Jazz Festival y la ciudad se llena de músicos y visitantes pero no hacen falta festivales para darse cuenta de que la música está por las calles de Chicago y hay músicos tocando hasta con cubos de pintura. Dicen los Chicaguenses que el Jazz vive aquí....
Así es que no hay mejor forma de acabar un día agotador de paseo por Chicago que sentados en algunos de sus originales clubs de Jazz, con un cóctel en la mano. El Green Mill, el mas antiguo de ellos, es uno de mis favoritos, y aún conserva una puerta de atrás por la que te parece ver huir a Capone en la época de la Ley Seca, en que Chicago era sobre todo copas, Jazz y vestidos bonitos y los puritanos americanos les llamaban gánsters.... Y los músicos blancos y negros se escondían para poder tocar juntos desafiando todas las prohibiciones...
Nosotros siempre vamos a Chicago en nuestras vacaciones de “Thanksgiving”, giving thanks por vivir cerca de esta maravillosa ciudad que nos despierta siempre de la anestesia del midwest.
Aunque al final, otra vez se nos olvidó probar las palomitas de sabores...
Maria Luisa

California

El territorio de la Reina Calafia se conoce hoy como California. Allí llegaron los españoles buscando una isla rica y poblada por mujeres negras de gran estatura. Sin embargo, sólo encontraron cactus, desierto y tribus indias que vivían en la prehistoria. Nada parecido a Tenochtitlán ni a las desarrolladas civilizaciones Mesoamericanas. Las tierras septentrionales dejaron de interesar.
Tras los conquistadores, se recurrió a la evangelización. A finales del siglo XVII, los jesuitas fundaron en Loreto la primera misión. Desde allí se construyó El Camino Real, proyecto de unificar California a través de las misiones. Expulsados los jesuitas en 1767, la obra fue continuada por franciscanos y dominicos. Sin embargo, poco se evangelizó. Aquello era literalmente predicar en el desierto. El escaso público murió contagiado de enfermedades ajenas.
México heredó de Nueva España la Alta y la Baja California, habitadas por un puñado de californios concentrados en torno a los establecimientos religiosos. El poco entusiasmo mostrado por México en aquellas tierras permitió la conquista de la Alta California por los EEUU. Así ocurrió en 1848 tras una guerra con tintes de estafa. Los meapilas del Mayflower alcanzaban el Pacífico y culminaban la conquista del oeste. México perdió la mitad de su territorio: Texas, Nuevo México y la Alta California. Avergonzados por el engaño, los EEUU dejaron a los mexicanos la península de la Baja California.
Hoy, las dos Californias están divididas por un muro. Una especie de cordón sanitario que separa dos mundos: el desarrollo, del subdesarrollo; el orden, del caos; las carreteras, del desierto; San Diego, de Tijuana. Un viaje apasionante de Los Ángeles a Los Cabos me sumergió en ambas realidades: 2.000 kilómetros en tren, tranvía, a pie y en coche.
El tramo en tren correspondió al trayecto LA- San Diego, ciudades conectadas por la “línea surfer”. Poco queda de la etapa hispana, salvo algunas misiones y los nombres de ciudades y pueblos. En L.A destaca el “glamour” de la calle del teatro Kodak, comparable a la madrileña calle Carretas en sus tiempos gloriosos. Me sorprendió el buen ambiente de West Hollywood y disfruté del paseo en bici por Santa Mónica y Venice Beach. Lo más singular, la Catedral de Moneo donde se venden nichos a precios asequibles.
En la tranquila y aburrida San Diego, el atractivo se reduce a un clima benigno y a una bahía tomada por portaviones, submarinos y yates. A pesar de encontrarnos a unos kilómetros de Latinoamérica, no se ve rastro de un mundo hispano escondido en las cocinas de los restaurantes y en las casas de los más pudientes. El color latino salió a nuestro encuentro en el tranvía que nos llevaría a la frontera. Los caucásicos optaban por la dirección contraria.
La sensación de cruzar la frontera a pie es extraña. Del lado mexicano, filas interminables de gente a pie o en coche. En la salida de EEUU, el control se limita a dispositivos para impedir retroceder. Ni un solo policía. Un chollo para las armerías norteamericanas y los narcotraficantes mexicanos.
Concluido el periplo por la Alta California, en Tijuana comenzamos la “road movie” por la Baja California. La península es atravesada por la Transpeninsular, carretera mítica que une los 1.700 kilómetros de Tijuana a Los Cabos.
La Transpeninsular transporta a emociones indescriptibles. Una ruta zigzagueante conduce del salvaje Océano Pacífico al embaucador Mar de Cortés entre desiertos, montañas, volcanes, salinas y planicies interminables salpicadas de cactus. Un paisaje inquietante, casi fantasmagórico. Lo único real eran unos cuantos pueblos hechos de uralita y hormigón. Las guías comparaban los paisajes del Mar de Cortes con los cuadros de Dalí.
Salir de la Transpeninsular parece un viaje a través del tiempo. Algo así debía de ser la Alta California hace 100 años: un valle vinícola, bahías multicolores repletas de ballenas apareándose, misiones de película en enclaves semi-abandonados y pinturas rupestres con 7.500 años de antigüedad.
En un hotel de Todos Santos, en Baja California, se inspiraron Los Eagles para su mítica canción “Hotel California”. Sus inquilinos son gringos colgados del mito de la Reina Calafia que creó Garci Rodríguez de Montalvo a principios del S XVI. Un poco más al sur se llega a Los Cabos. Fin del trayecto. Allí sestean media docena de cuerpos ansiosos de sol. No son lagartos. Son guiris.
Antonio C

Agenda: The Spanish Manner: Drawings from Ribera to Goya

The Spanish Manner: Drawings from Ribera to Goya.
Frick Collection. Nueva York.
Hasta el 9 de enero de 2011. http://www.frick.org/
El dibujo en España se ha considerado siempre un arte menor, de manera, que es difícil poder disfrutar allí de una exposición similar. Esos americanos que en España nos enseñan a ver como perpetuos ignorantes, han sabido sin embargo, valorar siempre nuestro arte más que nosotros- y el de los griegos, egipcios, iraquíes...- Así que, sólo con los dibujos que tienen 2 ó 3 museos aquí y alguna colección privada, la fundación Frick ha conseguido montar esta excepcional exposición. Ha sido voluntad de los conservadores trasladar el mensaje de que el dibujo de Goya tiene sus antecedentes en sus predecesores: Ribera, Murillo, Herrera, Castillo. Sin embargo, la persona que me explicó esto defendía con vehemencia que esta teoría empequeñece la obra de todos. Que tanto la de los primeros, como los magníficos dibujos de Goya tiene un valor inmenso por sí misma.
Al parecer, en España nunca se le concedió al dibujo, el valor que se le daba en Italia, así que aquí podemos ver cómo los artistas ponían sus dedos encima o los manchaban de aceite. Del mismo modo, el prior de El Paular podía escribir en un dibujo, que por sí es una obra maestra, que el santo (objeto del cuadro) debía ser más viejo e ir más en el centro. Y si uno, luego se va a El Paular, pues confirma que el que mandaba era el prior y así se hizo. Murillo, que fue un pintor cotizado en toda Europa sin moverse de Sevilla, firmaba sus dibujos sabiendo que eran objeto de coleccionismo. En casi todos, podemos ver el nombre del coleccionista y en algunos el dinero por el que se vendió. Pero un dibujo de un fauno de Ribera que cierra o podría cerrar la primera sala, parece confirmar la opinión de los conservadores porque si no se hubiera visto la exposición, uno juraría que lo dibujó Goya.
Los dibujos de los álbumes de Goya son un verdadero tesoro, No sólo artísticamente, que en eso nadie alberga dudas. Quizás Goya fue el primer reportero gráfico. Uno, puede conocer la sociedad del siglo XVIII – principios de XIX- a través de esos dibujos agudos, sarcásticos, pero ante todo eminentemente críticos con una sociedad pobre y plagada de individuos que pasarían inadvertidos si no fuera porque el lápiz sensible de Goya supo ver en el viejo, en la prostituta, en el mutilado y en el niño encarcelado con su padre un motivo para una obra de arte.
Ana Ruiz

Agenda: The Mexican Suitcase

International Center of Photography. New York City
hasta el 9 de enero de 2011
“Cuando piensas en toda esa gente que conocimos y ha muerto en esa ofensiva- Guerra Civil española - tienes el sentimiento de que estar vivo es algo desleal”. ( Gerda Taro, unos días antes de morir ).
Todo el mundo sabe que la fotografía de Capa del miliciano cayendo podría no haber sido tomada en el momento en que realmente era abatido. Por eso, se busca desesperadamente el negativo de esa fotografía. Que no estaba en la maleta mexicana de Capa. Allí había tres cajas con negativos de Capa, Chim y Gerda Taro, perfectamente ordenados, pero no el negativo buscado. Sobre nuestra guerra. Todo el mundo sabe de qué estamos hablando. Nuestra guerra civil, se vio en otros países como una lucha a la que se sumaban de forma más o menos romántica los abanderados de la causa socialista. De forma llamativa, muchos norteamericanos. Éstos todavía viven de esos recuerdos.
Nuestra guerra es desde luego diferente para nosotros. A mí me ha impresionado tremendamente esta colección de fotos con nuestros edificios bombardeados, nuestros soldados heridos, muertos (en la morgue de Valencia), de los campesinos cosechando y la cerda amamantando. No, no fue una guerra romántica para nosotros. La foto de Chim de la mujer extremeña amamantando (también ella) a su hijo, la foto que de Gerda Taro dulcemente dormida hizo su novio (¿o debemos decir su compañero?), Capa, la fotografía del niño herido en la pierna llevado en brazos por un hombre ya poco sorprendido. Y sobre todo las fotos de los campos de refugiados de Argèles-sur-mer y de los que huían del frente de Aragón. Esa foto de Gerda Taro dormida fue reveladora para identificar los negativos que el mexicano Benjamín Tarver había heredado de su tía a quién habían llegado en circunstancias no aclaradas y que obviamente no quiso aclarar. Pero de esta exposición me quedo con Gerda Taro. Con la mujer que, ensombrecida por la figura de Capa, ha pasado inadvertida hasta hace poco tiempo. Realmente Robert Capa fue el nombre de un famoso y muy ocupado fotógrafo americano que ella y Andre Friedman fingían representar para tener éxito (para entendernos, Robert Capa nunca existió). Fue la marca de las fotos que hacían ambos (por eso, la foto del miliciano cayendo podría ser de Taro). Ella era una alemana judía de buena familia que parecía predestinada a casarse con algún inglesito rico. Pero tenía una vena política más fuerte, que la hizo salir de Alemania y acabar en nuestra guerra. En esta exposición se resaltan las diferencias entre ambos cuando hacían fotos de la Ciudad Universitaria. Ella utilizaba una Rolleiflex y él una Leica, que a veces se intercambiaban para confundir a los que ahora intentan conocer sus trabajos un poco mejor. A Gerda Taro la atropelló un tanque cerca de Valdemorillo en un accidente estúpido (después de haber fotografiado ese mismo día la batalla de Brunete en primera línea de fuego) y murió al día siguiente en un hospital de El Escorial. Había fotografiado la batalla de Guadalajara, los huérfanos de Madrid, los campesinos de Córdoba, las víctimas en un hospital de Valencia. La maleta mexicana realmente hace crecer la figura de Taro hasta la leyenda.
Ana Ruiz

ULM: Restaurante Balthazar. Nueva York

Balthazar Restaurant, 80 Spring Street, New York, NY 10012.
Teléfono 212-965-1414.
Ya escribí en estas páginas sobre un bistró francés, Bistro 110, en Chicago, y los motivos por lo que me gustan ese tipo de restaurantes. Aún a riesgo de repetirme y de que me considereís un afrancesado en temas gastronómicos, quiero hablaros de otro bistró francés fuera de Francia, el magnífico Balthazar en Nueva York. Insisto sobre el mismo tema porque Balthazar es realmente uno de mis restaurantes favoritos del mundo y he tenido la suerte de cenar allí recientemente.
Balthazar está situado en medio del barrio neoyorquino del Soho, una zona estupenda para pasear, llena de cafés, pequeños restaurantes, tiendas de moda y galerías de arte. Es lo que se puede llamar un restaurante de moda, en el sentido de que la gente acude a él no solo por su comida sino para disfrutar de su ambiente, y segundo lugar, porque cuesta trabajo conseguir una mesa.
En mi experiencia, ir a uno de estos “restaurantes de moda” es generalmente una decepción. Esto es así particularmente en mi querida Madrid, en donde, con frecuencia, después de los esfuerzos para conseguir la reserva, una vez traspasada la puerta del famoso restaurante, te encuentras con que la comida es mediocre, el servicio es antipático, salvo que seas tú mismo un famoso, y la cuenta es exorbitante. Mi experiencia en Balthazar es completamente diferente, salvo en el hecho de que hay que reservar con mucho tiempo. Después, una vez que entras por la puerta con tu mesa reservada la experiencia es inmejorable. El servicio, desde la maitre que te recibe a tu llegada y te acompaña a tu mesa, pasando por las camareras hasta la gente que te recoge los platos al final, es excelente. El servicio combina simpatía y profesionalidad en las proporciones correctas. En ningún momento tienes la sensación de que estarían tratando mejor a Robert de Niro si apareciera por allí.
Por supuesto, como en casi todos los restaurantes de Nueva York actualmente, casi todos los camareros hablan español y no tienen ningún reparo en atenderte en español si se lo pides. La camarera que nos atendió la última vez era neoyorquina, pero de padres dominicanos, conocía bien la carta y sus posibilidades y nos dio buenas recomendaciones y algo de conversación, sin entrometerse demasiado.
Otro de los elementos más atractivos de este lugar es su decoración y su ambiente. Aun siendo un restaurante moderno, se abrió en 1997, en un local anteriormente ocupado por un almacén mayorista de pieles, te hace sentir como si estuvieras en un café de París de los años 20. Realmente la decoración está bien conseguida y te hace sentir a gusto. Por otro lado, como buen restaurante de moda, también cumple las expectativas en cuanto la proporción de mujeres atractivas y bien vestidas. Como es habitual en los bistrós, las mesas están muy pegadas unas a otras, por lo que no es un buen lugar para conversaciones confidenciales. En contrapartida, es el lugar ideal para involucrar en tu conversación a los de la mesa de al lado.
Por último, dejadme que hable del elemento central, la comida. El menú de Balthazar no es excesivamente largo, pero incluye excelentes platos de comida casera francesa preparados de manera sencilla pero inmejorable. No hay mucho lugar para complicaciones culinarias, sino recetas simples y con estupendos ingredientes. Para empezar tienen entrantes clásicos, como los mejillones o la sopa de cebolla gratinada. Tienen unas excelentes ostras y marisco en general a precios razonables. Como plato principal, hacen una lubina a la sal extraordinaria, que se diferencia muy poco de la que se puede tomar en las costas de Cambrils o unas impresionantes costillas de buey con aros de cebolla. El único pero que le puedo poner a la comida de Balthazar es que la carta no incluya “cassoulet”, la versión francesa de la “alubiada” y mi plato favorito, en ambas versiones. Como es habitual en los restaurantes franceses, los postres típicos, volcán de chocolate, crema quemada, etc, son excelentes. La carta de vinos incluye multitud de vinos franceses con gran variedad de tipos y precios.
En fin, un lugar en el que es un verdadero placer comer o cenar y que os puedo recomendar sin ninguna reticencia. Además, sobre todo por la noche, se puede disfrutar a la salida de los múltiples cafés y terrazas que hay en el barrio del Soho. En fin, uno de estos sitios que hacen que viajar a Nueva York sea siempre un placer.
Epi

Beach House: Teen Dream

Hace poco he descubierto un grupo del que ni siquiera había oído hablar. Además de gustarme su música, ésta tiene la capacidad de quitarme los nervios, agobios y crispación cuando la oigo. No me aletarga ni me deja pensativa, como hace otra música que escucho cuando estoy alterada. Simplemente me quita la parte negativa de tensión, dejando intacta la actividad o vivacidad, pudiendo seguir adelante con lo que esté haciendo, pero mucho más focalizada y con una mejor actitud.
No sé si esto le ocurrirá a alguien más o sólo a mi, pero merece la pena probarlo. Os dejo un enlace de descargas, y puede que al menos os guste la música. ;)
Laura


Sex & the city 2

Si la hubieran titulado “Casi nada de Sexo y muy poco de Nueva York”, por lo menos hubiéramos sabido dónde nos metíamos.
El principio es prometedor, con un fantasioso “retorno al futuro” que nos muestra quienes eran “ellas” en 1986 y en qué se han convertido 20 años después.
Y es que los adictos a la serie de TV, acompañamos a estas cuatro mujeres, durante 12 años en el viaje de su vida que las llevó (nos llevó) a un final que nos pareció, de alguna manera honesto, creíble y feliz.
Y todas (¿todos?) fuimos Carrie Bradshaw, la escritora divertida y vibrante que siempre tuvo mas preguntas que respuestas para todo, fuimos sensibles y pringadas como Miranda, interesadas como Charlotte y desinhibidas y libres como Samantha (ejem…¡que mas hubiéramos querido!). Todas vistiendo ropa maravillosa, ambiciosas profesional y socialmente, y egoístas y mezquinas algunas veces… Pero en el fondo de cada episodio encontramos, al final, a cuatro amigas que en los momentos importantes eran fieles y amorosas y ponían etiquetas a la ropa, no a las personas. El sexo era sólo una excusa y Nueva York sólo un decorado para vender el plato fuerte: Cómo cuatro mujeres, las mujeres en general, entienden la amistad, el amor y las relaciones personales.
Para los que estábamos deseando ver la película “Sexo en Nueva York II”, nuestro amor por las protagonistas nos puede llevar a dos horas y media de irremediable pérdida de tiempo y decepción, con algunas risas, es verdad, la adicción es la adicción…
Y es que el director de la peli, Michael Patrick King, debió afrontar un serio dilema que no pudo resolver: las vidas de las personas de 40, acomodadas, felizmente casadas, y que triunfan profesionalmente… No son nada interesantes… a no ser que haya un divorcio o una catástrofe… Y él no quiere matar a sus personajes, así es que decide jugar en la periferia de sus vidas, dejándolas a ellas, mas o menos en el mismo lugar donde estaban hace cuatro años, bueno, ojala hubiera hecho sólo eso…
Y es verdad que las chicas tienen problemas, poco interesantes, pero razonables: Carrie ha descubierto horrorizada que los casados no salen de copas ni van a fiestas todas las noches, Miranda tiene un nuevo jefe machista, Charlotte se enfrenta a los problemas de la maternidad (aunque con niñera 24 horas) y Samantha intenta sobrellevar su menopausia convirtiéndose en una yonqui de la terapia hormonal sustitutiva (toma hormonas como para dopar a todo el Tour de Francia durante un año).
Sus amigos gays se casan y nos obligan asistir a una boba gay, un patético espectáculo en el que no falta ni uno de todos los posibles estereotipos homofóbicos.
Así es que para animar su burguesa vida, ¿Quién dijo Crisis?, las chicas, se van una semana de vacaciones a Abu Dhabi (Marruecos en realidad) dónde se rodean de lujo estridente, sirvientes masculinos y su móvil no tiene cobertura. Y observan, como en un zoo, a los exóticos habitantes del oriente medio con una mezcla de horror y fascinación: las mujeres pueden comer patatas fritas debajo de sus velos negros, leer libros de autoayuda y hasta vestir de Louis Vuiton y calzar “Manolos“… es decir, incluso en las peores circunstancias, las mujeres pueden llegar a ser tan frívolas, materialistas y narcisistas como ellas.
Y en el colmo de la transgresión vemos a Samantha practicando una felación a una pipa de agua en público… ¡Por favor!
El choque cultural es tan torpe, aburrido e impertinente que acabamos encontrando simpáticos a los “abudhabenses” en contraposición a unas protagonistas ricas, decadentes y vacías espiritualmente.
En fin, que la película nunca acaba de decir lo que parece que quiere decir y aunque plantea muchos posibles temas interesantes, la resolución siempre es superficial, frívola e hipócrita.
Triste, muy triste.
Ya sé que es difícil mantener el nivel de la serie después de tanto tiempo pero aún así, es triste ver a “tus” personajes convertirse de transgresoras y pioneras en conformistas, diciéndonos que trabajar y tener hijos es imposible, que un gran diamante es prueba de amor ante el mundo y que todos los maridos engañan…. Muy triste….
Ya sé que es ficción, lo sé, pero estos personajes, 12 años después, no son mas que estereotipos y clichés….
Y los amantes de la serie sabemos que en el fondo, las cosas no son así…. Y sigo diciéndome a mi misma que Carrie, Samantha, Miranda y Charlotte, las verdaderas, imperfectas, divertidas y reconocibles seres humanos, nunca harían cosas tan estúpidas.
Y lo peor…. Los vestidos ni siquiera son tan bonitos…
En fin, no podemos evitar pensar como Carrie hubiera escrito en su portátil…¿Cuándo Sexo en Nueva York fue tan largo y significó tan poco….?
Maria Luisa












84, Charing Cross Road

Helen Hanff
Editorial Anagrama
En octubre de 1949, Helene Hanff, una escritora joven excéntrica y desconocida que vive en un apartamento minúsculo en Nueva York, lleno de libros, envía una carta a Marks & Co., una librería situada en el 84 de Charing Cross Road, en Londres, cuya dirección encontró un día leyendo el Saturday review. Helene es apasionada, extravagante y maniática y casi siempre sin un duro, la señorita Hanff le reclama constantemente (a veces de forma un poco impertinente aunque divertida) al librero Frank Doel volúmenes casi imposibles de conseguir que calmen su intensísima sed de descubrimientos. Frank es el encargado de la librería, es un hombre reservado, meticuloso, trabajador que vive en el Londres de los años posteriores a la segunda guerra mundial dónde su mujer, Nora, que a lo largo del libro va cobrando protagonismo, tiene que hacer largas colas para coger algunos filetes y solo de ver una docena de huevos se le saltan las lágrimas. Frank se desvive por encontrarle a Helenne los libros que le pide y por supuesto siempre a un módico precio, es tan eficiente que casi siempre lo consigue y Helene conmovida y divertida, les envía regalos que demuestran el despertar económico de los Estados Unidos de aquella época. Esta correspondencia duro más de veinte años, durante los cuales entran en escena otros personajes cercanos a Frank que le escriben casi a escondidas, mientras tanto la amistad y la familiaridad con Frank se ha convertido en una gran intimidad.
Este libro es una pequeña joya, recuerda el lugar tan importante que pueden tener los libros en la vida de muchísimas personas y lo mucho que este amor por los libros puede unir a pesar de las distancias, de las diferencias culturales, personales y calamidades de las épocas.
Al parecer 84, Charing Cross Road pasó casi inadvertido en el momento de su publicación en 1969 pero desde la década de los setenta se convirtió en un libro de culto.
Lo más impactante es que el libro que más éxito le procuro a Helenne Hanff, haya sido la publicación de las cartas que escribió, tanto es así que en el el mismísimo 84, Charing Cross Road hay una placa conmemorativa de esta escritora y que durante décadas recibió millones de cartas de amantes de los libros de todo el mundo y hasta se han hecho series de televisión y una película de cine en 1987 con Anthony Hopkins y Anne Bancroft.
Es un libro fresco, divertido, conmovedor que deja una agradable sensación al terminar, así que a los que no lo hayáis leído aun, os animo.
AAS

Regina Spektor: Behing to hope


He descubierto recientemente a Regina Spektor, gracias a Radio 3 (aunque ya no es lo que era). En concreto me la descubrió la canción Fidelity que es del álbum "Behing to Hope" (2007). Dice que necesitó más tiempo de lo normal para grabar este albúm: dos meses. El anterior, "Songs", necesitó un día y "Soviet Kistch" diez. No os voy a decir el tiempo que estoy tardando yo en escribir esta crítica, no saldría bien en la foto.
Hija de padres músicos, nació en Moscú en 1980 pero durante la perestroika fue expulsada junto a toda su familia hacia los Estados Unidos. En Nueva York descubre nuevos géneros musicales y artistas como Tom Waits o Radiohead, además del jazz y del pop. A día de hoy Spektor tiene un sonido y una personalidad propia en la escena underground neoyorquina. El sonido que caracteriza a esta artista es un sonido basado en los timbres de su voz, su versátil técnica al piano, y, ocasionalmente, una baqueta con la que golpea la silla donde se sienta mientras toca el teclado.
A mi además me ha encantado la estética del video.
MMP



Shutter Island


DIRECTOR Martin Scorsese
GUIÓN Laeta Kalogridis (Novela: Dennis Lehane)
FOTOGRAFÍA Robert Richardson
REPARTO Leonardo DiCaprio, Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Emily Mortimer, Michelle Williams, Patricia Clarkson, Max von Sydow.

Las películas sobre psiquiatras y hospitales psiquiátricos siempre me han atraído mucho. Quizá sea porque yo mismo soy psiquiatra de profesión, aunque bien pudiera ser al revés, es decir, que me hiciera psiquiatra porque me gustaban las películas sobre el tema. En cualquier caso, siempre acudo a ver con gran interés toda película relacionada con la psiquiatría que llega a mi conocimiento y desde luego fui a ver Shutter Island con gran expectación.
Una película sobre un misterioso hospital psiquiátrico, dirigida por el magnífico Martin Scorsese y protagonizada por Leonardo Di Caprio, (quién para mi gusto se ha convertido en un excelente actor, por ejemplo en películas como “The departed” y “Body of lies”) parecía la oferta perfecta para una tarde de cine. Sin embargo, debo decir que Shutter Island me defraudó.
Es una película que promete mucho en el planteamiento pero que se va desinflando a medida que transcurre el núcleo y el desenlace de la trama. El comienzo no puede ser más interesante: Década de los 50 en Estados Unidos. Un hospital psiquiátrico de máxima seguridad, aislado en una isla frente al puerto de Boston, que alberga a los 66 criminales enfermos mentales más peligrosos de América. Dos policías del cuerpo de US Marshals (Teddy Daniels/Leonardo DiCaprio y Chuck Aule/Mark Ruffalo) acuden a dicho centro para investigar la aparentemente inexplicable desaparición de una de las peligrosas internas. El misterioso psiquiatra y director del centro, Dr. Cawley, interpretado por Ben Kingsley, que obviamente oculta más de lo que cuenta. Un psiquiatra de origen alemán, el Dr. Naehring, interpretado por el impresionante Max von Sydow, al que se le intuye un pasado nazi. Nota al margen: Max von Sydow, a pesar de la edad sigue teniendo una de las presencias más apabullantes de la pantalla, le ha pasado como a Sean Connery.
Pronto se desvela que nuestro protagonista, el agente Daniels, tiene también un complejo pasado relacionado con su papel como soldado americano en la liberación de un campo de concentración nazi en el año 45 y con la muerte de su mujer en un incendio. En resumen, no se puede pedir más para el comienzo de un thriller psicológico.
Pero, una vez que la situación y los personajes se han presentado, la trama empieza a hacerse confusa. Se abusa de imágenes oníricas de los sueños del protagonista y la película evoluciona más por los caminos del cine de terror que por los del thriller.
Los acontecimientos se van sucediendo con mucha rapidez, sin que quede muy claro por qué los personajes hacen lo que hacen y la trama pierde verosimilitud. Es bastante habitual que los psiquiatras o los enfermos mentales de las películas hagan cosas que no tienen ningún sentido a los ojos de un profesional pero además en este caso, resultan inverosímiles a la vista del propio desarrollo de la historia. Los actos de la pareja de agentes federales, Daniels y Aule, también se hacen incomprensibles e improbables. A pesar de la confusión de la trama, Scorsese obviamente maneja hábilmente los recursos del cine y la película transmite inquietud y desasosiego, por lo que no defraudará a los que van buscando esas sensaciones en el cine.
Entre múltiples idas y venidas y algunos sustos, va transcurriendo la parte central de la película hasta llegar a un desenlace que resulta decepcionante. Obviamente no voy a desvelar el final o la explicación del misterio pero sí diré que a mí me dejó la sensación de que muchas cosas se habían sacado de la manga. Por descontado, la imagen que da de la enfermedad mental o de los psiquiatras es completamente errónea.
Al final del todo, en lo que se puede considerar casi como un epílogo de la película, vuelve a haber un rasgo de genialidad con la última frase que pronuncia el agente Teddy Daniels, que nos vuelve a dejar con múltiples interrogantes.
En conclusión, una película interesante pero en absoluto inolvidable. Un excelente planteamiento y una buena conclusión pero en con una trama en conjunto confusa y deslavazada. Creo que gustará más a los aficionados al cine de terror que a los que nos gusta el cine de misterio o el cine de psiquiatras.
Para terminar, permitidme una digresión sobre las películas psiquiátricas. Es una pena que en general, hasta las buenas películas, ofrecen una imagen muy negativa sobre la psiquiatría. Una de las mejores del subgénero, “Alguien voló sobre el nido del cuco”, ofrece una imagen siniestra y anticuada, aunque como película es excelente. La excepcional “El silencio de los corderos”, consagró a mi colega el Dr. Hannibal Lecter como el mejor malo de la historia del cine. Su psiquiatra antagonista el Dr. Chilton, se hace tan detestable que uno se acaba alegrando de que se convierta en la merienda de Hannibal el Caníbal.
Y una reflexión final, la idea de los enfermos mentales como peligrosos criminales es muy habitual en el cine y la literatura y puede generar historias muy interesantes que nos harán pasar buenos ratos. Sin embargo, debemos recordar que los enfermos mentales son con muchísima más frecuencia víctimas de actos violentos, que autores de los mismos.
Epi

En Grand Central Station me senté y lloré


Elizabeth Smart
Traducción y notas: Laura Freixas
Editorial Periférica
155 páginas

Como sucede en tantos otros autores, la vida de Smart y esta obra suya están entrelazadas de tal manera que no es posible entender una sin la otra. Canadiense, nacida en el seno de una familia acomodada, comenzó a escribir muy joven y publicó su primer libro de poemas con 15 años. A los 18 se marchó a Londres a estudiar música y, a su regreso a Canadá, comenzó a trabajar como secretaria de Margaret Watt, directora de una asociación de mujeres. Con ella viajó por todo el mundo y fue en el curso de uno de estos viajes cuando, hojeando libros de poesía en la londinense Charing Cross, se enamoró de un poeta a través de su obra y decidió que haría todo lo posible por estar con aquel hombre. A cualquier precio.
Y lo consiguió. Logró, con la ayuda de Lawrence Durrell, llevar a Baker y a su esposa a los Estados Unidos desde Japón, donde él trabajaba como profesor, pagando ella el viaje. Mantuvieron una tumultuosa relación hasta su muerte en 1986. Él tuvo quince hijos con varias mujeres, cuatro de ellos con Elizabeth. Nunca abandonó a su esposa para casarse con ella con el argumento de que era católico pero a la muerte de aquella se casó con otra. Elizabeth Smart mantuvo con su trabajo a todos los hijos que tuvo con Baker y siguió a éste a través del mundo trabajando con mayor o menor fortuna en distintos puestos que, o bien dejaba para ir tras él, o bien perdía a causa de un nuevo embarazo. Y en medio de todo esto escribió la que fue su obra maestra en 1941, después de volver a su país natal para dar a luz a su primera hija, Georgina. En 1945 se publicaron 2000 copias de En Grand Central Station me senté y lloré, a pesar de los intentos de su madre por eliminar cuantas pudiera para ocultar la vergüenza de una historia adúltera y desigual.
La novela es tan vital, tan estremecedora y tan bella como la propia historia. Plagada de referencias a la Biblia, a Shakespeare y a otros poetas ingleses, como Thomas Lovell Beddoes o Robert Southney, su lectura tiene varios niveles: se disfruta si uno se deja llevar por el lenguaje apasionado, rico y preciso que la convierte en un largo poema en prosa, pero resulta más compleja –y más enriquecedora y esclarecedora– si uno se adentra en las relaciones intertextuales. Para ello, la edición se completa con una serie de notas divididas por capítulos, cortesía de la traductora. Una auténtica conmoción en una época y en un lugar dónde imperaba el realismo en literatura, dónde las historias se estructuraban en un argumento clásico, Grand Central puede leerse hoy sin restos de polvo. Un canto al amor y al abandono que, por universal, no ha quedado obsoleto y cuya audacia le permitirá mantenerse como moderno entre los modernos, salvo por unas cuantas referencias temporales.
Me gustaría dejaros una frase de muestra pero me resulta imposible: lo tengo todo subrayado. Me quedaré, a duras penas, con dos. Una, recién iniciado el encuentro, muestra la tensión entre lo esperado, lo infinitamente pospuesto y lo inminente, lo inevitable: “…las palabras que intento arrancar del teclado expiran en el aire y se disuelven en besos cuyas sustancias químicas son más mortíferas si no estallan.” La otra, al final del libro, pasado incluso el clímax de la desesperación, dice así: “Nada, excepto el brazalete que él puso en mi muñeca, me recuerda que alguna vez estuve viva. Mis ojos apagados, mis días vacantes, sólo demuestran que estoy muerta, no dicen por qué, ni hablan de su existencia”.
En la tumba de Elizabeth Smarth queda, a modo de epitafio, un verso de Horacio: Non Omnis Moriar (http://www.poetsgraves.co.uk/smart.htm). “No estoy del todo muerta”. No lo estará nunca, mientras algún ser humano sienta el amor como ella.
Amelia Pérez de Villar

ULM: Bistro 110. Chicago


110 East Pearson Street
Chicago, Illinois 60611
www.bistro110restaurant.com

Para personas como yo, a las que nos gusta la comida casera española, pero que llevamos varios años viviendo fuera de España, encontrar un restaurante donde nos podamos reencontrar con esos sabores tradicionales de nuestra infancia se convierte siempre en una experiencia especial. Desafortunadamente, la oferta de restaurantes caseros españoles, al menos en los países en los que he vivido o visitado es bastante escasa, lo que me ha llevado buscar otras alternativas que ofrezcan ese ambiente y sabor “de casa”. En resumen, me gustan mucho los bistros franceses, en los que encuentro sabores y ambientes que me recuerdan a mi Madrid natal. Es sorprendente lo mucho que se parece la comida casera francesa a la española (cuando me di cuenta de ello, ahora hace unos años, comprendí que la Unión Europea era posible).
En algunos (pocos) de estos bistros, he encontrado una combinación de exquisita comida francesa, un ambiente a la vez casero y sofisticado y un servicio a la vez profesional y amigable, que los convierten inmediatamente en mis restaurantes favoritos de la ciudad donde estén.
Esto es lo que encontré en Bistro 110, en Chicago. Está situado en la zona más céntrica y cosmopolita de Chicago, casi esquina con la Avenida Michigan, en medio de la Magnificent Mile por lo que es un lugar ideal para comer o cenar cuando se está de turismo en la ciudad.
La carta es breve e incluye los platos habituales de la cocina tradicional francesa, entre los que destaca para mi gusto el cassoulet, la versión francesa de la fabada. Los postres, por descontado, son excelentes, particularmente la tarta de chocolate y el gateau breton. El servicio es extraordinario, muy eficaz y profesional, pero a la vez amistoso y sonriente incluso en momentos de apreturas.
El público es fundamentalmente americano y muy educado, y como en todos los restaurantes de Estados Unidos, no se puede fumar. Ignoro si se puede fumar en la terraza, porque solo he estado en invierno. Las obras de arte en la pared, y una gran pizarra en la que se pueden leer poemas en inglés y en francés, le dan un ambiente culto y sofisticado. Al contrario de la mayoría de restaurantes en Estados Unidos, es un lugar de ambiente adulto. Sin embargo los niños son atendidos con simpatía y normalidad, lo cuál es muy de agradecer para los que, como yo, viajamos con tres de ellos.
En resumen, mi restaurante favorito del Middle West americano. Para los que paséis por Chicago, un lugar que os hará disfrutar de una comida honesta y exquisita, alejada por igual de “evanescentes espumas” como de pesadas hamburguesas, en un ambiente cálido y confortable.
Epi

Frozen River


DIRECTOR Courtney Hunt
GUIÓN Courtney Hunt
REPARTO Melissa Leo, Misty Upham, Charlie McDermott, Michael O'Keefe, Mark Boone Jr.

¿Cuál es la diferencia entre el buen y el mal cine? Es domingo y acabo de tragarme una de esas pelis de fin de semana que me enganchan al sofá. Y aún tengo en mi cabeza las imágenes y las emociones de Frozen River. Disfrutar una peli en el cine es un placer inconmensurable.
Dos mujeres: una blanca y una india, dos madres, solas por diferentes razones, con sus hijos como prioridad. Viven en torno a la reserva de los indios mohawk, un espacio regido por sus propias leyes tribales. Como en todas las fronteras, existe el contrabando: de tabaco, de dinero, de seres humanos…
¿Es lo mismo una mujer que un hombre? ¿es lo mismo una madre que un padre? ¿se puede respetar tanto al prójimo como para sacrificar tu felicidad por lo que crees que es justo? ¿hay algo más importante que una vida? ¿hay algo más importante que un hijo? ¿qué tienen que aprender tus hijos? ¿por qué es tan necesario el dinero? ¿por qué todos haríamos algo ilegal por dinero si fuera fácil y necesitáramos la pasta? ¿por qué el hielo se derrite?
Es una de las películas más interesantes que he visto en los últimos tiempos. Exquisita sensibilidad femenina para un mundo de marimachos. Emocionante. ¡Dios mío qué actrices!
Ana Ruiz

ULM: Barberry, 152 Metropolitan Avenue. NYC


New York: “Barberry” at 152 Metropolitan Avenue.Siempre he sentido curiosidad por la vida neoyorkina fuera de los circuitos habituales de visita turística, de manera que cuando tuve oportunidad de ir a la capital del mundo con un guía residente en la ciudad, me pareció una idea estupenda. Nuestro amigo llevaba un año viviendo junto a Times Square y desde hacía unos meses se había trasladado a Long Island. En sus días en Nueva York conoció a Diego, el Chef de “Barberry”, un restaurante muy recomendable en Williamsburg, South Side, en Brooklyn. Ubicado en el 152 de Metropolitan Avenue, hace esquina con Barberry Street, y de ahí su nombre. Por ello, pensó llevarnos a conocer este local, situado en una zona residencial y lejos de los ambientes habituales para el turista.
Diego González es gallego y ha trabajado con importantes Chefs nacionales. En el mismo local se ubicaba anteriormente el Bar “Zipi y Zape” y, tras hacerse cargo del mismo, realizó una reforma importante que lo ha dotado de mayor amplitud.
El ambiente es muy agradable, especialmente indicado para cenar en pareja o con un grupo de amigos. La comida, de tipo mediterráneo, tiene también un hueco para las burgers y algunas pinceladas típicamente españolas como las mollejas con chorizo, el queso azul asturiano o el queso manchego. Para los amantes de la carne, pueden degustar también un buen carpaccio.
Sin lugar a dudas, lo más recomendable son sus postres que merecen una mención aparte. Una vez terminamos nuestros platos principales, y el local fue quedándose vacío, Diego se sentó en nuestra mesa para acompañarnos y charlar un rato compartiendo nuestro último café del día. De pronto, comenzaron a servirnos una degustación de postres sencillamente, espectacular. Para los amantes del chocolate, el soufflé sorpresa de chocolate es una auténtica delicia. También los canutillos de crema Chantilly con salsa de frambuesa o la crema catalana, todo ello con una presentación perfecta digna de cualquier restaurante de prestigio.
El propio Diego en sí es un personaje, con una trayectoria vital apasionante desde la salida de su Galicia natal hasta su consolidación como chef en New York, por lo que la cena y sobremesa posterior fue realmente agradable e inolvidable. Con lo cual, os recomiendo que si tenéis la oportunidad visitéis “Barberry” en vuestra próxima visita a New York.
Nuria

Man on wire

Director: James Marsh
Guión: James Marsh
Género: Documental
Año: 2008
Reparto: Philippe Petit, Paul McGill, Ardis Campbell, David Demato
El 7 de Agosto de 1974, un joven francés llamado Phillippe Petit, caminó sobre un cable colgado ilegalmente entre las torres gemelas de NuevaYork, entonces los edificios más altos del mundo. Tras una hora caminando por el cable, fue arrestado, examinado psicológicamente y encarcelado antes de ser finalmente liberado.
Creo que esta película es doblemente recomendable. En primer lugar como película documental en sí. El planteamiento del director es muy original. A lo largo del documental se presenta paralelamente la idea de "asaltar" las torres y la construcción de la torres .
En segundo lugar porque la historia de Philippe Petit es la demostración de que los sueños se pueden cumplir. Si quieres algo y lo persigues, lo puedes alcanzar, aunque sea tan descabellado como caminar por las torres gemelas.
Me llamó mucho la atención la historia de amistad o locura colectiva que hay detrás de este proyecto. Como Philippe convence e involucra a sus amigos para que le sigan y el desenlace final de esta amistad.
MMP


Retratos de Nueva York: Fotografías del Moma

La casa Encendida. Madrid.
Hasta el 14 de junio.
Nueva York es bella y fea. Amable y hostil. Pulcra y sucia. Nueva York es todo porque todos los mundos están en ella. Una ciudad que muta constantemente y en la que nada suele durar demasiado. Más que ella misma. La propia ciudad. De su vitalidad y sus contradicciones surge la fascinación que ejerce y probablemente por eso sea -aunque podría disputarse ese título con París- la ciudad más fotografiada del mundo. Y eso ha sido así desde el comienzo de la fotografía. Retratos de Nueva York: Fotografías del MOMA es un recorrido por la biografía de la ciudad, desde 1888 hasta la actualidad, a través de 145 imágenes captadas por los mejores fotógrafos de la historia y que forman parte del archivo del museo neoyorquino. Alfred Stieglitz, Walker Evans, Henri Cartier-Bresson, Lee Friedlander, Diane Arbus, Weegee, Cindy Sherman o Irving Penn son algunos de los 93 nombres que firman las imágenes que se exhibirán hasta el 14 de junio en la Casa Encendida.
Las brumas del edificio Flatiron capturadas por Stieglitz en 1903, la familia italiana que busca su equipaje perdido en la isla de Ellis, retratada por Lewis W. Hine en 1905, o la inquietante imagen de un fotógrafo encaramado en un rascacielos en construcción en la Quinta Avenida, tomada por Underwood and Underwood en 1905, marcan los comienzos de una obsesiva pasión por atrapar la esencia de la ciudad. En las décadas de los veinte y los treinta, la arquitectura única de Nueva York proporcionó un tema de exploración. La gárgola del edificio Chrysler fotografiada en primer plano por Margaret Bourke-White en 1934 es la excusa para mostrar la abigarrada urbanización de Manhattan; Edward Steichen usó la exposición múltiple en el Empire State Building; Ralph Steiner utilizó un potente gran angular para forzar su imagen Cinco esquinas (1935); y Berenice Abbott captó en su imagen de la Exchange Place, junto a la Bolsa de Nueva York, el vértigo de los cañones de cemento.

Revolutionary Road

Director: Sam Mendes
Guion: Justin Haythe
Reparto: Leonardo DiCaprio, Kate Winslet, Michael Shannon y Kathy Bates
Revolutionary Road es una película que admite diferentes y variadas interpretaciones. Las tres o cuatro personas con las que he hablado de la peli me han expuesto un punto de vista completamente distinto unas de otras. Tanto, que no parecía que hubiesemos visto la misma película sobretodo en lo que a la protagonista se refiere.
Kate Winslet está magnifica en su papel de la señora Wheeler, una mujer que se enamora de un ideal de hombre con el que soñó viviría una historia apasionante. Sin embargo, las circunstancias van por delante de ellos convirtiendolos en una pareja convencional con la que ella no está en absoluto satisfecha hasta que queriendo recuperar la ilusión en su vida decide intentar un viejo sueño. A partir de aquí un desenlace que admitiría otras posibilidades.
¿Qué hacer cuando la persona que está a tu lado no es quien tu creías que era? ¿Qué hacer cuando no puedes seguir viviendo de la misma manera y a la vez no puedes dejarlo todo atrás?.
Mercedes


Cuaderno de Bitacora: Hawai, The big Island

No hará más de un año que decidí recorrer los más de 12.000 kilómetros de distancia y plantarme en aquella isla volcánica. Sinónimo de paraíso con la que muchos españoles soñamos junto con Bombay, gracias a Mecano y su pegadiza canción.
Famosa en el mundo entero por Pearl Harbour, ser la cuna del surf, escenario de grandes películas y recientemente por ser el lugar de nacimiento de Obama, las expectativas eran máximas y redujeron el cansancio del dichoso vuelo.
Nada mas aterrizar, miles de novios en su luna de miel se agolpan por salir del avión, tras la espera, todo son sonrisas, flores y música hawaina. Esto es Estados Unidos, saben muy bien como tratar al turista y han pensado en todo… ¿Como es posible que un aeropuerto de estilo colonial tan pequeño y con tanto tráfico pueda funcionar tan bien?
De camino al hotel paisaje lunar... Donde están las palmeras? Preguntan detrás mío. Al cabo de unas pocas millas, aparecen los resorts, millones de palmeras, fuentes, jardines, lujo por doquier… tiendas, piscinas, campos de golf… todo artificial, hasta la playa del hotel! El resort se levanta sobre la lava volcánica de millones de años atrás para convertirlo en el paraíso del relax y ser el mayor sustento económico de las islas. Los hawaianos viven agobiados por los impuestos, todo es mas caro que en el continente, y eso se nota, nos comenta el recepcionista. Zumos, playa y mucha comida, sol esplendido, es todo tan perfecto que parece mas artificial de lo que es… Quiero vivir aquí siempre.
Tras aclimatarnos, decidimos salir de la burbuja, y ver Hawai. Alquilamos un coche y a la carretera. El clima cambia radicalmente en cuestión de minutos, aparecen nubes, lluvia y la jungla… según bordeamos la costa, surfistas cabalgan las olas, mas a lo lejos se ven las ballenas saltar del agua, cataratas… y el paisaje lunar, se convierte en un paisaje plagado de colores verdes.
Parte de la carretera fue devorada, años atrás, por la lava y el volcán guarda silencio mientras en la costa, litros de lava gritan al luchar con el mar, nubes de vapor invaden la costa. Carteles luminosos nos guían, la policía nos indica el camino y nos advierte del equipo necesario. Vamos de camino al volcán, y nos da la sensación de peligro.
Tras volver al refugio, encontramos el mismo clima de siempre, aquí nunca hay nubes, vamos a ver los delfines; pero antes nos sugieren ver el fondo marino, plagado de coral, tortugas y millones de colores bajo el transparente océano. A la vuelta, paramos de camino en una de las innumerables playas, parece una película, la arena, las palmeras, el césped… es tan perfecto y tan tranquilo que hasta incomoda... comemos junto a un grupo de surfistas, quienes nos enseñan mas playas “vírgenes” y sitios por descubrir…
… y al subir de nuevo el avión, me pregunto: ¿cuando volveré a Hawai?
Zero