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ULM: Momofuku Noodle Bar. NYC

171, 1st Ave
New York
NY 10003
Dice Frank Bruni en el NYT que cualquier cosa que acerque a mas gente a los bollitos de panceta, pepino y salsa hoisin de David Chang es un gran avance para la humanidad....
Momofuku Noodle Bar no es un bar de fideos cualquiera, es lo que pasa cuando un joven coreano-americano se gradúa en el French Culinary Institute, absorbe los principios de la cocina japonesa mientras enseña Inglés en Tokio, trabaja en algunos de los mejores restaurantes de Nueva York y al final monta un bar, si un bar con barra, taburetes de madera y mesas compartidas, en el East Village para cocinar la comida de su madre y ofrecer a sus clientes lo que a él le gusta comer.
Dicen que “ha revolucionado la cocina americana, y que sus platos son un prodigio de sutilidad, técnica, imaginación e inspiración”.
Dicen que “es un restaurante que mira hacia el futuro, ignorando las reglas y librándose de las ataduras de la tradición”. Otros dicen que "Cruces y mezclas étnicas suceden cuando distintos elementos convergen en una receta. Que Nueva York es, al fin y al cabo, un crisol de culturas. Y que ¿Por qué no puede, entonces, su gastronomía ilustrar la transformación de la diversidad en unidad?.
A mí, ya me gustaría ser capaz de decir toda esa palabrería gastronomico-filosófica en una frase.
Pero, la verdad es que cuando tomas la primera cucharada de su bol de noodles o das el primer mordisco a uno de esos bocadillos de panceta (¿Habrá un plato menos elegante?) sabes que ha merecido la pena el viaje a NYC sólo para ese momento. Y no puedes esperar al siguiente "viernes" para contarlo.
Maria Luisa

Chicago, la ciudad del viento

De vez en cuando, a los vierners que vivimos en el midwest americano nos entran unas ganas irrefrenables de comer palomitas con sabor a queso. Entonces, empaquetamos los los jerséis gordos, los gorros y los niños y conducimos hasta Chicago, la ciudad del viento.
En el sitio donde desemboca el río Chicago en el gran Lago Michigan vivían los indios Potawatomi antes de que llegaran los misioneros franceses, los colonizadores europeos y los americanos.Durante años se sucedieron guerras, acuerdos y tratados. Al final, los indios se fueron a otras praderas, la ciudad fue creciendo y llegó el ferrocarril, y con él el comercio y la industria que convirtieron a Chicago en la tercera ciudad mas importante de Estados Unidos.
Un día de 1871 el Chicago Tribune contó en sus páginas que la vaca de la señora O’Leary dio una patada a una lámpara de queroseno e inició un incendio, el Gran Incendio de Chicago. Como la mayoría de los edificios eran de madera, las llamas, con la ayuda del famoso viento, destruyeron la ciudad. Así es que hubo que reconstruirla pero esta vez, en lugar de usar madera, los jóvenes arquitectos e ingenieros usaron tecnologías más nuevas: acero, cemento, vidrio y, sobre todo... ascensores. Daniel Burnham, Louis Sullivan, Frank Lloyd Wright y Mies van der Rohe entre otros muchos, vinieron a Chicago deseosos de poner en práctica nuevos métodos de construcción en una ciudad donde todo estaba por hacerse y la recién creada “Escuela de Chicago” y sus rascacielos de armadura metálica pronto empezaron a asombrar al mundo y convirtieron esta ciudad en un museo viviente de arquitectura.
La Windy City no es una ciudad tan grande ni glamurosa como Nueva York, ni tiene las estrellas de cine de Los Angeles, ni las universidades de Boston, ni la vida política de Washington.Y ahora, ni siquiera tiene los gángsters que la hicieron famosa en los años 30, así es que Chicago es solo una ciudad sin mas, una ciudad con tiendas y restaurantes, con gente que va a trabajar, andando o en tren, casi sin extranjeros ni turistas, sin grandes museos ni monumentos y eso la convierte en una ciudad auténtica, de verdad, una ciudad-ciudad, una ciudad para estar y pasear.
Y así es como se pasea en Chicago: muy abrigados, con guantes y gorro... y mirando hacia arriba....
Sobre todo si te apuntas a uno de los mas de 80 tours a pie, en bus o en barco, que organiza la Chicago Architecture Foundation. Paseos guiados por voluntarios, algunos de ellos arquitectos, que te van contando las historias que hay detrás de cada rincón de la ciudad. Dicen que “No hay otro arte como la arquitectura que exprese tan intensamente lo que Chicago es y hacia donde va”
Aunque Chicago también se puede recorrer en sus trenes elevados, que serpentean entre el Loop (el centro de la ciudad) y algunos de sus barrios.
Pero esta ciudad nunca deja de producir nuevas sorpresas y la última es el Millenium Park, el proyecto cultural más ambicioso y caro de su historia, que convirtió un parque abandonado en un centro de atracción social con el lago Michigan de fondo.
El Parque del Milenio representa muy bien el mundo de hoy, un mundo híbrido donde cada uno tiene una visión distinta de la realidad, así lo cuenta el escultor catalán Jaume Plensa, que diseñó la fuente del parque. La fuente Crown son dos torres con unas pantallas gigantes en las que se proyectan continuamente las caras de muchos habitantes de Chicago, de repente un chorro de agua sale disparado de los labios de una de las caras y niños y adultos corren a darse un baño y a chapotear descalzos sobre el agua (Bueno, esto solo pasa en agosto).
Otra extraordinaria obra del parque es el pabellón Pritzker, diseñado por el famoso arquitecto Frank O. Gehry, un escenario de placas metálicas retorcidas que se conecta con el público a través de unos tubos que permiten ver el cielo estrellado mientras se escucha la música y se observa el espectáculo.
Y otra escultura impresionante es la Cloud Gate, “la judía” del escultor indio Amish Kapoor, que parece una gota gigante de mercurio y refleja por arriba los rascacielos y las nubes del cielo de Chicago y por la parte de abajo a los transeúntes que pasean por el parque.
Un paseo por el Parque del Milenio es siempre sorprendente e inolvidable, un espacio donde el público interactúa con la arquitectura, el paisaje, el arte y la música.
Porque además, Chicago tiene música. El Jazz corre por las venas del esta ciudad desde los años 20, cuando los negros del sur de los Estados Unidos emigraron hacia el norte buscando una vida mejor. Cientos de músicos vinieron de Nueva Orleans y convirtieron a Chicago en el centro del Jazz. Aquí se hicieron un nombre leyendas como Louis Armstrong, Joe “King” Olivier y Jelly Roll Morton....
En septiembre, el ayuntamiento organiza el Chicago Jazz Festival y la ciudad se llena de músicos y visitantes pero no hacen falta festivales para darse cuenta de que la música está por las calles de Chicago y hay músicos tocando hasta con cubos de pintura. Dicen los Chicaguenses que el Jazz vive aquí....
Así es que no hay mejor forma de acabar un día agotador de paseo por Chicago que sentados en algunos de sus originales clubs de Jazz, con un cóctel en la mano. El Green Mill, el mas antiguo de ellos, es uno de mis favoritos, y aún conserva una puerta de atrás por la que te parece ver huir a Capone en la época de la Ley Seca, en que Chicago era sobre todo copas, Jazz y vestidos bonitos y los puritanos americanos les llamaban gánsters.... Y los músicos blancos y negros se escondían para poder tocar juntos desafiando todas las prohibiciones...
Nosotros siempre vamos a Chicago en nuestras vacaciones de “Thanksgiving”, giving thanks por vivir cerca de esta maravillosa ciudad que nos despierta siempre de la anestesia del midwest.
Aunque al final, otra vez se nos olvidó probar las palomitas de sabores...
Maria Luisa

Mi serie favorita:The Wire

Ya sé que lo dije el viernes pasado, pero The Wire si que es, de verdad, la mejor serie de todos los tiempos.Hay que rescatarla del videoclub, porque en España se acabó en 2008, y solo se emitió en cadenas de pago y a deshoras, aunque después de verla me entran unas ganas irresistibles de comprarla y ponerla en la sección de Tragedia Griega de mi biblioteca....
La acción transcurre en Baltimore, la que fue la segunda ciudad más grande de EE.UU. (tras Nueva York) hasta mediados del siglo XIX para convertirse después en una especie de vertedero del sueño americano.
The Wire va diseccionando en sucesivas temporadas la ciudad de Baltimore capa por capa, y nos ofrece un tratado sociológico acerca de la corrupción humana desde las ópticas del tráfico de drogas, las aduanas portuarias, la justicia y la política. En fin, la vida misma, en cinco entregas.
The Wire rezuma autenticidad en cada escena, pero no es una serie para “todo el mundo”, no tuvo demasiado éxito comercial, y creo que no ganó ningún premio, así es que hay que aceptar el reto cuando los primeros episodios son algo lentos y áridos, y los personajes hablan de una forma tan incomprensible como si les importara un pimiento que los espectadores les entendamos o no... vamos, ellos hacen su vida como sino existiéramos. Así es la vida. Aunque es difícil no enamorarse de unos personajes inolvidables que se comportan como personas reales, con sus virtudes y defectos, y no como los héroes y villanos infalibles a los que estábamos acostumbrados en las pelis policíacas.
Y es que The Wire te atrapa, te suelta en las calles de Baltimore y te permite acompañar a los drogatas, a los pequeños y grandes narcotraficantes, a los policías y a los políticos, te obliga a compartir su vidas, sus pequeños triunfos, sus frustraciones y sus causas perdidas. Y es todo el tiempo impredecible, nunca te imaginas cómo puede acabar, bueno, en realidad os contaré el final: los buenos no ganan, no pueden ganar más que batallas pequeñas y parciales, para que al final todo siga como era, o solo un poco mejor, bueno, algo es algo.
Esta serie invita a un viaje como en las mejores historias de la literatura, como en Cien Años de Soledad, no te importa el final, solo quieres que siga el viaje....
No os perdáis la oportunidad de conocer a Omar Little, el “malo” mas encantador de todos los tiempos (lo dijo Barak Obama en la tele y armó un escándalo)
Y un consejo, vedla en versión original, el Inglés de los jóvenes afroamericanos es un tesoro, y su acento, la auténtica banda sonora.
En fin, saludos desde Baltimore, aún me quedan 2 temporadas por delante...
ML


Mi serie favorita: Mad men

Empecé a ver esta serie porque me dijeron que ciertas series eran como cine....
Entonces leí esta crítica: Con la emisión, el lunes pasado, del último episodio de Mad Men , el cine como concepto se queda tan pequeñito, tan solo él con sus 100 minutos, con sus efectos especiales, con sus palomitas, que no hay con qué comparar a Mad Men.... Quizá dentro de unos años, veinte o cincuenta, podamos decir de una película "Fui al cine a ver tal cosa, y lo que vi casi, casi, estuvo a la altura de Mad Men". No confío tanto en el cine, pero ojalá.
No me digáis que no es todo un reto para un amante del cine.
Así es que me puse a ver la primera temporada.... Y no pude parar.
La serie hace un repaso de la historia de los Estados Unidos en los años 60. Un momento de profundos cambios en la sociedad americana.
A grandes rasgos trata de un grupo de hombres (los “Mad Men” del titulo) que trabajan en una agencia publicitaria en la Madison Avenue neoyorquina. El personaje principal es Don Draper, director creativo de la agencia, y la serie describe las relaciones que este tiene con sus compañeros de trabajo, sus amantes y su familia. Aunque en realidad, todos los personajes son importantes y tienen algunas historias turbias que contar y algunos gestos que nos parecen admirables en otros momentos. No es una serie en la que podamos hablar de personajes “buenos” y “malos”. Aquí cada uno tiene sus defectos y virtudes, aunque la mayoría de las mujeres que aparecen ejercen de “florero” y la mayoría de los hombres tienen las mismas grandes cualidades: machistas, racistas, adúlteros, alcohólicos y lo peor de todo… ¡fumadores!
Aunque a mí, lo que me parece fascinante de la serie, es que casi podría ser considerado cine fantástico, porque nos traslada a un mundo que casi es desconocido para nosotros, habitantes del siglo XXI, un mundo donde las formas son lo mas importante (peinado, ropa, coches...) y sin embargo se considera normal practicar el adulterio, tener un harén de secretarias para ejecutivos, beber en el trabajo, pegar a los niños, fumar delante de bebés, violar a tu novia y alardear de ser racista o misógino sin mostrar el mas mínimo sentimiento de culpa. Todo eso pasa continuamente en Mad Men...
Así es que me pregunto si el éxito de la serie de debe a que, desde nuestra perspectiva y nuestros valores del siglo XXI, provoca una cierta e insana nostalgia de que hubiera tiempos en que todo estaba permitido (para los hombres, quiero decir...) y al mismo tiempo una especie de satisfacción que nos incita a felicitarnos por el progreso y la sofisticación que hemos conseguido en los últimos 40 años y que nos ha llevado tan lejos de esos bárbaros...
...Tan lejos que nunca vemos ni podríamos ya soportar ni entender esas actitudes machistas y a nadie ya se le ocurriría fumar “cerca” de un parque infantil...
En fin, inquietante.
No puedo esperar a la quinta temporada.
Maria Luisa

Sex & the city 2

Si la hubieran titulado “Casi nada de Sexo y muy poco de Nueva York”, por lo menos hubiéramos sabido dónde nos metíamos.
El principio es prometedor, con un fantasioso “retorno al futuro” que nos muestra quienes eran “ellas” en 1986 y en qué se han convertido 20 años después.
Y es que los adictos a la serie de TV, acompañamos a estas cuatro mujeres, durante 12 años en el viaje de su vida que las llevó (nos llevó) a un final que nos pareció, de alguna manera honesto, creíble y feliz.
Y todas (¿todos?) fuimos Carrie Bradshaw, la escritora divertida y vibrante que siempre tuvo mas preguntas que respuestas para todo, fuimos sensibles y pringadas como Miranda, interesadas como Charlotte y desinhibidas y libres como Samantha (ejem…¡que mas hubiéramos querido!). Todas vistiendo ropa maravillosa, ambiciosas profesional y socialmente, y egoístas y mezquinas algunas veces… Pero en el fondo de cada episodio encontramos, al final, a cuatro amigas que en los momentos importantes eran fieles y amorosas y ponían etiquetas a la ropa, no a las personas. El sexo era sólo una excusa y Nueva York sólo un decorado para vender el plato fuerte: Cómo cuatro mujeres, las mujeres en general, entienden la amistad, el amor y las relaciones personales.
Para los que estábamos deseando ver la película “Sexo en Nueva York II”, nuestro amor por las protagonistas nos puede llevar a dos horas y media de irremediable pérdida de tiempo y decepción, con algunas risas, es verdad, la adicción es la adicción…
Y es que el director de la peli, Michael Patrick King, debió afrontar un serio dilema que no pudo resolver: las vidas de las personas de 40, acomodadas, felizmente casadas, y que triunfan profesionalmente… No son nada interesantes… a no ser que haya un divorcio o una catástrofe… Y él no quiere matar a sus personajes, así es que decide jugar en la periferia de sus vidas, dejándolas a ellas, mas o menos en el mismo lugar donde estaban hace cuatro años, bueno, ojala hubiera hecho sólo eso…
Y es verdad que las chicas tienen problemas, poco interesantes, pero razonables: Carrie ha descubierto horrorizada que los casados no salen de copas ni van a fiestas todas las noches, Miranda tiene un nuevo jefe machista, Charlotte se enfrenta a los problemas de la maternidad (aunque con niñera 24 horas) y Samantha intenta sobrellevar su menopausia convirtiéndose en una yonqui de la terapia hormonal sustitutiva (toma hormonas como para dopar a todo el Tour de Francia durante un año).
Sus amigos gays se casan y nos obligan asistir a una boba gay, un patético espectáculo en el que no falta ni uno de todos los posibles estereotipos homofóbicos.
Así es que para animar su burguesa vida, ¿Quién dijo Crisis?, las chicas, se van una semana de vacaciones a Abu Dhabi (Marruecos en realidad) dónde se rodean de lujo estridente, sirvientes masculinos y su móvil no tiene cobertura. Y observan, como en un zoo, a los exóticos habitantes del oriente medio con una mezcla de horror y fascinación: las mujeres pueden comer patatas fritas debajo de sus velos negros, leer libros de autoayuda y hasta vestir de Louis Vuiton y calzar “Manolos“… es decir, incluso en las peores circunstancias, las mujeres pueden llegar a ser tan frívolas, materialistas y narcisistas como ellas.
Y en el colmo de la transgresión vemos a Samantha practicando una felación a una pipa de agua en público… ¡Por favor!
El choque cultural es tan torpe, aburrido e impertinente que acabamos encontrando simpáticos a los “abudhabenses” en contraposición a unas protagonistas ricas, decadentes y vacías espiritualmente.
En fin, que la película nunca acaba de decir lo que parece que quiere decir y aunque plantea muchos posibles temas interesantes, la resolución siempre es superficial, frívola e hipócrita.
Triste, muy triste.
Ya sé que es difícil mantener el nivel de la serie después de tanto tiempo pero aún así, es triste ver a “tus” personajes convertirse de transgresoras y pioneras en conformistas, diciéndonos que trabajar y tener hijos es imposible, que un gran diamante es prueba de amor ante el mundo y que todos los maridos engañan…. Muy triste….
Ya sé que es ficción, lo sé, pero estos personajes, 12 años después, no son mas que estereotipos y clichés….
Y los amantes de la serie sabemos que en el fondo, las cosas no son así…. Y sigo diciéndome a mi misma que Carrie, Samantha, Miranda y Charlotte, las verdaderas, imperfectas, divertidas y reconocibles seres humanos, nunca harían cosas tan estúpidas.
Y lo peor…. Los vestidos ni siquiera son tan bonitos…
En fin, no podemos evitar pensar como Carrie hubiera escrito en su portátil…¿Cuándo Sexo en Nueva York fue tan largo y significó tan poco….?
Maria Luisa












Despedidas (Okuribito)

Año 2009
Director: Yojiro Takita
Encuentro muchísimas y originales razones para recomendar esta película que me encantó.
La primera es que es Japonesa y ganó el Óscar a la mejor película extranjera este año, y los críticos americanos la ponen por las nubes, y la encuentran fascinante, y eso la hace carne de remake hollywoodiense, y no me quiero ni imaginar a Tom Cruise haciendo de enterrador... Por favor, ¡Vedla antes de que lo hagan!
La segunda es que es de esas películas en que pasas sin darte cuenta de la risa a la pena en un segundo, y se te pasan volando y al final sales del cine con una sonrisa.
La tercera, y mas exótica razón, es que el director, Yojiro Takita, se dedicaba antes al cine porno y en su filmografía hay títulos como "Violación sucesiva" o "Inspeccionando tu ropa interior". Y resulta bastante irónico ver como en esta película se dedica a desnudar cadáveres, y lo hace con un nivel de sutileza, delicadeza y sensibilidad exquisitas.
Aunque quizás, también, el director ha encontrado aquí su segunda oportunidad.
Porque de eso trata la película, de segundas oportunidades.
El protagonista es un joven músico, Daigo Kobayashi (Masahiro Motoki), que regresa con su devota esposa a la pequeña ciudad donde nació, tras ser despedido de la orquesta en la que trabajaba en Tokio, como violonchelista.
Buscando trabajo encuentra un anuncio en el periódico que le lleva a trabajar como amortajador, una profesión muy mal vista en Japón, donde tradicionalmente se consideran impuros los oficios relacionados con la muerte.
Así es que ante la despectiva y horrorizada mirada de su mujer y sus vecinos, Kobayashi se levantará en mitad de la noche para recoger cadáveres e irá aprendiendo los exquisitos rituales de amortajamiento japoneses. Y nos obligará a contemplar el detalle, la delicadeza y la dulzura con la que sus manos de músico, que antes acariciaban un violonchelo, envuelven, visten y desvisten, maquillan y perfuman los cuerpos de los muertos delante de sus familias.
Y en torno a este eje central de cadáveres, funerales y extraños olores, el director construye todo un recital de temas relacionados con la amistad, la pareja, las relaciones familiares y laborales y las dificultades para construir la armonía alrededor de uno mismo.
Pero al final, este drama, se vuelve comedia muchos ratos gracias a algunos toques de humor negro geniales. Y nos muestra un lado amable de la muerte que acaba convirtiendo la historia en un canto a la vida, en un equilibrio perfecto.
Por favor, no os la perdáis.
María Luisa Diez






Cuaderno de Bitacora: Barajas el dia de la nevada

Pues yo volaba el día 9, pero no volé.
Nos costó llegar al aeropuerto en taxi, a nuestro paso veíamos coches que se salían de la carretera y a algunas conductoras (¡claro!) llorando porque no podían manejar el coche en la nieve... Jaime hacía fotos con la cámara nueva que le trajeron los Reyes...
Nos hicieron bajar del avión cuando ya estaba a punto de despegar y me obligaron a recoger mis 120 kilos de equipaje (60 serían entre Ducados y jamón), que unido a mis 3 niños, 3 mochilas 2 peluches y una guitarra (los Reyes fueron generosos) hacían de mí una estampa lamentable...
Conseguí llegar al mostrador de KLM cuando la cola era solo de 4 personas y después de una hora conseguí un viaje para las 6 de la mañana (como me casé con un pijo, volábamos en Business y me trataron como a una reina...), en la cola me entrevistaron los de Europa Press, pero creo que no me sacaron en la tele, porque yo tenía cara de estar encantada, de salir en la tele, de decir que vivo en Japón y hasta de quedarme un día mas en Madrid(!), y en el telediario sacaron solo gente que se quejaba mucho (se notaba que no vivían en Japón... y que no conocen Madrid...) aunque sí sacaron a mis niños tirándose bolas de nieve a la entrada de la terminal...
Así es que metí mi equipaje en la consigna del aeropuerto gracias a la ayuda de una empleada que me miró y me dijo: "es que me das una pena...", aunque no consintió en meter a los niños con las maletas...
Nos volvimos a casa en metro, nos fuimos a las rebajas a comprar unas pocas cosas innecesarias mas y merendamos chocolate con churros.
Vi a todo el mundo muy estresado en los telediarios y los de KLM en Holanda me decían que no sabían que hubiera ningún problema con mi vuelo... los holandeses son casi tan optimistas como yo...
En fin, AENA aprieta pero Dios no deja que nos ahogue, y además me regaló un día mas en Madrid.
Mª Luisa

Vietnam

La mayoría de los occidentales no podemos evitar ver Vietnam a través de las películas de la guerra como Apocalypse Now. Pero este pequeño país de agricultores que en tan sólo un siglo ha derrotado a los ejércitos más poderosos: chinos, franceses y americanos, por fin, hace ya dos décadas que conoce la paz. Y parece impaciente por mostrarnos la belleza de sus paisajes, sus preciosas playas, sus ciudades bulliciosas, la amabilidad de su gente, y la más deliciosa comida de Asia.
Las guerras quedaron atrás y los vietnamitas parecen mirar al futuro sin rencor y con una nueva forma de ejército, en moto, compuesto por miles de jovencísimos hombres y mujeres, ellas con la cara tapada para proteger la blancura de sus rostros, impacientes por dar sus primeros pasos hacia el mundo moderno.
La sensación de calor y humedad que te reciben al bajar del avión se mezcla enseguida con el bullicio, los olores a comida de la calle y los montones de motos circulando, cargadas con montañas de variopintos objetos y, a veces, con familias enteras.
En Hanoi y Ho-Chi-Minh, las 2 grandes ciudades del país, se respira una mezcla de cultura francesa y china que tiene un aire de decadencia oriental, y en sus calles, la tradición vietnamita se mezcla con facilidad con la vida moderna. Vendedores de grillos, puestos de sopa y mujeres que llevan al hombro el típico balancín con cestos, conviven con acogedoras terrazas y cafés de influencia francesa que surgen como pequeños oasis en el caos.
Los vietnamitas decididamente viven en la calle, las calles están llenas de vida y las casas están abiertas a la calle, donde todo se vende, se cocina y se come: Deliciosa sopa Pho, crujientes rollitos, pescado fresco, cerveza recién hecha, café colado lentamente y pan.
Pero cuando uno se aleja del bullicio de las grandes ciudades, el paisaje de los pueblos y campos es de una belleza impresionante, los arrozales verdes e inundados se extienden hasta el horizonte, y el agua, elemento imprescindible, lo llena todo.
Merece la pena dar un paseo en bote por el gigante delta del río Mekong, al sur del país. Aquí, las inundaciones y las lluvias periódicas, lejos de provocar catástrofes, aportan riqueza a la tierra y al agua, y familias enteras viven, navegan, se bañan, pescan y venden de todo en los mismos barcos y en las orillas del río en una forma de vida única que ha surgido alrededor del agua.
Y por si todo este caudal de sorpresas y emociones no fuera suficiente, en el norte del país se encuentra una de las maravillas del mundo oculta al turismo durante siglos: la bahía de Halong, un paisaje único formado por más de tres mil islas salpicadas en el mar que, según cuenta la leyenda, creó un dragón al mover su cola. Un paseo en barco por este paisaje, casi irreal, es una experiencia inolvidable.
En fin, si buscáis un viaje inolvidable, Vietnam es el país.
M. Luisa Diez


Tropa de élite


Galardonada con el Oso de Oro en el Festival de Berlín, la acción transcurre en Río de Janeiro en 1997. El capitán Nascimento (Wagner Moura) forma parte del BOPE, un destacamento especial de la policía dedicado a combatir el narcotráfico en las favelas de Río de Janeiro. Con su primer hijo a punto de nacer, ha decidido buscarse un sustituto para dejar la primera línea cuando le encargan la misión de "limpiar" la ciudad de traficantes y delincuentes para la visita del Papa Juan Pablo II que ha decidido que quiere pasar la noche cerca de una favela.
Las películas brasileñas me parecen siempre sobrecogedoras, y esta no es una excepción. Es, sin embargo, una película original: no hay niños pobres jugando descalzos al futbol por las calles a ritmo se samba, los delincuentes son delincuentes y no “víctimas de la pobreza”, hay policías corruptos, pero también otros que son honestos, y los narcotraficantes se enriquecen porque hay consumidores de droga de clase media y alta que les financian sus armas de guerra y luego, esos mismos consumidores, organizan manifestaciones por la paz y fundan ONGs en las favelas.
El director Jose Padilha consigue combinar magistralmente el drama con el suspense, la acción y hasta el sentido del humor, para mostrar una realidad implacable que abre la puerta a un debate realmente interesante.
Resulta imposible apartar la mirada ante tal sucesión de acontecimientos atroces que dibujan un paisaje terrible y trágico en el que ningún estrato social, económico o político se salva de su valiente punto de mira, que activamente intenta eludir juicios morales.
Es una película compleja y honesta que se resiste a idealizar el bando de los oprimidos y se empeña en desterrar tópicos y en buscar la perspectiva global de un conflicto que, desde nuestro bienestar primermundista, tanto nos gusta simplificar.
Maria Luisa

La casa de las Bellas Durmientes

Yasunari Kawabata. Barcelona, Caralt, 2004. 155 pp.

Dice el autor de esta novela que algunas veces en la vida tenemos la sensación de haber asistido a un encuentro exclusivo con la belleza, y que la literatura no hace sino registrar tales encuentros...
Este libro narra la historia de una extraña y exclusiva posada situada en las afueras de Kioto, a donde acuden asiduamente hombres ancianos para disfrutar de la compañía de jóvenes vírgenes que permanecen a su lado durante toda una noche, desnudas y narcotizadas. El reglamento de la casa es implacable: los viejos no pueden tener relaciones sexuales con las jóvenes. A cambio los clientes sueñan y recuerdan las experiencias amorosas y sexuales de su vida y evaden el temor de tener que mostrar sus cuerpos decadentes. Es la historia de Eguchi, un viejo de 67 años.
Gabriel García Márquez, confesó que era la novela ideal que él hubiera querido escribir.
El escritor Yukio Mishima, definió esta novela como una "obra maestra de perfección formal".
La obras de Yasunari Kawabata (1899-1972), el primer japonés que ganó el Premio Nobel, unen la delicadeza con el vigor, y sugieren con exquisita elegancia una reflexión sobre lo más bajo de la naturaleza humana.
Es un libro conmovedor y triste, una mezcla de poesía, miedo, soledad, deseo, belleza y nostalgia, para describir un ritual lujurioso, prohibido y estremecedor, que transgrede las leyes morales en un intento desesperado de derrotar la decadencia que provoca el paso del tiempo, de derrotar a la muerte.
Es un libro sorprendente, inesperado, esotérico y absolutamente precioso.
Imprescindible.
Mª Luisa

Speaker´s Corner: Shodo

Estoy aprendiendo a escribir.
He iniciado el camino de la escritura.
Así llaman los japoneses a esto: SHO-DO (El sufijo DO en japonés significa camino o sendero, como en JuDO, KenDO y otras artes).
Japón adoptó la forma de escritura china en la que cada palabra es un ideograma (kanji), de forma que al escribir una palabra la están dibujando a la vez, y al leerla están “viendo” su significado.
Así es que esta actividad cotidiana, aprender a escribir, se acaba convirtiendo en un arte que requiere tanto la implicación del que escribe, como si el pincel fuera la prolongación de uno mismo, y el trazo, que debe de ser continuo y sin correcciones, reflejara el estado de ánimo del que escribe, sus emociones íntimas, su personalidad, su espíritu…
En fin, un arte que no solo persigue una finalidad estética sino la expresión de una emoción íntima…
Yo empecé con esto hace 2 años y sigo sin entender una sola palabra, soy capaz de explicarlo, sí, pero ver, lo que se dice ver, yo nunca veo nada.
Mi profesora insiste en hablarme del significado de lo que escribo, de la importancia de cada trazo, de la importancia del color de la tinta, que se consigue añadiendo más o menos agua, de la importancia del tipo de papel, más áspero o suave, de la importancia del silencio o de mi estado de ánimo… y yo sigo gastando más y más papel, más y más tinta, más y más energía repitiendo el mismo kanji una y otra vez…
Y ella: que si a esto le falta sentimiento, o le sobra, o este me parece aburrido o tiene demasiado “baile”, o que por qué has cambiado de estilo de repente...
Hasta que un día, por fin… lo ve…lo entiende y me dice ¡Lo hiciste!
Yo noto que le está gustando por la forma como respira mientras lo mira, como si le faltara el aire y recuperara el aliento al acabar el último trazo…
Y yo sigo sin entender nada de nada, ni por qué tantos de mis kanjis acaban en la basura y sólo unos pocos son dignos de ser enmarcados y contemplados…
Así llevo una “paz”, una “flor”, un “camino”, un “sueño”, una “energía”, un “volar”… un “nada” que significa todo… Varios de ellos orgullosamente expuestos en casa de mis amigos.
En mi última clase empecé un nuevo proyecto: kokoro, que significa corazón, mente...
Mi "sensei" lo dice así de fácil, como si yo tuviera que entender que corazón y mente son la misma cosa... y no profundizo en esta patada a la filosofía occidental…porque, total, puestos a no entender….
Ella me enseñó como escribirlo y me mandó a practicar…
Yo normalmente tardo 5 ó 6 días de clase en hacerlo como a ella le gusta, hasta que la oigo respirar de esa manera….
Así es que cuando esta vez le enseñé mis 3 primeros "borradores" y oí ¡Lo hiciste! casi me muero... ella se emocionó con lo rápido que capté el sentido, el significado, el espíritu...
Y... ¿Sabes qué? estoy de acuerdo... por primera vez desde que hago shodo lo vi.
En este kanji yo veo el corazón, lo veo, veo los ventrículos, las aurículas, la arteria aorta, la vena cava, veo la sangre fluir...
Se lo conté a ella y no entendió nada...
En fin...a ver que veis.
Me pareció una perla cultural, así es que lo quiero compartir con vosotros.
Ella se llama Noriko.
Mª Luisa Diez

Japón

Japón no fue nunca uno de mis posibles destinos de vacaciones: demasiado caro, demasiado lejos, poca playa, en fin, muy poco exótico para mi gusto...
Ya llevo 3 años viviendo aquí, y tenía razón, esto es caro y está lejos, y la lengua es imposible de aprender.
Pero visité opulentos templos budistas y sencillos santuarios sintoístas. Ascendí montañas sagradas. Paseé por jardines para pasear y contemplé jardines para contemplar, jardines verdes, jardines de piedra, jardines de musgo... Aprendí caligrafía japonesa y me pasé mañanas colocando 3 flores y 2 ramas de la forma mas armoniosa posible. Comprendí la naturaleza frágil y pasajera de la vida en una casa de te, y visité talleres de cerámica donde entendí la belleza de las cosas imperfectas, simples, naturales... Vi iglesias de cemento donde me contaron que el vacío es equivalente al infinito y viceversa...
Y por fin, un día vi a los japoneses... y vi como se tomaban la sopa...
" ...desde que destapas un cuenco de laca hasta que te lo llevas a la boca, experimentas el placer de contemplar en sus profundidades oscuras un líquido cuyo color apenas se distingue del color del continente y que se estanca, silencioso, en el fondo. Imposible discernir la naturaleza de lo que hay en las tinieblas del cuenco, pero tu mano percibe una lenta oscilación fluida, una ligera exudación que cubre los bordes del cuenco y que dice que hay un vapor, y el perfume que exhala dicho vapor ofrece un sutil anticipo del sabor del líquido antes de que se llene la boca. ¡Qué placer ese instante! ... es un placer de naturaleza mística, es un placer con un ligero sabor zen..." (El elogio de la sombra. J. Tanizaki, 1933)
Pues esto, todos los días...
En Japón, lo cotidiano se convierte en una experiencia espiritual y estética... mejor vivirlo.
María Luisa Diez