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Mi serie favorita: Breaking Bad

La fenomenal canción-resumen de Breaking Bad que hicieron los Cuates de Sinaloa para sus plebes dice “La ciudad se llama Dulles, Nuevo México el estado, entre la gente mafiosa su fama se ha propagado, a causa de una nueva droga que los gringos han creado. Dicen que es color azul y que es pura calidad […]. Y los dueños de la plaza no la pudieron parar […]”. Más o menos esto es lo que sucede en la serie que ha arrasado en la última entrega de los premios Emmy.
 


BB estira la cantinela de que todos tenemos un lado perverso, y que lo mejor que le puede pasar a quienes nos rodean es que la vida no nos ponga contra las cuerdas y emerja el lado oscuro. Walter White es uno de esos genios que viven arrinconados en el olvido por no ser un trepa y pagar lo que debe. White trabaja como profesor de química en un instituto y se viste de franela gris. Cuando le diagnostican un cáncer acompañado del peor de los pronósticos, se plantea cuál es su legado y el destino de su hipoteca y su familia: su mujer, la irritante Skyler, y su descendencia (que incluye a un hijo discapacitado). Es entonces cuando se despierta su ángel exterminador y, junto con Jesse Pinkman, comienzan a producir y distribuir un cristal azul que, dicen los Cuates, es de tal pureza que su fama llega a Michoacán. Por su parte, Pinkman es el ejemplo perfecto del inútil fracasado, hijo de la clase media de misa dominical que, tras haberse fumado y bebido el Misisipi, anda dando tumbos por la vida como vaca sin cencerro.
White y Pinkman tienen el atractivo de otras sociedades legendarias como “el Gordo y el Flaco”, aunque están impregnados del olor a ajo de los pueblos. El negocio que ponen en marcha tiene dos objetivos iniciales. Por un lado, garantizar un colchón que permita a los White sobrevivir al magro sistema de bienestar norteamericano (que no te pille un cáncer ni una viudez sin un buen seguro). Por el otro, que Pinkman pueda comprarse diecisiete iPhones. Después, como en esas noches en las que se sale sólo para tomarse una caña, llega el éxito.
Cada domingo, los White hacen alegres barbacoas con la hermana de Skyler, una ñoña con rebeca y tacones de aguja y su marido Hank. Éste es el mayor apoyo para Walter durante su enfermedad y el agente de la DEA encargado de desarticular las redes de narcotraficantes de todo Nuevo México. Hank, ante cuyos ojos pasa la vida, es un buen hombre, aunque pertenece al grupo de los que no han sabido llegar al siglo XXI con un concepto de la masculinidad mínimamente respetable.
Un pequeño spoiler, en algun punto la serie describe las relaciones entre las mafias de ambos lados de la frontera. Y lo hace a través de algunos de los malos más grotescos y delirantes que se han visto en la historia de esta sección de Viernes.
H

Mi serie favorita: Smash

Smash es la historia del montaje de un musical en Broadway. La serie no ha tenido el éxito que debería. Creo que en gran parte porque muy al principio parece otra historia para adolescentes que sueñan con NY sin salir de la M30. Cuando éstos se desengancharon, el resto la había descartado. Así, hace unos días ha terminado su segunda y última temporada. Sin embargo es una gran historia y, sobre todo, es muy entretenida incluso para quienes como yo, no somos muy de musicales, ni en Broadway, ni en la Gran Vía. La música (especialmente en la primera temporada) es buenísima. Y algunos de los actores también. Este es sobre todo el caso de Angélica Houston que sigue la tendencia de rescatar a viejas glorias del cine (por ejemplo Jessica Lange en American Horror Story) para (1) demostrar que también en el terreno de la interpretación siempre ha habido clases; (2) que la edad, también aquí, es un grado; y (3) que tampoco aquí el perfil de guapo garantiza la entrada en la clase más alta.
La trama central se centra entre la competición entre los productores (Angelica Houston y su ex-marido, que se tienen un odio fantástico), las actrices (Ivy y Karen, casi las protagonistas, aunque Smash es bastante coral), los directores artísticos y los guionistas. En todo este grupo de egocéntricos y desquiciados caben todos los perfiles: la actriz secundaria acomplejada y agresiva, la estrella retirada, la inocente novata que pierde la ingenuidad, el chulo engreído con más razón que un santo, los idealistas y los que padecen desde la barrera los delirios de quienes viven en una industria muy competitiva que exige superar obstáculos constantes: mantener su papel en la fase under-study, estrenar en cualquier tabuco, reestrenar en Broadway, obtener una buena crítica en el NYT, la nominación a los Tonys, ganarlos, mantenerse en cartelera... Y todo ello llevando una vida medio normal.
Como casi todas las series actuales, Smash usa el entorno de Broadway como una excusa para contar historias de siempre en contextos más bien extremos. Se habla en la primera temporada de los límites de la amistad, de los problemas de las parejas que se respetan demasiado, del fracaso profesional y de lo difícil que es aceptar que el talento escasea, especialmente si uno mismo ha salido escaso de este recurso y su único sueño es triunfar en Broadway. En la segunda temporada se mantienen algunas tramas y aparecen otras nuevas como la de competir con iguales y con gente querida (cuchillo/corazón).
Dos avisos. Que nadie se deje vencer por el tufillo a sitcom gay que parece que va a dominar en los primeros capítulos (a los gays, por fin, les pasan cosas tan "ordinarias" como a los demás). La segunda temporada cambia mucho de ritmo y de tono. Yo creo que para bien.
Por cierto, para ver una buena serie de adolescentes tardíos, Girls.
H.

Mi serie favorita: Culebrones norteamericanos: Suits y Scandal

En España los culebrones tienen como escenario principal la vida de las familias de clase media (Cuéntame) y en Sudamérica las de los latifundistas y sus sirvientes (no hace falta dar ejemplos). El boom de las series también ha propiciado la aparición de productos con aspiraciones mucho más limitadas que las grandes que se revisan en esta sección, pero que aún así son muy recomendables para quienes quieran engancharse a tramas enrevesadas y a historias de malos malísimos. Son los culebrones norteamericanos. De los que se pueden citar, recomiendo dos.
Suits es la historia surrealista de un joven superdotado que malgasta su vida haciendo las pruebas de acceso a la Escuela de Derecho de Harvard para los hijos tontos de los ricos. Un golpe de suerte le lleva a trabajar, como sí él mismo se hubiera graduado en derecho, en la mejor firma de abogados de Manhattan. Todos los personajes que habitan los corner-office son de lo más extravagante. Los casos en los que se ven involucrados siempre tienen algo de extremo. Las relaciones de amistad y enemistad entre ellos, especialmente aquellas en las que andan los malos malísimos, son rocambolescas y muy divertidas.
Quizás algunos piensen que Suits no es un culebrón en toda regla porque está algo por encima de ese umbral. Sin embargo nadie dudará que Scandal lo es en el sentido más literal.
Scandal es la historia de cinco desubicados sociales liderados por la impresionante Olivia Pope, una "solucionadora de problemas" profesional. Como suena. Por supuesto, los líos en los que se meten sus clientes no son nada cotidianos. Y sus perfiles muy alejados de los de la clase medida de Cuéntame. De hecho, Olivia, tiene unas relaciones muy propias de un culebrón venezolano con el mismísimo presidente de los Estados Unidos. Ella y los cuatro inadaptados con los que trabaja son unos imprescindibles de la vida oficial de Washington. En Scandal, el misterio es quién es el malo malísimo.
En resumen, estas dos series son muy aptas para quienes busquen engancharse a una serie ligera, sin que esto sea un demérito. Son series divertidas, con buena factura, buenos guiones y personajes muy bien hechos. Y sobre todo, sus tramas son más ágiles que las de las películas que están en el programa de la Filmoteca.
Héctor
 

Mi serie favorita: Shameless

Recién arrancada su tercera temporada en los USA, con una season premiere tan vertiginosa y delirante como nos tienen –mal- acostumbrados y donde las tramas principales se ramifican y renuevan en combinaciones harto apetitosas de seguir a priori, la historia de la muy disfuncional familia Gallagher (+ allegados) y sus infinitas tribulaciones en la batalla cotidiana por una supervivencia más o menos digna, continúa traspasando la pantalla con frescura y complicidad absolutas, gracias a un reparto en perpetuo estado de gracia pero también a la notable agilidad de su puesta en escena y unos guiones desaforados pero creíbles, que ya han logrado dejar muy atrás el juego de comparaciones con la serie británica original.
En Shameless, Chicago y sus múltiples ghettos superpuestos son el escenario de una guerra de clases en nada encubierta, donde la picaresca y el ingenio más callejero son obligatorios para los protagonistas de una narrativa que asume sin remilgos su papel en una sociedad al límite de lo soportable. Pero la asumida comicidad de lo grotesco, lo feo y lo escatológico no pueden con el verdadero alimento vital de sus existencias: el orgullo de pertenecer a un clan, en el que amor y dignidad no son, en modo alguno, conceptos abstractos. Los peligrosos delirios amorales del patriarca Frank, la estafa al sistema como relación laboral preferente (en palabras de Lip, el retoño prodigio: “Los blancos pobres solo salimos del barrio engañando”), o el aferrarse a un Sueño Americano que nunca ha funcionado como prometía (Fiona y sus trabajos basura, el autoengaño de las oportunidades con trampa): todo resultará llevadero mientras ese pegamento les mantenga unidos. Y en ese territorio frágil, nuestros anti-héroes de referencia han demostrado que saben moverse a la perfección. Disfrutemos de la experiencia.
Luis Avín
 

Mi serie favorita: Homeland

Empiezo con un aviso para los que no lleguen a leer el final de este post. Homeland es la serie que arrincona los argumentos de los serie-escépticos (“no tengo tiempo”, “me aburren los primeros capítulos”, “no me gustan los culebrones”, “me entretiene más hacer magdalenas”). Esta es para muchos, y yo comparto esa opinión, la serie total. Tiene una trama trepidante, un gran reparto (no demasiado mainstream, aunque sus actores principales ya son imprescindibles de todas las alfombras rojas), trata un tema de relativa actualidad, tiene un guión que da vueltas inesperadas y que no hace concesiones a la rutina, y una factura de cine, como las buenas series de las que se habla en Viernes.
El argumento y parte de la trama están inspirados en una serie israelí (Prisoners of War) pero según quienes la han visto, Homeland la mejora. El planteamiento es aparentemente sencillo y fácil de resumir: existen sospechas fundadas de que un marine secuestrado en Irak durante años por terroristas islamistas afines a Al Qaeda padece, tras su liberación, el síndrome de Estocolmo. Su vuelta de Irak plantea en el primer capítulo los retos que representa la reinserción a su vida de Washington y la forma en que su familia le recibe después de haberlo dado por muerto muy al estilo de Greystoke, la leyenda de Tarzán.
La clave del éxito de la serie está en la combinación de esa visión conspiranoica que de una forma u otra todos tenemos cuando pensamos sobre lo que pasa en las alturas y una narración de lo más convincente que casi hace creer al espectador que peca de realismo. Desde el principio se entrelazan dos mundos. El de Nicholas Brody, el ex-marine liberado, y el de Carrie Mathison, una agente de la CIA que además de inteligente tiene el sentido común y las intuiciones de los locos más cuerdos. En su mundo, Brody trata de sobrevivir a la memoria de su cautiverio, alimentando interrogantes en el espectador, su propia familia y toda la CIA sobre qué equilibrio hay en su cabeza entre los buenos y los malos recuerdos de su estancia en Irak. En Washington, su vida es inicialmente convencional, al menos en lo que respecta a su mujer e hijos que, tras haber llorado su pérdida, tratan de sobrellevar con normalidad su resurrección pasados los años. Desde su vuelta a casa, el país contempla maravillado la capacidad de superación de un hombre que cumple con todos los requisitos que se esperan del héroe americano: varón, blanco, patriota que no desiste, padre de familia, conservador en alguna medida y resignado al sufrimiento que le ha tocado vivir. Exhibiendo esas credenciales, Brody logra pronto pasear con soltura por los pasillos de la administración americana.
El mundo Carrie Mathison es el de los agentes de la CIA que viven bajo una estructura jerárquica casi paramilitar, y que llega a todos los rincones de su existencia dando forma a sus vidas personales de tal manera que nadie parece cuerdo del todo. Una célula de inteligencia se dedica pronto a seguir los pasos del popular Brody. La acción comienza pronto cuando Carrie detecta en él un comportamiento errático e incoherente, que muchos interpretan como lógicas secuelas de la tortura que vivió durante años y otros como evidencia de su vinculación con el líder terrorista Abu Nazir, la clave para garantizar la seguridad nacional.
La primera temporada es de una agilidad extraordinaria. La segunda la supera. Lo peor: la tercera no empieza hasta el 29 de septiembre
Héctor

Mi serie favorita: Freaks and Geeks

Esta serie se ha convertido ya en un clásico para los forofos de las series. En su momento no tuvo un gran éxito pero gracias al boca a boca se convirtió en serie de culto. Hecha en el 2000 pero ambientada en los años 80, esta serie de solo una temporada de 18 capítulos nos muestra la vida en el instituto de 2 hermanos. La hermana mayor, cansada de ser la hija y alumna perfecta, se junta en su último año con los mangantillos del instituto (los freaks). Su hermano pequeño es el típico rolero tímido con amigos rarunos, inadaptado social, especialmente si se trata de hablar con chicas (los geeks).
Es una sit-com bastante divertida y en la que empezaban actores jovencitos que ahora se han hecho muy famosos. De hecho, una característica de esta serie es que la edad de los actores es bastante similar a la de los personajes que interpretan, librándonos así de ver a casi treintañeros haciendo de chavalines, que da bastante grima. Los actores que pasan por esta serie son, por ejemplo, James Franco (especialmente buena la peli 127 horas, de un escalador que se queda atrapado por una roca) o Jason Segel (Marshall en Como conocí a vuestra madre) Linda Cardellini (enfermera en Urgencias) o John Francis Daley (el psicólogo de Bones) entre otros.
Importante también la banda sonora de esta serie. Grandes éxitos de la época, que tienen mucha fuerza en los distintos capítulos.
La serie nunca se emitió en España, así que hay que verla en VOS.
Para mi es una serie obligatoria. Se ve rápido, es ligera y desde luego fue un precedente al inicio de la gran moda seriéfila que ahora está en su clímax.
Laura

Mi serie favorita: American Horror Story

La explosión de las series ha logrado prácticamente su triunfo sobre el cine. Ahora que el mejor cine se hace en formato serie, todas las tramas pueden desarrollarse en cualquier escenario, incluso aquellos que hace unos años hubieran parecido un terreno de monocultivo para superproducciones de Steven Spielberg: el mundo de los zombis (The Walking Dead) o los vampiros (True Blood), los cuentos infantiles (Once Upon a Time), o las casas encantadas (American Horror Story). Por desgracia, a las series ambientadas en mundos fantásticos les falla el público prejuicioso que considera que sólo puede dar su tiempo a la narrativa más elevada: “¿¿¿Yo???... ¿Viendo una serie de fantasmas?”. ERROR: muchas de ellas tienen guiones que cuentan magníficas historias en las que lo fantástico es sólo una excusa para poder caricaturizar.
American Horror Story es una serie de terror para iniciados en el mundo de las series. Digo para iniciados porque, en cierta forma los argumentos de espíritus o maniacos que articulan la narración sirven para desarrollar entre líneas unos personajes muy bien construidos que te pegan a la pantalla de tu iPad. Con la segunda temporada sabemos que cada semestre la trama cambia.
En la primera temporada se cuenta la historia clásica de una familia americana de guapos de clase media que pasan por dos desgracias simultáneamente: viven la adolescencia de su hija y ocupan un caserón encantado. No resulta evidente la profundidad del encantamiento hasta bien mediada la temporada, pero de entre todos los problemas que los Harmon tienen dentro y fuera del recinto de su jardín, destaca uno muy pronto. Jessica Lange (Constance Langdon) es la vecina inquietante que irá poco a poco descubriéndoles el pasado de la casa y de sus inquilinos. Sin exagerar, creo que este personaje, con su mezcla de patetismo y dignidad, y la contradicción que supone vivir con una intensidad extrema todos los sentimientos humanos (incluida la lujuria), es uno de los mejores que he visto, tanto por los que le da el guión como por la interpretación. Su familia, esperpéntica, es un apoyo para los Harmon, especialmente Tate (Evan Peters), un adolescente rubio y guapete que es peor de lo que parece. Y así se van creando afinidades entre los Harmon y sus vecinos, que no dan puntada sin hilo. Desde el primer capítulo de la serie todo pasa por una razón.
La segunda temporada, que acaba de comenzar, se desarrolla en un viejo manicomio abandonado. Para gloria de la serie perviven en el reparto Jessica Lange y Evan Peters. Ella es ahora una monja católica que dirige el centro como una mezcla de piedra pómez y acero. Él es uno de esos ‘pacientes’ que sin verdaderas razones es ingresado en el centro con fines aún desconocidos. No es el único. Otros en su misma situación son una periodista a la que pierde su buen olfato, y una acusada de asesinatos en serie (Lizzie Brochère que hacía el papel más desquiciando en Big Love, serie de la que ya se habló en Viernes).
Recupero mi consejo general del principio. Que nadie se desanime porque la serie sea de fantasmas.
H.

Mi serie favorita: Treme

Por qué hablar de una pequeña serie como Treme? Porque sus creadores son los de The Wire? Ni siquiera habia visto un capitulo...  la serie que me ha conquistado como un amor de verano es una historia de músicos! pero será apenas una historia de músicos? Treme es un brillante combinado de 1/2 de música, 1/4 de ternura desencantada y 1/4 de amargura espesa, todo servido en un vaso de base gruesa y bien diluido con las aguas de los cielos y las lágrimas que trajeron.


La historia comienza pocos meses depues del Katrina y sus secuelas de destrucción, pillaje y muerte. El espíritu de resistencia individual, y en cierto modo colectivo, se mezcla com la inoperancia de la Administración en una ciudad reclamada por el fango, el lago pontchartrain y el gran Mississippi.
Rápidamente descubrimos que la postal aún existe: el French Quarter (construído por España irónicamente) está intacto y limpio y hay Bandas de música en las calles que tocan “When the saints…”. Lejos y cerca del escenario de teatro, en el barrio de Treme, las cosas no son iguales. La gente ha perdido sus casas y las que estan libres no pueden ser ocupadas por oscuros desígnios burocráticos… Los seguros pagan 400$ por perdidas de miles y miles, y la gente vive en caravanas o en el exilio de Houston o Bâton Rouge refugiados en su própio país, el más poderoso del mundo…
Nos presentan a los músicos: Un jazzista moderno que vive en NY y homenajea cada sábado a la ciudad que ama, un Indio del Mardi Gras que no sabe ser si no es en su ciudad; un loco DJ blanco que grita su ira, disfrazada de ironia, en la radio en la que trabaja y de la que hace que le echen dia si, dia también; el Holandés errante que ha echado raíces en la ciudad que le destruye y le dá la vida; la virtuosa neoyorquina que toca canciones tristes como “I don’t stand the Ghost of chance with you” y, por fin, el trombonista Antoine Batiste: mujeriego, liante, siempre a la cuarta pregunta y que es, al mismo tiempo tiempo, un fiel, apasionado, dulce y triste (blue) reflejo del alma (soul) y el caos (jazz) de esta pequeña ciudad que compite con un “continente” entero (Brasil) en la creación de “espíritu” sonoro.


Treme es una série sobre Nueva Orleans: la ciudad que es francesa y criolla; española y americana; negra y mestiza; la ciudad de la música y la miséria; la ciudad violenta que mata a los suyos con agua y con plomo, la que entierra a su gente con música; la que regala instrumentos a los nietos de sus músicos (ante la admiración de un japonés que encuentra identidad cultural en esa costumbre...); la ciudad que es una mujer como muy pocas otras, la ciudad que sueño sin nunca haber estado…
Sí, lo habeis adivinado, Treme es más que una serie, es algo personal…
Javier SJ

Mi serie favorita: Downton Abbey

La pasada noche, Downton Abbey se hizo con el premio a la mejor serie dramática en los National Television Awards en el Reino Unido. Este premio se suma al reciente Globo de Oro a la mejor Miniserie y a los seis Emmys que recogieron el pasado septiembre; entre los que se contaban el Emmy a la mejor miniserie y a la mejor actriz de reparto a Maggie Smith, por su papel de Violet, Viuda Condesa de Grantham, entre otros.
Pero no sólo de premios vive esta fantástica serie. La calidad de la historia, el guión, la cuidada selección del reparto y las ganas del público por ver buena televisión, han hecho de Downton Abbey una de las series de mayor éxito del momento.
La serie cuenta la vida alrededor de la familia del Conde de Grantham, así como del personal que trabaja en su casa. La historia comienza el día en el que se hunde el Titanic, donde mueren los herederos legítimos varones de Downton Abbey y con ello, del título de Conde de Granthan. El conde lo tenía todo previsto y había prometido en matrimonio a su primogénita, Lady Mary, con su heredero, de forma que las posesiones quedaran en la familia. Todo el plan se desarma de manera inesperada con el hundimiento del conocido transatlántico.
A partir de ahí los esfuerzos de la familia se centran en conocer al nuevo heredero, Matthew Crawley, que resulta ser un joven abogado que ejerce en Manchester. Al joven Crawley parece no seducirle en exceso la vida que su herencia y su futuro título le ofrecen. Tampoco se entusiasma por las muchas bondades de Lady Mary, sino más bien todo lo contrario. Lo que añade nuevos desvelos a Lord Grantham y a su familia.
A las historias de la aristocrática familia, se le unen las del servicio de la casa, donde encontramos: romance, envidias, amistad, lealtad y todo lo que se os ocurra.
El hecho de que la segunda temporada transcurra durante la Primera Guerra Mundial, hace que se ralenticen algunas de las principales tramas de la serie. Sin embargo, el final de la temporada recupera el excelente nivel con el que se presentó Downton Abbey en sus comienzos.
Es precisamente en el último capítulo, un especial de Navidad de dos horas, en el que suceden algunas de las escenas más esperadas por los espectadores – no las desvelaré - y dejan toda la intriga en su punto máximo para la tercera temporada, que la cadena ITV ya anunció que rodará para su estreno en septiembre de 2012.
No importa que hayan salido numerosos historiadores diciendo que la serie es pura fantasía y que nada tiene que ver con la realidad, que los trajes sean poco acordes con la realidad de la época –especialmente los del servicio, ya que al parecer en aquella época no eran tan aseados– o que las críticas hayan tachado esta última temporada de falta de argumento y de lentitud en el desarrollo de la historia, yo soy una fan incondicional de Downton Abbey y lo seguiré siendo.
Mi recomendación, si ya la habéis visto en español, es volver a verla en inglés. Las frases de la maravillosa Maggie Smith, en su papel de Viuda Condesa de Grantham -para mí uno de los mejores personajes de la serie- no tienen precio.
Si por el contrario, todavía no la habéis visto, no os la perdáis. Os dejará una sensación de “quiero más”, que sugiero saciéis con una revisión de Orgullo y Prejuicio, preferiblemente la miniserie de la BBC o cualquiera de las adaptaciones que ITV ha hecho de las novelas de Jane Austin. Con ello, conseguiremos hacer más llevadera la espera hasta que las historias de la familia Crawley y del resto de habitantes de Downton Abbey, vuelvan a nuestras pantallas, muy probablemente a comienzos del próximo año. ¡Feliz espera!
Ascen

Mi serie favorita: Big Love

La poligamia es una de las expresiones más repugnantes del machismo. Algunas sectas ultra-ortodoxas de mormones en Utah la practican. Sorpresa: se puede sentir simpatía por un buen-hombre que duerme en tres camas y convence a sus víctimas de que de esta forma conseguirán el pasaporte a la eternidad.
Big Love es una serie de esas que conocen los grandes serie-adictos, que recurren a la marca HBO buscando una apuesta segura. Quienes lo hacen no se equivocan, aunque esta serie requiere un visionado algo pausado, a diferencia de los clásicos (p.e. TGW) que aseguran caseras tardes de domingo para ver una temporada entera de golpe.
La trama se desarrolla tomando como transfondo el matrimonio entre Bill Henrickson y sus tres mujeres, residentes en Salt Lake City. Barb, la más sensata, es polígama como un hecho consumado; Nicky en cambio parece llevarlo en los genes (es la hija del profeta Roman Grant); Margene, por último, lo es por accidente, pero con el entusiasmo que tiene la gente poco reflexiva cuando se encuentra feliz. Esta familia desterrada de la reserva polígama de Juniper Creek mantiene relaciones esquizofrénicas con su entorno. Su vínculo con quienes permanecen en la comunidad, demuestra que los mormones viven, como el común de los mortales, en una imparable carrera por acumular dólares más allá de lo necesario para sobrellevar la vida terrena y garantizarse la salvación eterna. Dentro de la comunidad, algunos personajes secundarios resultan inquietantes: Lois, la madre de Bill, una amazona asqueada de su marido (que orina en el fregadero) y de sus hermanas-esposas; Wanda, la cuñada de Bill, una esquizofrénica envenenadora; Alby Grant, el hermano tonto de Nicky que aspira a suceder a su padre como profeta.
Con el mundo exterior, las relaciones son menos complejas, aunque no poco extrañas. Los polígamos esconden su condición a vecinos, compañeros de trabajo y clientes. Cuando son descubiertos reclaman sus derechos civiles como minoría e insinúan que las hiper-conservadoras iglesias de Utah son su Leviatán.
A medida que los Henrickson (y sus pobres hijos que ya pertenecen a la generación iPod) sobreviven a su entorno, el espectador que no conozca Estados Unidos más allá de las grandes ciudades costeras puede quedarse perplejo viendo historias de la América profunda sin moverse de su casa.
H.

Mi serie favorita: The good wife

Normalmente, cuando los europeos hablan del puritanismo de la sociedad estadounidense, tarda poco en aparecer el tópico de la sobre-exposición pública de infidelidades de los políticos que sucumben a la tentación sexual que su autoridad les pone en bandeja. ¿Son los gobernadores, o incluso los presidentes americanos, más proclives a estos deslices que los europeos? o ¿hay un efecto USA que explica la visibilidad de estos sucesos al otro lado del Atlántico? The Good Wife (TGW) convencerá a muchos de lo razonable de la segunda teoría.
Alabar la factura de esta serie es redundante cuando su tercera temporada ya se encuentra más que planteada. Pocas llegan a este umbral en un momento en que las productoras norteamericanas se han ganado al sector más exigente de los consumidores de cine que, por fin, reniegan selectivamente de las películas europeas que antes casi nadie se atrevía a criticar. Me ahorro por tanto hablar desde este punto de vista de una serie ya consagrada.
En una primera impresión, el espectador puede creer que TGW decepciona porque cobija todos los tópicos demócratas en torno a Alicia Florrick, la valiosa mujer del fiscal del distrito, madre abnegada y cornuda que supera en capacidad y honestidad a Peter, su estratégico y corrupto marido. Por ello podría parecer que el desarrollo de la serie es previsible. Sin embargo, cada temporada redefine por completo la trama central, manteniendo a los Florrick en el epicentro, gracias a unos brillantes personajes secundarios que merecerían un spin-off. De entre los que se mantienen en primera línea en las tres temporadas, sobresalen los principales socios del bufete de abogados que contrata a Alicia Florrick cuando su marido entra en prisión. Diane Flockhart es el modelo de éxito profesional que mantiene los valores casi filantrópicos del mejor progresismo norteamericano pero sin despegarse del suelo. Will Gardner es un atractivo abogado fanático del basket y el béisbol, con un pasado emocional a la altura de su fea nariz. Pero estos no son los únicos satélites del guión. Cari Agos es el joven trepa y sin principios salido de Harvard que, temporada tras temporada, crece por encima de su aburrido rol inicial (recordar al espectador el mérito de Alicia al empezar su carrera teniendo ya dos hijos quinceañeros). Kalinda Sharma, por último, es la detective lesbiana de origen indio que podría desarticular una red de mafiosos peludos sin alargarse la minifalda y que, sin embargo, resulta perfectamente creíble.
La interacción entre éstos y otros personajes de presencia más efímera cuenta dos historias fundamentales. La primera trata sobre algunos intemporales de la narrativa como la soledad que implica el éxito o por qué el dinero y el poder complican, según parece, los grandes sentimientos. Que nadie se desanime. Los guionistas de la serie hacen pensar en ello sólo cuando alguien te pide que escribas unas líneas sobre TGW.
La segunda historia es más mundana y exótica para quienes sólo hemos oído hablar de los grupos de presión en Estados Unidos. Las referencias a los lobbies en un país como el nuestro pensamos fundamentalmente en los constructores u organizaciones de otros colectivos profesionales a los que llegó el dinero antes que la cultura. Sin embargo, la política norteamericana es, según cuenta TGW, un entramado de alianzas profesionales y económicas que supera las provincianas fronteras de los partidos políticos europeos. No hay límites en el discurso de un asesor de campaña que en vísperas del Yom Kipur jura a la vez que no hay nadie más amigo de los gays y de Israel que su corrupto candidato.
Mientras todo transcurre, los abogados de Flockhart y Garder resuelven un caso por capítulo, lo que contribuye a hacer de TGW un gran retrato del sistema judicial estadounidense y una variada aproximación a aspectos menos conocidos de la actualidad americana.
Héctor

Mi serie favorita: Los Soprano

Los Soprano: Simpatía por el diablo
Me reconozco ciertas veces obsesivo; aprovechar la jornada de verano y las noches (y algunos días) vacacionales para ponerme 80 horas frente a la tele es un ejemplo. Lo que ocurrió es que el videoclub de mi pueblo tenía una buena oferta y también soy de esos que no pueden resistirse a ellas. Me zampé las seis temporadas completas de Los Soprano de la misma forma que algunos deciden finalmente leer ese libro gordo del que han oído hablar tan bien pero que daba tanta pereza. A priori sólo sabía que era una serie de mafiosos y a pesar de mis reticencias con el tema, razonables, le di una oportunidad y me consumí en ella.
No es mal símil comparar una serie de televisión de estas características con un libro, o una película o cualquier producto de consumo cultural. Aparte de ser considerada una de las mejores series de todos los tiempos gozando del favor de crítica y público, Los Soprano ha trascendido al hecho televisivo; El New York Times dijo de ella que era "probablemente la mayor obra de la cultura popular estadounidense de los últimos 25 años", enfatizando que en la cultura popular entran todas las formas de creación artística. ¿Por qué? Quienes la hemos visto sabemos la respuesta o por lo menos lo creemos. Esto lo escribo para lo que no se han atrevido aún. Los Soprano son el Crimen y castigo de nuestra era, una de las obras maestras más extensas de la historia contemporánea (extensa si se compara con el tiempo de contemplación de un cuadro, el visionado de una película o la lectura de un libro). Lo visible son los trapicheos de una familia mafiosa italoamericana; lo que subyace es la condición humana, la hipocresía de nuestra naturaleza y un cuento que pone contra las cuerdas la moral de nuestro tiempo y puede que la nuestra propia. Esto es porque la historia la vemos con los ojos del "malo", de aquel con el que no podemos identificarnos, cuyos valores son del todo inadmisibles y que no podemos compartir de ninguna manera. ¿Del todo? ¿De ninguna manera?
No solo recomiendo verla porque es muy buena. Recomiendo verla ahora cuando las referencias espacio-temporales son todavía recientes (la serie se emitió entre 1999 y 2007 y transcurría en tiempo real). Pero aún cuando la historia se mueva por momentos o paisajes que se nos antojen distantes, el mordaz dibujo de unos personajes moralmente ambiguos en una sociedad sin esperanza de redención y sin conciencia de ello la convierten en perenne. Me habré pasado? Puede, siempre que me obsesiono con algo, pierdo la objetividad
·W·

Mi serie favorita:The Wire

Ya sé que lo dije el viernes pasado, pero The Wire si que es, de verdad, la mejor serie de todos los tiempos.Hay que rescatarla del videoclub, porque en España se acabó en 2008, y solo se emitió en cadenas de pago y a deshoras, aunque después de verla me entran unas ganas irresistibles de comprarla y ponerla en la sección de Tragedia Griega de mi biblioteca....
La acción transcurre en Baltimore, la que fue la segunda ciudad más grande de EE.UU. (tras Nueva York) hasta mediados del siglo XIX para convertirse después en una especie de vertedero del sueño americano.
The Wire va diseccionando en sucesivas temporadas la ciudad de Baltimore capa por capa, y nos ofrece un tratado sociológico acerca de la corrupción humana desde las ópticas del tráfico de drogas, las aduanas portuarias, la justicia y la política. En fin, la vida misma, en cinco entregas.
The Wire rezuma autenticidad en cada escena, pero no es una serie para “todo el mundo”, no tuvo demasiado éxito comercial, y creo que no ganó ningún premio, así es que hay que aceptar el reto cuando los primeros episodios son algo lentos y áridos, y los personajes hablan de una forma tan incomprensible como si les importara un pimiento que los espectadores les entendamos o no... vamos, ellos hacen su vida como sino existiéramos. Así es la vida. Aunque es difícil no enamorarse de unos personajes inolvidables que se comportan como personas reales, con sus virtudes y defectos, y no como los héroes y villanos infalibles a los que estábamos acostumbrados en las pelis policíacas.
Y es que The Wire te atrapa, te suelta en las calles de Baltimore y te permite acompañar a los drogatas, a los pequeños y grandes narcotraficantes, a los policías y a los políticos, te obliga a compartir su vidas, sus pequeños triunfos, sus frustraciones y sus causas perdidas. Y es todo el tiempo impredecible, nunca te imaginas cómo puede acabar, bueno, en realidad os contaré el final: los buenos no ganan, no pueden ganar más que batallas pequeñas y parciales, para que al final todo siga como era, o solo un poco mejor, bueno, algo es algo.
Esta serie invita a un viaje como en las mejores historias de la literatura, como en Cien Años de Soledad, no te importa el final, solo quieres que siga el viaje....
No os perdáis la oportunidad de conocer a Omar Little, el “malo” mas encantador de todos los tiempos (lo dijo Barak Obama en la tele y armó un escándalo)
Y un consejo, vedla en versión original, el Inglés de los jóvenes afroamericanos es un tesoro, y su acento, la auténtica banda sonora.
En fin, saludos desde Baltimore, aún me quedan 2 temporadas por delante...
ML


Mi serie favorita: Mad men

Empecé a ver esta serie porque me dijeron que ciertas series eran como cine....
Entonces leí esta crítica: Con la emisión, el lunes pasado, del último episodio de Mad Men , el cine como concepto se queda tan pequeñito, tan solo él con sus 100 minutos, con sus efectos especiales, con sus palomitas, que no hay con qué comparar a Mad Men.... Quizá dentro de unos años, veinte o cincuenta, podamos decir de una película "Fui al cine a ver tal cosa, y lo que vi casi, casi, estuvo a la altura de Mad Men". No confío tanto en el cine, pero ojalá.
No me digáis que no es todo un reto para un amante del cine.
Así es que me puse a ver la primera temporada.... Y no pude parar.
La serie hace un repaso de la historia de los Estados Unidos en los años 60. Un momento de profundos cambios en la sociedad americana.
A grandes rasgos trata de un grupo de hombres (los “Mad Men” del titulo) que trabajan en una agencia publicitaria en la Madison Avenue neoyorquina. El personaje principal es Don Draper, director creativo de la agencia, y la serie describe las relaciones que este tiene con sus compañeros de trabajo, sus amantes y su familia. Aunque en realidad, todos los personajes son importantes y tienen algunas historias turbias que contar y algunos gestos que nos parecen admirables en otros momentos. No es una serie en la que podamos hablar de personajes “buenos” y “malos”. Aquí cada uno tiene sus defectos y virtudes, aunque la mayoría de las mujeres que aparecen ejercen de “florero” y la mayoría de los hombres tienen las mismas grandes cualidades: machistas, racistas, adúlteros, alcohólicos y lo peor de todo… ¡fumadores!
Aunque a mí, lo que me parece fascinante de la serie, es que casi podría ser considerado cine fantástico, porque nos traslada a un mundo que casi es desconocido para nosotros, habitantes del siglo XXI, un mundo donde las formas son lo mas importante (peinado, ropa, coches...) y sin embargo se considera normal practicar el adulterio, tener un harén de secretarias para ejecutivos, beber en el trabajo, pegar a los niños, fumar delante de bebés, violar a tu novia y alardear de ser racista o misógino sin mostrar el mas mínimo sentimiento de culpa. Todo eso pasa continuamente en Mad Men...
Así es que me pregunto si el éxito de la serie de debe a que, desde nuestra perspectiva y nuestros valores del siglo XXI, provoca una cierta e insana nostalgia de que hubiera tiempos en que todo estaba permitido (para los hombres, quiero decir...) y al mismo tiempo una especie de satisfacción que nos incita a felicitarnos por el progreso y la sofisticación que hemos conseguido en los últimos 40 años y que nos ha llevado tan lejos de esos bárbaros...
...Tan lejos que nunca vemos ni podríamos ya soportar ni entender esas actitudes machistas y a nadie ya se le ocurriría fumar “cerca” de un parque infantil...
En fin, inquietante.
No puedo esperar a la quinta temporada.
Maria Luisa