Calata Ponticello a Marechiaro, 32.
Posillipo. Nápoles http://www.trattoriadacicciotto.it/
Cuando pisé Cicciotto por primera vez supe que algún día formaría parte de ULM en Viernes. De hecho, recuerdo que Antonio se rió de mí porque desde ése primer momento pedí información del lugar, como si fuera una crítico gastronómica. La verdad es que debí representar bien el papel, porque tambíén recuerdo al dueño desviviéndose en darme información y mostrándome fotos de Canavaro allí o sms en los que le decía lo mucho que echaba de menos su comida...
Es inevitable que los lugares nos retrotraigan a situaciones o recuerdos vividos, a mí Cicciotto me lleva a un momento de mi vida del que jamás me hubiera gustado salir. No creáis no ha pasado tanto tiempo, sólo han pasado cosas.
Pero Cicciotto sigue allí y es muy recomendable. Situarse es fácil de imaginar: en la Bahía de Nápoles en la costa de Marechiaro, con el Vesubio hibernando al fondo como un guardián que mira de reojo.Una noche como ese mar de clara, con una vela como única iluminación de la mesa de una taberna a pie de playa. Bueno en realidad no hay tanta intimidad, porque como en casi todas las esquinas de la ciudad y, en este caso ejerciendo de carabina iluminada, hay un altarcillo con una Virgencita típica napolitana que vigila en silencio.
La escena, que por sí sola es suficiente para recomendarla se completa con uno de los menús más exquisitos que jamás he probado: el marisco privilegiado y la pasta, cómo no, una obligación, pero lo que realmente destaca es su pescado crudo, ¡delicioso!!. Sólo nos faltaron nuestros compañeros de viaje, pero ellos estaban velando por su tesoro más preciado de rizos rubios y sonrisa interminable, seguramente algún día podamos reemprender nuestros viajes y os narremos juntos algún lugar en el mundo, aunque ahora sean comidas sanas en vez de escenas folclóricas.
Es inevitable que los lugares nos retrotraigan a situaciones o recuerdos vividos, a mí Cicciotto me lleva a un momento de mi vida del que jamás me hubiera gustado salir. No creáis no ha pasado tanto tiempo, sólo han pasado cosas.
Pero Cicciotto sigue allí y es muy recomendable. Situarse es fácil de imaginar: en la Bahía de Nápoles en la costa de Marechiaro, con el Vesubio hibernando al fondo como un guardián que mira de reojo.Una noche como ese mar de clara, con una vela como única iluminación de la mesa de una taberna a pie de playa. Bueno en realidad no hay tanta intimidad, porque como en casi todas las esquinas de la ciudad y, en este caso ejerciendo de carabina iluminada, hay un altarcillo con una Virgencita típica napolitana que vigila en silencio.
La escena, que por sí sola es suficiente para recomendarla se completa con uno de los menús más exquisitos que jamás he probado: el marisco privilegiado y la pasta, cómo no, una obligación, pero lo que realmente destaca es su pescado crudo, ¡delicioso!!. Sólo nos faltaron nuestros compañeros de viaje, pero ellos estaban velando por su tesoro más preciado de rizos rubios y sonrisa interminable, seguramente algún día podamos reemprender nuestros viajes y os narremos juntos algún lugar en el mundo, aunque ahora sean comidas sanas en vez de escenas folclóricas.
Ana Vico
