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Speaker´s Corner: Desde el balcón de Génova

Cuando tienes un proyecto, un objetivo bien definido, el horizonte es claro: ¡conseguirlo! Hacer todos los esfuerzos necesarios para cumplir ese objetivo. Cuando lo consigues… hay tres posibilidades: la primera, la plenitud total del trabajo bien hecho y el proyecto realizado. La segunda, el vació existencial de encontrarte frente a un abismo, frente a la nada porque todo lo que hacías tenía un sentido y ahora ya lo has conseguido. Entonces viene la pregunta ¿qué hacer el día después de conseguir tu objetivo? Y una tercera opción, que es una mezcla de las dos, un sabor agridulce de conquista y pánico al abismo del futuro. En este caso, el peso de la responsabilidad nos coloca en esta tercera opción.
Vivir una noche electoral, si estás metida “en ese mundo” es emocionante! Aunque algunos puedan decir “bueno, pero ya se sabía”, hasta que los resultados no se materializan, hasta que no hay datos oficiales, “nada se sabe”. Vives la emoción del momento, la espera de un buen resultado, la “deseada recompensa” al trabajo de tantos años, de tanta gente.
Y de pronto, las estadísticas empiezan a materializarse y te encuentras ante la victoria, ante el sueño hecho realidad… Y ves que ya no es un deseo, que no es sólo un sueño sino un hecho. Te das cuenta de que los papeles, las propuestas, las cuestiones que has intentado responder en estos años deben hacerse realidad. Y ves el abismo.
Estás en un balcón, con una multitud feliz, que te transmite esperanza, alegría. Y sientes la ilusión y las ganas de “hacer bien las cosas”, al menos de probar a hacerlas de otra forma. Pero esa ilusión, la sonrisa “ilusa” –porque ilusión tiene muchas acepciones…-, se convierte en un nudo en la garganta difícil de tragar.
Ese balcón simboliza la victoria, pero también el abismo de llegar al poder, el reto de levantar un país hundido en una profunda crisis. El desafío de plasmar propuestas en leyes y políticas reales y de ver siempre, detrás de cada papel, de cada artículo de cada ley, de cada decisión, el rostro humano de la gente, los ciudadanos a los que todos los políticos se deben.
Pilar Ponce

Kashmir, la India desconocida

No es fácil llegar a la provincia de Cachemira: es una zona de conflictos con Pakistán, está alejada, las montañas, etc. Sin embargo esta provincia está compuesta de rincones fabulosos, los lagos, las montañas, etc.
Comenzamos por Srinagar, capital de la provincia. La vida de Srinagar gira en torno al gran lago. La gente vive en los barcos! Allí tienen sus tiendas, los hoteles, etc. Pudimos alojarnos unos días allí y fue una experiencia maravillosa. El hecho de estar tan alejados y ser una mezcla de razas, lo hace un sitio especial.
Desde allí salimos al Himalaya, una parte de esta cordillera pasa al norte de Cachemira. A penas llegamos a los 4.000m o algo más, no es una de las partes más altas del Himalaya, pero dio para apreciar la grandeza: te sientes… ¡muy cerca del cielo! Los lagos que provienen de la cordillera con un agua cristalina, pura. Los grandes árboles, las montañas y la gente que vive allí y conoce la zona… ¡gitanos! Sí, sí, los gitanos, gipsy. Allí nos quedamos unos días viviendo en los campamentos gitanos, comiendo su comida, montando sus caballos (que más bien eran burros grandes…), disfrutando de su música y de su hospitalidad.
Paisajes y personas, dos componentes perfectos que hace de Kashmir (o Cachemira) una de las provincias más fantásticas de la India.
Pilar Ponce

Yemen, el pais de las mil y una noches

Desde hace unos años, Yemen se ha convertido en un tema habitual en la sección internacional de prensa: terrorismo, secuestros... Hace poco, leía con amargura declaraciones de americanos y británicos sobre la seguridad en Yemen… parecía que estaban cerca de bombardear el país… Espero que no suceda. Y lo deseo de una forma bastante egoísta, ya que lo primero que viene a mi cabeza son las maravillas de Yemen, la ciudad vieja de Sanaa, Shibam... y es que es una belleza y una cultura que todo el mundo debería tener siempre el derecho de disfrutar. Sin embargo, desde hace años el turismo en la región no está recomendado y sólo algunos “arriesgados” pueden disfrutar de las bellezas del país. No voy a convertir el artículo en uno de “política internacional”, pero sí dejar esa reflexión abierta y traer a Viernes las maravillas de Yemen a las que no tenemos acceso.
La ciudad vieja de Sanaa.Su visita todavía no está prohibida y sólo por Sanaa, merece la pena visitar el país. Desde que llegas a la principal puerta de entrada a la ciudad vieja, te das cuenta de que aquello es otro mundo: la fortaleza, sus calles, los mercados, las casas, la ebanistería de puertas y ventanas… todo es delicado, cuidado, como en un cuento de las Mil y una Noches. Pareciera que en algún momento, Sherezade va a aparecer detrás de ti para ofrecerte un té y contarte otra historia más.
Los Hamman de la ciudad, el té, la orfebrería de herencia judía, el olor de las especias en el mercado, la gente con los vestidos típicos que todavía mantienen, cada detalle de la ciudad vieja merece la pena. Dicen que hace años todas las mujeres se vestían con los velos típicos de Yemen y que era un impresionante abanico de colores. Ahora, desgraciadamente, sólo se ven los velos-burkas negros. Recuerdo con ternura y dolor una escena a la entrada de la ciudad vieja: yo estaba con mis cuatro amigas, sentadas en lo alto de la fortaleza haciéndonos fotos, colocándonos los velos de forma más folklórica que necesaria, bromeando... Debajo, en la plaza de la entrada, vimos a cuatro chicas jugando y riendo, las cuatro con los velos negros. Me guardo mis pensamientos, cada uno, que reflexione por él mismo…
¿Un capricho? Un zumo de limón viendo la puesta de Sol desde la terraza uno de los hoteles de la ciudad. La llamada a la oración acompañará ese momento, haciéndolo mágico.
Wadi Dhar o el Palacio de la Roca. Está situado a unos 15 km de Sanaa, es de fácil acceso y de una increíble belleza. Fue construido en lo alto de una enorme roca en 1786 por orden del Imán Mansour Ali Bin Mehdi Abbas. En los años 30 el Imán Yahya Hameed Al-Din añadió las plantas superiores y los anexos y lo utilizó como lugar de descanso. Además de lo impresionante de la construcción en la roca, la belleza de su ebanistería y sus vidrieras con cristales de colores nos trasladan a mundos lejanos. Y este palacio no es una excepción, la mayor parte de las casas de Yemen (aunque no estén en una roca y sean menos suntuosas) son de este estilo rascacielos de las mil y una noches.
Thulla, Kaukaban-Shibam, Al Mawit, Manakhah, Al-Hajjarah. Son pueblos o pequeñas ciudades a menos de un día de distancia de Sanaa. Es una visita fácil y recomendada. Allí podréis apreciar las maravillas del interior de Yemen, sus gentes, sus bailes típicos, la comida, etc. Aprovechad los mercados y la actividad de sus plazas. Cada rincón es un desafío y una “maravilla” a descubrir.
Nos quedan muchos más sitios que visitar: Taiz, recogida por Pasolini en sus películas, capital de Yemen en el siglo III; la isla de Socotra, en el Índico, Patrimonio Natural de la Humanidad, Shibam, considerado “el Manhattan del desierto”, Marib, Aden, etc. Y por ultimo, es imprescindible informar a la Embajada de España en Yemen –os harán sentir como en casa- y escuchar sus recomendaciones. Allí es bastante fácil jugarse la vida y es necesario que alguien con autoridad sepa dónde estáis en cada momento.
Pilar Ponce

ULM: Restaurante Doña


913 192 551
Calle de Zurbano 59
Una de las mejores “sorpresas culinarias” que he tenido recientemente ha sido el restaurante “Doña”. Situado en la calle Zurbano 59, en Madrid, “Doña” ofrece una deliciosa cocina mediterránea con toque de autor. Una excelente variedad de arroces que sólo podríamos tomar en la costa valenciana, pescado fresco y sabroso, carnes a la brasa y antes de esto, una excelente variedad de entrantes y primeros que traen a nuestra boca los sabores del Mediterráneo, tanto de las costas españolas, como de las francesas, italianas, etc.
Su decoración y los colores blancos y azules, nos permiten viajar en cuestión de segundos a las costas del Mare Nostrum. El servicio, impecable y el precio, adecuado, no supone un exceso.
Si me permiten una sugerencia, prueben el Salmón tártaro con mango o el Atún tártaro con aguacate, uno de los mejores que he probado, sólo comparable con los que se encuentran en París, Marsella o Niza. Si lo prefieren, pueden tomar una rape a la plancha o la bilbaína, o un delicado atún a la plancha, ligero y con sabor a Norte. Lo podrán acompañar de un buen Rueda o de cualquier otro vino, ya que la vinoteca de Doña es muy completa y variada.
Dejen un hueco para los postres, ya que las tartas caseras son un auténtico placer para el paladar.
¿Se les hace la boca agua? Pues no pierdan la oportunidad de visitarlo y degustar tan apetitosos manjares.
Pilar Ponce

Harar, puerta de Oriente

Situada al este de Etiopía, en la frontera de Djibouti, a unos 70 km del Mar Rojo, Harar es una de las ciudades santas del Islam, la puerta de África al mundo árabe, punto de encuentro de culturas, colores, olores y sabores de los dos continentes, Asia y África.
Incluso en un país tan variado como Etiopía, resulta raro llegar una ciudad como Harar. Si cerramos los ojos y les volvemos a abrir ahí, podríamos pensar que ya cambiamos de continente, que estamos en Oriente. Sin embargo, sigue siendo África. Sus calles estrechas y serpenteantes, los colores de sus casas, blancas, azules, verdes, moradas, te hacen pensar en una pequeña aldea donde se narró algún cuento de las Mil y una noches.
La ciudad de Harar está envuelta por el olor del café hararí -de los mejores de Etiopía y por consiguiente, del mundo-, de las especias y por una muralla construida en 1520 por el emir Abu Bakr. Dicen que estos muros no fueron penetrados por cristinos hasta 1854, cuando el explorador inglés Richard Burton entró en la ciudad y la abrió al comercio (ármenos, indios, franceses, ingleses, etc.)
Harar ha hospedado a personajes muy diversos, desde el ya mencionado Richard Burton hasta Ras Tafari –el Emperador Haile Selassie, originario de Harar-, y el ilustre poeta francés Arthur Rimbaud. Tanto la casa de Ras Tafari como la que fue habitada por Rimbaud se pueden visitar ahora, convertidas en museos que alojan recuerdos de estos personajes y de los que ahora habitan Harar, como los cuadros del pintor español Carlos Mariné, que reside desde hace años en esta ciudad de ensueño. En la casa de Rimbaud se mezclan estilos y vivencias, ya que en su origen era el palacio de unos comerciantes hindúes. Resulta difícil imaginarlo de otra forma. El Palacio de los Reyes, de color verde /azul turquesa, parece sacado de un cuento y, como parte de esta cultura de colores, muy distinta a la del resto de Etiopía y que te muestra otra forma de ver la vida, en un paseo por Harar, no podemos pasar por alto las tumbas islámicas, una especie de igloos que comparten el color verde/azul turquesa del antiguo palacio real.
En el mercado, se puede encontrar el mejor incienso de Etiopía, especias, camellos, todo tipo de carnes, etc. Eso sí, depende de lo que busque, tendrá que ir a un mercado u otro. Se encuentran en diferentes zonas y con diferentes productos el mercado ortodoxo y el árabe.
Por la noche, es ineludible la cita con las hienas. ¡No se vayan a asustar! Son hienas… digamos… domesticadas, muy bien alimentadas y, según dicen, más pequeñas que las salvajes. A las afueras de Harar, fuera de los muros de la ciudad, pueden darlas de comer con el famoso “hombre-hiena” y sentir un poco de adrenalina con “ese riesgo”.
Para dormir, hay varias casas típicas hararís preparadas para acoger a los turistas. Están más limpias y merecen mucho más la pena que los pocos y destartalados hoteles que hay en la ciudad. Las casas tienen un estilo especial, árabe-hararí, con grandes salones llenos de alfombras donde recostarse a tomar el té y hablar durante horas, pequeñas habitaciones con celosías de madera y… como parte de la tradición hararí, las paredes llenas del ajuar de las mujeres de la casa. Forma parte de la tradición colgar el ajuar en el salón de casa para que todo el mundo pueda verlo. Resulta un poco “todo lo que ves es todo lo que tengo”, pero tiene un sabor especial… oriental.
Algunos de los manjares a degustar en Harar son los “tibs shekla” (especialmente los de cabra), carne frita con tomate, cebolla y pimiento verde picante con Enjera; y un desayuno de Haser ka’ah (una especie de té hecho con la cáscara de los granos del café) con Fatira, una especie de tortita con miel. Además, existen unos pestiños con huevo y sabor a churros que, aunque descritos así parezca un poco raro, tienen un sabor delicioso. Digamos que es una especie de hojaldre relleno de tortilla francesa, más delicioso en el paladar que en esta descripción.
Pilar Ponce

Sabina: Vinagre y rosas


“…pero siempre hay un concierto de Sabina que paraliza Madrid…”

El pasado 15 de diciembre Sabina volvió a paralizar el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, empezando un impresionante concierto con este tema que nos regaló en su disco “Nos sobran los Motivos” inspirado en el clásico “Pongamos que hablo de Madrid”.
Su nuevo disco “Vinagre y Rosas” nos muestra un Sabina más personal que nunca. Diría que es el “amigo Sabina”. La historia del disco es un viaje a Praga de Sabina con su amigo, Benjamín Prado para consolarle por una ruptura amorosa. Personalmente, me alegro del disco, pero ya siento que todos nos hayamos enterado así del fracaso sentimental de Benjamín Prado… Bueno, al final de cuentas, gracias a eso hemos visto en acción a “Sabina – amigo - confidente”, bravo!
Personalmente Sabina y… ¿asientos numerados? Cuando compré las entradas para el concierto, no entendí muy bien esto de los asientos numerados… pensé que sería una forma de contar a los asistentes, la verdad. Luego me enteré de que en esta nueva etapa, ese Sabina “más personal que nunca”, ha organizado los conciertos con el público sentado, volviendo a su más auténtico “poeta urbano”. Lo respetamos… pero no lo compartimos… al menos no durante todo el concierto, ya que después de algunos de sus clásicos… todo el pabellón se puso en pie a bailar y a cantar con Sabina. Era de esperar…
Después de su experiencia “a dos” en el escenario, a “Dos pájaros de un tiro”, parece que nuestro querido Sabina se sentía solo… así que para su nuevo CD decidió hacerse acompañar por dos pájaros más… Pereza. Los de Madrid, ¡fabulosos! Y el trío Pereza+Sabina, un deleite para los oídos… y para muestra “Tiramisú de Limón” el primer tema de este disco, propiamente Sabina, en el que además colabora Guti, amigo del cantante del Atlético y responsable del “trío de pájaros”.
Si pensamos en “Días de Vino y Rosas” y “Vinagre y Rosas”… lo cierto es que me parece más coherente y realista este segundo título, que engloba lo divino y lo absurdo de nuestra existencia, ese convivir que tienen las cosas comunes, entre el dolor y el placer, entre la alegría y el desengaño, entre el agrio vinagre y las rosas de terciopelo.
¿Un buen regalo de Reyes? El CD+Libro de Sabina, Vinagre y Rosas, para poder comprobar con calma el resultado de los tríos de pájaros de Madrid (que no de Portugal…) y de lo que es capaz el amigo Sabina. Y si queréis revivir el concierto, Madrid tendrá una nueva oportunidad el 20 de junio. Después de la Gira en el Cono Sur (Argentina, Chile, etc.), Sabina vuelve a España con la gira del nuevo disco en nuestra primavera –verano.
Por cierto, para completar la música, está ya a la venta el libro de Benjamín Prado que es el “cuaderno de bitácora” de este viaje, “Romper una canción”, altamente recomendable.
Pilar Ponce






Cabo Verde: Un paseo por las "Ilhas da Morabeza

Cabo Verde es conocido como las “Ilhas da Morabeza”, por el carácter de su gente, su apertura, su alegría, su amistad… Creo que “morabeza” podría tener su origen en el italiano “amorevolezza”, algo que se ama, que es “fácil de amar” y la verdad es que Cabo Verde ¡enamora!
El archipiélago forma parte de la Macaronesia y está compuesto por 10 islas, no todas habitadas y separadas en islas de “Barlovento”: Santo Antão, São Vicente, Santa Luzia, São Nicolau, Sal y Boa Vista; y las de “Sotavento”: Maio, Santiago, Fogo y Brava. A parte del portugués, se habla criollo… y no en todas las islas el mismo tipo de criollo. En cada isla, el criollo se ha ido desarrollando de forma diferente. Estas diferencias del lenguaje se ven, especialmente entre las islas del norte y las del sur.
La población total supera los 530.000 habitantes, con una gran diáspora en Boston, como consecuencia de los buques mercantes americanos que paraban en las Islas de Cabo Verde y reclutaban allí parte de su tripulación.
Cabo… ¿verde?
Dicen que el paisaje de Cabo Verde es árido y que no hace honor a su nombre… Como bien es sabido son islas volcánicas, teniendo en la Isla de Fogo un volcán todavía activo. Sin embargo, en esta época del año sí está todo verde. Después de la Estación de lluvias (de julio a septiembre) las islas son una explosión de vegetación y se pueden encontrar infinidad de tonalidades de verde.
Santiago
En la isla de Santiago encontramos un paisaje montañoso y verde, coronado por la “Serra da Malagueta”, un parque natural que ofrece infinidad de itinerarios y vías verdes para poder pasar un domingo paseando por la naturaleza y acabar en alguna de las playas circundantes, como la de Ribeira de Prata, de tierra negra volcánica, inmensas y desiertas. Es habitual ver las “Gallinas de Guinea” o penteadas cruzando los caminos naturales del parque.
De punta a punta, de Praia a Tarrafal, la isla de Santiago tiene unos 76 km, que se pueden hacer durante un día, atravesando las montañas, la Serra de Malagueta y sus playas. Si pensamos en playas de tierra blanca, la Playa de San Francisco es parada obligatoria, una de las pocas de tierra blanca en la isla y muy cercana a Praia. Se puede ir fácilmente en taxi a pasar un día de relax y sol.
Si de camino a Tarrafal nos entra hambre, podemos pasar por “Quinta da Montanha” a comer o al menos a probar las verduras de la tierra. Es un “hotel con encanto” situado en las inmediaciones de la Serra da Malagueta donde un emprendedor privado ha iniciado un proyecto a tipo de cooperativa envolviendo a la población de la zona y promocionando la agricultura local y su comercio dentro de la isla.
Tarrafal, es un nombre habitual en Cabo Verde, hace referencia a un tipo de planta que nace en las playas de las islas, por eso encontramos poblaciones llamadas “Tarrafal” en casi todas las islas. Tarrafal, de Santiago, recuerda a Formentor… después de atravesar la isla, se llega a un sitio agradable, abierto e inmenso… inmenso por el océano que lo rodea y que en cualquier parte de las islas, pero, para mí, aquí especialmente, te da una sensación de grandiosidad…
Volviendo a Praia, debemos pasar por Cidade Velha, la antigua Ribeira Grande, fundada a finales del s. XV por los portugueses y la primera ciudad de las Ilhas da Morabeza. Cidade Velha cuenta con una antigua fortaleza, un monasterio, restos de la iglesia de la ciudad y un paisaje maravilloso que nos traslada 400 años en el tiempo. Ha sido reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y el Gobierno de Cabo Verde, junto con otros organismos de la cooperación internacional (incluyendo AECID), están haciendo un gran esfuerzo para mantener este centro de historia.
Un paseo por la ciudad de Praia, nos permite ver las construcciones de la época colonial, la cultura del país, los mercados populares de frutas y verduras, animales, la lonja del puerto, donde se ven descargar atunes enormes, cazón y muchos otros tipos de pescados. Para tomar un café, la Plaza de Alexandre Alburquerque en la zona de Plateau suele ser el punto de encuentro.
Maio
En los últimos años, Cabo Verde ha saltado a las portadas de las “Ofertas turísticas” por sus playas y sus impresionantes complejos turísticos en Sal y Boa Vista… Estas islas pueden ser una buena opción… Pero si pensamos en descubrir playas desiertas paradisíacas, azul y blanco y la autenticidad de Cabo Verde… mi recomendación es visitar la isla de Maio. Una pequeña isla a 20 minutos de avión de Praia que todavía conserva muchas playas vírgenes y un sabor especial a… morabeza!
Es fácil encontrar percebes y langostas baratas. Se puede preguntar en los bares locales o en las “pensiones” donde te puedes quedar para que lo busquen y te lo preparen el mismo día.
La isla de Maio es conocida como “peacefully”. Creo que debe tener algo mágico o estar conectada con alguna constelación que la da una energía especial… Cuando llegas, te empieza a llenar una paz, poco habitual en nuestro mundo… tu sangre empieza a correr más despacio y el ritmo de la respiración se acopla al de las olas del mar… El universo te permite relajarte y descubrir lo que de verdad importa.
¡Todo música!
Los caboverdianos tienen fama de saber cantar, ¡todos!, de tener buen ritmo y una musicalidad que se siente por todas partes… es increíble, pero cierto. Dicen que en la plaza de Mindelo, cuando cae el Sol, todo el mundo coge sus guitarras, batines y otros instrumentos y salen a cantar y a tocar allí. Así la plaza se convierte en un escenario improvisado con muchos y muy variados conciertos que llenan la isla de melodías de morabeza, las conocidas mornas y coladeiras…
En la isla de Santiago, pude comprobar la maravilla de las voces caboverdianas durante un concierto de Mayra Andrade, una joven y conocida cantante caboverdiana que mezcla las mornas y coladeiras con ritmos cubanos y romanticismo parisino… ¡un auténtico espectáculo! Durante una de las canciones, como en todos los conciertos, pidió al público que hiciera los coros. Hasta aquí todo normal… la diferencia está en que esos coros improvisados, parecían realizados por una coral profesional que llevase meses ensayando.
Si queremos escuchar la música de la Isla de Fogo, tenemos que ir a Fogo de África, un bar popular con un ambiente familiar y agradable, donde profesionales y aficionados –bueno, más bien diría, espontáneos- salen a cantar y bailar durante toda la velada.
Si tuviera que definir Cabo Verde, tendría que decir que es un paraíso en la tierra, un lugar mágico e inolvidable que te traslada a un mundo especial, lleno de música y paz. ¿Ilhas da Morabeza?... ¡ISLAS QUE ENAMORAN!
Pilar Ponce