Cala CorbEs Castell. Menorca
En el fondo de una cala en Menorca hay un rincón donde cada noche se funde la magia del entorno tranquilo con la melodía que arranca Curro al rasgar las cuerdas de su guitarra. Es una cala cerrada, estrecha y menuda que se abre al puerto de Mahón, cerca ya de la bocana. El agua como un estanque. Lisa. Solo se agita levemente con las ondas de los barcos grandes que pasan lejos por el canal del puerto. Es entonces cuando los reflejos de las luces de las farolas en el negro del mar en la noche, titilan al ritmo del rumor que las barcas amarradas producen al rozarse, como protestando por haberlas perturbado su quietud.
Menorca está llena de lugares en los que se percibe algo mágico en el aire y Cala Corb es uno muy especial. La calle que llega al puerto está cortada al tráfico. No hay ruido de coches. Otra manera de acceder es bajando unas escaleras estrechas medio talladas en el acantilado. Es el camino más corto si vienes andando desde la vecina, bulliciosa y pintoresca Cales Fonts, llena de tiendas y restaurantes, que contrasta con la quietud de este pequeño puerto.
En Cala Corb, no. Solamente la música que sale de Es Cau rompe el silencio del rumor del mar en la noche, y lo hace al son de habaneras y boleros, para que las barcas amarradas puedan seguir el ritmo de la melodía.
Es Cau es un garito de esos que te enganchan. En la puerta, un cartel: “Cada noche guitarras y canciones”. Y así es. Al aire libre en verano, refugiados en el interior del localcon aspecto de cueva cuando las noches son más largas, un puñado de amigos con la compañía de todos los que deseen arrimarse, al abrigo de la melancolía, se turnan para cantar acompañados por Curro a la guitarra. Y entre las habaneras en menorquín, la voz rasgada de María se cuela para entonar rancheras de Sabina.Este verano no tendré la ocasión de sentarme en la terraza de Es Cau. Pasaré las vacaciones lejos de Menorca. Si alguno visitáis la isla, no dejéis de tomaros una copa y dejaros embriagar por la música, la noche y el calor de la brisa del mar.
Menorca está llena de lugares en los que se percibe algo mágico en el aire y Cala Corb es uno muy especial. La calle que llega al puerto está cortada al tráfico. No hay ruido de coches. Otra manera de acceder es bajando unas escaleras estrechas medio talladas en el acantilado. Es el camino más corto si vienes andando desde la vecina, bulliciosa y pintoresca Cales Fonts, llena de tiendas y restaurantes, que contrasta con la quietud de este pequeño puerto.
En Cala Corb, no. Solamente la música que sale de Es Cau rompe el silencio del rumor del mar en la noche, y lo hace al son de habaneras y boleros, para que las barcas amarradas puedan seguir el ritmo de la melodía.
Es Cau es un garito de esos que te enganchan. En la puerta, un cartel: “Cada noche guitarras y canciones”. Y así es. Al aire libre en verano, refugiados en el interior del localcon aspecto de cueva cuando las noches son más largas, un puñado de amigos con la compañía de todos los que deseen arrimarse, al abrigo de la melancolía, se turnan para cantar acompañados por Curro a la guitarra. Y entre las habaneras en menorquín, la voz rasgada de María se cuela para entonar rancheras de Sabina.Este verano no tendré la ocasión de sentarme en la terraza de Es Cau. Pasaré las vacaciones lejos de Menorca. Si alguno visitáis la isla, no dejéis de tomaros una copa y dejaros embriagar por la música, la noche y el calor de la brisa del mar.
Daniel H

