Mi serie favorita: Smash

Smash es la historia del montaje de un musical en Broadway. La serie no ha tenido el éxito que debería. Creo que en gran parte porque muy al principio parece otra historia para adolescentes que sueñan con NY sin salir de la M30. Cuando éstos se desengancharon, el resto la había descartado. Así, hace unos días ha terminado su segunda y última temporada. Sin embargo es una gran historia y, sobre todo, es muy entretenida incluso para quienes como yo, no somos muy de musicales, ni en Broadway, ni en la Gran Vía. La música (especialmente en la primera temporada) es buenísima. Y algunos de los actores también. Este es sobre todo el caso de Angélica Houston que sigue la tendencia de rescatar a viejas glorias del cine (por ejemplo Jessica Lange en American Horror Story) para (1) demostrar que también en el terreno de la interpretación siempre ha habido clases; (2) que la edad, también aquí, es un grado; y (3) que tampoco aquí el perfil de guapo garantiza la entrada en la clase más alta.
La trama central se centra entre la competición entre los productores (Angelica Houston y su ex-marido, que se tienen un odio fantástico), las actrices (Ivy y Karen, casi las protagonistas, aunque Smash es bastante coral), los directores artísticos y los guionistas. En todo este grupo de egocéntricos y desquiciados caben todos los perfiles: la actriz secundaria acomplejada y agresiva, la estrella retirada, la inocente novata que pierde la ingenuidad, el chulo engreído con más razón que un santo, los idealistas y los que padecen desde la barrera los delirios de quienes viven en una industria muy competitiva que exige superar obstáculos constantes: mantener su papel en la fase under-study, estrenar en cualquier tabuco, reestrenar en Broadway, obtener una buena crítica en el NYT, la nominación a los Tonys, ganarlos, mantenerse en cartelera... Y todo ello llevando una vida medio normal.
Como casi todas las series actuales, Smash usa el entorno de Broadway como una excusa para contar historias de siempre en contextos más bien extremos. Se habla en la primera temporada de los límites de la amistad, de los problemas de las parejas que se respetan demasiado, del fracaso profesional y de lo difícil que es aceptar que el talento escasea, especialmente si uno mismo ha salido escaso de este recurso y su único sueño es triunfar en Broadway. En la segunda temporada se mantienen algunas tramas y aparecen otras nuevas como la de competir con iguales y con gente querida (cuchillo/corazón).
Dos avisos. Que nadie se deje vencer por el tufillo a sitcom gay que parece que va a dominar en los primeros capítulos (a los gays, por fin, les pasan cosas tan "ordinarias" como a los demás). La segunda temporada cambia mucho de ritmo y de tono. Yo creo que para bien.
Por cierto, para ver una buena serie de adolescentes tardíos, Girls.
H.

1 comentario:

Ana dijo...

¿Esta me la tengo que apuntar también?? Que no me va a dar tiempo...
¿Cuándo me pasas el segundo capítulo de TGW