Cuaderno de Bitacora: Bahia Dos Tigres-Foz de Cunene

Mi estancia en Angola toca a su fin. Hace tiempo, me hablaron de un paraje inhóspito en el sur: Bahía dos Tigres y Foz de Cunene. Un desierto fronterizo con Namibia. Cuando pregunté, intuí que aquel viaje era complicado: Bahía dos Tigres está aislada por las dunas y el mar. Sólo se accede con marea baja. Necesitábamos alquilar coches especiales y llevar una persona experta en mareas. Íbamos a pasar tres o cuatro días fuera del mundo.
El punto de partida fue Lubango, altiplano situado a 2.000 metros. En menos de dos horas se pasa de un clima frío y un paisaje verde al más árido de los desiertos. Cada cambio de rasante es una sorpresa. Los colores cambian a un ritmo vertiginoso. A mitad de camino se encuentra Caraculo, en cuyos alrededores vive la tribu de los mamuilas. El atractivo antropológico son las mujeres. Las casadas están enrolladas en unas cintas colocadas alrededor de los pechos. Es la estrategia de los maridos para bajar la libido a posibles competidores.
Superado Namibe, nos adentramos en el desierto. El cauce de un río seco delimitado por un cañón te conduce al mar. El trayecto está salpicado por Weltvichias, una planta milenaria supuestamente carnívora. Su aspecto lacio delata su cansancio. Alcanzamos nuestra primera parada, unas cabañas enclavadas en un acantilado.
Desde allí pusimos rumbo a Bahía dos Tigres. Una carretera parcialmente tapada por la arena te lleva a Tombwa. Como si el tiempo se hubiera parado, los carteles mantienen los nombres coloniales de aquellas ciudades: Moçamedes, Porto Aleixandre, Sa de Bandeira etc.
Sin capacidad para asimilar la belleza del entorno, un oasis te sumerge en el espejismo. Miles de pájaros sobre un lago inmenso revolotean entre una vegetación exuberante. El desierto da un respiro.
En Tombwa se acaba la carretera. A partir de ahí, el fin del mundo. Sólo queda la referencia del mar. Las dunas crecen. La costa es un rosario de barcos encallados similar a la Skeleton Coast de Namibia. La playa se llena de focas, pájaros, delfines y alguna ballena.
Se entra en Bahía dos Tigres. Dunas atigradas de más de 200 metros de altura emergen como un milagro desde el mar. La marea baja es la señal para pasar. El hueco de una duna nos permite acampar. Subirse a más de doscientos metros y perder la mirada entre las dunas y el mar es una experiencia impagable.
La Bahía está protegida por una península. Así aparece en los mapas. Los portugueses la habitaron aprovechando la pesca. A modo de premonición, el mar la rompió en 1974 convirtiéndola en una isla. La revolución de los claveles hizo el resto. Ahora sólo viven perros salvajes que se alimentan de focas. En el horizonte se adivina el pueblo abandonado con sus casas, su factoría, su iglesia o el cine.
Nuestro siguiente destino era la Foz de Cunene. La punta suroeste de Angola. La frontera con Namibia delimitada por un río y su desembocadura. Más desierto. Hay que esperar la bajada de la marea para seguir dirección sur. El trayecto está marcado por las tuberías que llevaban el agua desde el río Cunene hasta la península. El desierto se hace pedregoso. Las dunas se separan de la costa viajando hacia el interior. Se ven algunas hienas y algún onyx.
Llegamos a la Foz. Tierra de nadie, sensación de libertad. Sensación de estar en otro planeta. En 500 kilómetros no hemos visto a nadie. Seguimos el río aguas adentro y nos topamos con presencia humana. Entre las ruinas de la planta que bombeaba agua a la península, la policía angoleña pretende controlar el infinito. Han montado un puesto fronterizo. Surrealista.
El desierto está cortado por un caudaloso río repleto de cocodrilos. Es la frontera. La parte namibiana es una pared de dunas cuya arena cae suavemente al agua. Acompañar el río es acercarse al éxtasis.
Una pasada. Un viaje acojonante.
Antonio C.


14 comentarios:

ana dijo...

Cuando Antonio me contó este viaje -recién llegado-, me morí de envidia. Pero cuándo vi las fotos... ¡flipé!. Supongo que va a ser casi imposible para el resto de los mortales acceder ahí (dice que se resisten a organizar estos viajes porque no son rentables económicamente). En fin, que seguiré mirando las fotos y confiando en que tal vez, un día...

asm dijo...

Qué envidia !!!

magnífico relato, magníficas fotos y magnífico video!
Antonio, aprovecha todo lo que puedas tus dias en Angola.
Y cuentanoslo...

Marta dijo...

Sí, me parece algo inaccesible para viajar pero al menos lo tenemos en video. Siempre había oído que Angola era un país precioso.

Anónimo dijo...

Hola "Lawrezo de Las Rozas", yo pensaba que estabas trabajando y me imagino que así es, aunque leyendo tu narración y viendo este reportaje fotográfico parece que estas de vacaciones. Bueno ahora en serio ¡¡¡menudo país!!! Pero, según me dicen ya es tarde para compartirlo contigo. Tenemos ganas de verte. Un fuerte abrazo y hasta Las Rozas.
Pisto

Paloma dijo...

Jajaja....Qué bueno eso de Lawrezo de Las Rozas.

No estoy muy viajera ultimamente pero este viaje si que me apetece, sí. ¿Quizás pq es imposible?. Pensaré en ello...

Anónimo dijo...

Yo siempre pense que caraculo estaba en Madrid!?!?!
Lo siento...no he podido evitarlo...
Preciosas las fotos, que envidia!!
Besos,
SoniaPT

Antonio Casado dijo...

Estáis todos invitados a Angola. Una buena idea es venir en bicicleta. Ya he conocido a dos.

Anónimo dijo...

Pues yo en bicicleta a mis años ya no llego.

Anónimo dijo...

Casi me muero de envidia...Creo que ya no podré ir a Angola cuando estés tú.
Me encantó el video.
Ra

anatema dijo...

Hola Antonio. Maravilloso texto y espectaculares fotografías. Pero no sólo son estos dos adjetivos los que definen tu post, es mucho más. Una sensación de paz y libertad, alegría ante el descubrimiento de un mundo, todavía limpio y puro.

Te felicito por disfrutarlo.

Ah, no sé si me conoces. Soy amiga de Angelines. Creo que un día te conocí en tu propia casa, cuando llevamos a tu madre a Madrid.

Feliz Navidad.

Anónimo dijo...

Antonio.
Definitivament és un plaer seguir les teves caminades pel mon. La prosa, magnífica. El país, redéu quin país!
L'oncle Lluís

JAVIER dijo...

Cuánto me has recordado un viaje extraordinario de costa a costa del àfrica austral hace ya muchos años! Aquella colección de desiertos de toda forma y condición, aquella acuarela de ocres, marrones y rojos del kalahari primero y del nabib naukluft despues...qué saudade!
Aún recuerdo la esperanza y la alegria a la muerte de Jonás Savimbi, no tanto por el fin del sueño de unita sino por el fin de la guerra civil y el deseo de prosperidad para uno de los países más ricos y fértiles del mundo, víctima como tantos otros de la codicia de los poderosos y de la rapacidad de sus muy desalmados dirigentes.
Gracias por alumbrar a los recuerdos con la vívida descripción de los paisajes y los lugares de una Angola que llama tanto ahora como llamaba entonces cuando estuvimos a dos pasos de la franja de Caprivi, una namibia casi Angola...

Antonio Manuel dijo...

Una descripcion preciosa del trajecto de Lubango a Bahia dos Tigres y Foz de Cunene, uno de los ultimos paraisos deste mundo. Fue una pena no poder acompañaros en esta ocasion unica...

Anónimo dijo...

Querido Antonio: No me canso de ver este video, es muy bello. Feliz Año 2012, con mucha salud, muchos viajes... y todo lo mejor para ti. Un abrazo, con el cariño de siempre, Luiza Ganho