Las manos blancas no ofenden


TEATRO PAVÓN. Madrid
hasta el 7 de dic
Eduardo Vasco, director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico está consiguiendo dotar a esta compañía de una notable calidad global. Ha reclutado a Lorenzo Caprile para el vestuario y no renuncia a grandes esfuerzos para recuperar músicas originales e instrumentos de la época. A mí me parece que dignifica el teatro español. Me gusta pensar que la Compañía rescata obras de nuestro repertorio tradicional casi desconocidas. Me gusta ver las obras en verso y siempre me pregunto si los extranjeros que van al Pavón pueden entender ese castellano del siglo de oro que parece que apela a nuestro vocabulario más atávico.
Ésta es una comedia de capa y espada escrita para palacio, que no se podía ver en España desde hace más de un siglo. Desde luego no es el mejor Calderón. Pero es otro diferente, menos dramático y brillante al que también quiero tener la oportunidad de conocer. Al parecer, el travestismo fue un recurso utilizado en el Siglo de Oro. En esta obra, Lisarda se transforma en Don César y Don César en Celia. La obra utiliza entre otros recursos afortunados el de la máscara y el disfraz. Ya sabemos que la máscara está en el origen del teatro clásico y que el disfraz es una de las armas más poderosas que se han utilizado siempre en el teatro y en la vida.
Los directores no se conformaron con Vivaldi que habría sido el recurso fácil. Se fueron a la Biblioteca Histórica de Madrid y recuperaron la música original de José Herrando. Por todas estas cosas me gusta ir al Pavón. Y porque siempre me río un rato y disfruto muchísimo del teatro.
Ana Ruiz

2 comentarios:

asm dijo...

A mi el teatro clásico me da cierto respeto a priori pero luego cd voy a ver una obra me encanta.
Así que mi próxima visita al teatro creo que será al Albeniz para despedirlo (ojalá no)y ver La vida es sueño. Aunque aquí el montaje no es clásico.
Tal vez luego, me anime a ir al Pavón.

Antonio Casado dijo...

Que envidia! Lo digo de verdad.