El cuento de la isla desconocida

José Saramago
Editorial Alfaguara
Todo aquel que me conoce sabe que siento debilidad por Saramago, este año su muerte me trastornó profundamente. Descubrir un escritor y poder disfrutar de su coetaneidad es todo un privilegio; leer sus opiniones acerca de acontecimientos actuales, deleitarse con su literatura basada en un momento presente… es compartir existencia. Estamos más acostumbrados a idolatrar a autores ya ausentes, que dejaron obras escritas en tiempo pasado y con los que nunca habremos tenido la sensación de poder pisar las mismas baldosas de alguna calle en alguna ciudad, ahora mismo.
Podría recomendar, por tanto, cualquier obra de su bibliografía. Todas tienen algo reseñable que merece ser leído. Pero si pudiera agradecerle personalmente alguna de sus creaciones y el trato supusiera hacer mención exclusiva a una, sin duda sería ésta.“El Cuento de la Isla Desconocida”, efectivamente, es un cuento que seríamos incapaces de descifrar a un niño. Quizá mal llamado sea un cuento para adultos. Eso sí, adultos que aún crean en el amor como motor de destino, que tengan los poros de su piel expuestos a las señales, que aprecien el simbolismo de las circunstancias que les rodean… quedamos muchos de estos, afortunadamente.
Como las historias bonitas que persiguen la enseñanza moral, ésta es la historia de un viaje en busca de algo importante para su protagonista. Los viajes siempre son metáforas de movimientos internos de quienes viajan y si bien los paisajes y las aventuras configuran el relato, suelen ser los cambios personales los que producen giros en la estructura narrativa. El protagonista dice en la página 47: “Si no sales de ti, no llegas a saber quien eres, (…) es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no salimos de nosotros,(…)”. Y este es el epicentro de este pequeño y maravilloso relato; la búsqueda de uno mismo y el paradójico destino al que nos conduce ese viaje.
Este cuento, tiene todos los elementos necesarios para configurarse como tal: un palacio, un rey, un hombre en busca de un sueño… y a pesar de estos elementos, o precisamente por ellos, el entorno en que se desenvuelven es una alegoría de nuestro tiempo donde la burocracia y la imposición normativa hacen de enemigos, y obstaculizan el objetivo del protagonista.
Este es un cuento crítico, como todo en la obra de Saramago, y su crítica está orientada a la pasividad del ser humano ante su situación actual, a la falta de motivación, al agotamiento que supone escapar de la corriente social: esa gran degradadora de ilusión que aplasta cualquier intento por desviarse de su paso.
Por todo ello, reitero la dificultad que supondría traducirle este cuento a un niño, su virginidad moral le haría imcomprensible esta lectura. Es necesario haber sido aplastado por esa corriente degradadora de ilusión para poder entender la belleza que emana de cada metáfora en este maravilloso cuento para adultos soñadores.
Amalia SR.

3 comentarios:

Al dijo...

A mi me gusta mucho Saramago aunque el libro que recomiendas no lo he leído. Gracias por tu articulo.

Anónimo dijo...

A mi me gustaría mucho seguir soñando siendo adulto...sueños libres de consumo, que no hablen de atesorar,que hablen de crecer...difícil con los tiempos que corren...quizá podamos hacerlo cuando por fin, no tengamos nada...

monegre dijo...

La reflexión que hace Amelia es enriquecedora. Según cuenta del relato o libro (mas largo,mas corto, que mas da...), me recuerda a la Teoría de las Ideas de Platón...que para poder observar la esencia de la idea (o de uno mismo),hay que salir de las ataduras que nos hemos impuesto... Buena reflexión y gracias por compartirla.