Speaker´s corner: Mil rostros de mujer

Aunque la violencia sea tan antigua como la humanidad, un resto de la necesidad de sobrevivir y vestigio de épocas anteriores a la civilización, el asunto de la violencia de género ha irrumpido en nuestras vidas no hace mucho. No quiero hablar de estadísticas ni porcentajes, ni entrar en diatribas sobre si mueren a manos de sus parejas más mujeres inmigrantes o de clase baja, en el norte o en el sur. Me preocupa que cualquiera decida que puede matar a otro, me da igual cuál sea su género. Me subleva que se destruya con ácido el rostro de una criatura, se oculte a un ser humano bajo un burka, se lapide a una mujer o se venda a un niña por un puñado de rupias. Eso si miro lejos, porque aquí, en el considerado “primer mundo”, si enciendo el televisor, seguro que oiré que algún cafre ha apuñalado a su expareja, perdonen la expresión. Se había saltado la orden de alejamiento, estaba celoso de su nuevo novio, le había dicho que sería de él o de nadie. Ahí cobra sentido la etiqueta de “Violencia de género”, porque algunos la practican impunemente contra las mujeres, sólo por serlo. Porque la consideran un objeto de usar y tirar. Por decidir poner fin a una relación que no funcionaba, o que no aportaba lo que tiene que aportar una relación, que es afecto, seguridad y respeto. Por querer ser libre. Por tener el valor de empezar de nuevo. Y siempre se salda igual: con una camilla tapada por una sábana blanca. Y otro dato para la estadística. Otra muerte absurda, otra familia destrozada, un grupo de amigos que piden que “se haga algo”, otra autoridad explicando lo que se hace. Otro cáncer de esta sociedad enferma.
Algunas de esas mujeres han tenido la mala suerte de toparse con un desalmado, perturbado por las drogas o el alcohol, vencido por la depresión o por el desempleo. Nada de esto justifica el quitar la vida a un ser humano. Pero hay otro apartado, fuera del tópico: ancianos hastiados por una relación gastada, jóvenes de buena posición que no encajan en ninguno de estos supuestos. Hombres que no serían capaces de matar, sostienen que a su mujer nunca la han puesto la mano encima, pero maltratan de palabra. He sido testigo de cómo un marido manda callar de malos modos a su mujer y también me ha dolido como un golpe. Y me ha llevado a preguntarme dónde comienza esto, si es algo que está dentro del ser humano, si es el signo de los tiempos. Quiero pensar que no, aunque me gustaría que reflexionáramos, que pensáramos dónde estamos fallando como sociedad. Quiero pensar que todas las iniciativas que están en marcha contribuyen a que esa estadística no se dispare, aunque no sean suficientes. Quiero pensar que los esfuerzos están sirviendo para algo. Quiero que el 25 de noviembre, Día Internacional Contra la Violencia de Género, se caiga del calendario y que lo sustituya una de esas fotos enormes, hechas con miles de fotos pequeñitas: mil rostros de mujer. Mil rostros serenos de seres humanos, sin género ni número.
Amelia Perez de Villar

7 comentarios:

Paloma dijo...

Yo me hago las mismas preguntas que tu. Dónde comienza esto? Dónde estamos fallando como sociedad?. No tengo la respuesta (of course) pero si pienso que todo empieza en la infancia. Ningún bebé nace violento. Ninguno. Todo lo contrario. Nacen absolutamente indefensos y lo que más necesitan es afecto y seguridad. Eso sí, imitan lo que ven... Quizás haya que hablar de una pedagogía negra que lastra nuestra sociedad?

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo con Paloma...yo hago lo que puedo desde mi particular "guerra".
Besos,
SoniaPT

Melé dijo...

Creo muy oportuno que Amelia incida en el tema de la violencia y el acoso moral, porque considero que tiene mucha importancia.

Que la persona que tienes al lado te desprecie, te haga callar, domine tu vida como de cualquiera de sus posesiones, debe ser lo peor.

Este es un aspecto sobre el que se debería incidir de un modo muy concreto dado que parece que se trata de evitar el daño fisico como mal mayor, cuando un acoso o una violencia moral puede causar mayores daños.

Me gustaría hacer referencia al tratamiento de estos temas por medios de comuniación. Degraciadamente, y con mucha frecuencia encontramos noticias referentes a la violencia de género, y a mi me sorprendió mucho un comentario que he escuchado en la puerta de un Juzgado de familia, en el que el marido, decía a su abogado...y si no la mato, total eso está a la orden del día, sale todos los días en las noticias...

Dede luego es bueno, que los medios den a conocer estas situaciones con el obejeto de concienciar, pero es un tema complicado.

Melé

Paloma dijo...

Yo también creo que es un tema muy muy complicado. Y sobre todo tabú, especialmente la raíz... Estamos viendo la punta del iceberg. Queda aún todo por hacer.

Anónimo dijo...

El otro dia vi en algun sitio unos resultados de unas encuestas a jovenes que eran un poco alucinantes. Algo asi como el 20-30% decian que sus parejas les decian que ponerse o con quien ir o cosas por el estilo...digo yo que considerar eso "normal" es el principio de algo que puede acabar no muy bien, no?
SoniaPT

JAVIER dijo...

No estoy muy seguro de que el bebé que nace tan inocente (el mito del buen salvaje de Rousseau) no tenga ya el estigma de la violencia innata que el ser humano tiene dentro...creo que nacemos capaces del mal extremo tanto como lo somos de apreciar y emocionarnos por las cosas bellas. Lo que hace que nos orientemos a un lado o a otro de la línea (quitando los, afortunadamente pocos, sociópatas que no encajan en el esquema general) es la civilización, en general, y la educación que recibamos, en particular.
Creo que los valores cambian con los siglos y lo que era lícito en las relacones entre los sexos hace un siglo de manera alguna puede ser aceptable ahora. Del mismo modo, lo que es inaceptable para un hombre en su relación con una mujer en occidente nada tiene que ver con lo que lo es en otras civilizaciones...incluso en nuestra propia cultura hay diferencias!
Así pues, se explica todo por la edad, la cultura, clase social o procedencia del maltratador? Lamentablemente no, la respuesta debe ser múltiple y con diagnósticos complejos los tratamientos no lo son menos.
Creo sinceramente que como individuos debemos hacer apenas lo mismo que con el resto de las cosas, respetar a los otros como nos gustaría ser respetados, educar a nuestros menores en el mismo sentido y condenar sin ambiguedad cualquier comportamiento en que alguien se crea con derecho de dominar a otro.
Los media deberían cesar en el uso detestable de los casos para vender más (véase el caso Neira)y el gobierno debería huir de la tentación de coger atajos como establecer penas diferentes en razón del sexo del agresor pues además de violar la declaración de derechos humanos (entre otras leyes) apenas pone los cimientos para nuevos problemas derivados del resentimiento. En lugar de ello, se debe insistir en educar a una nueva generación en el respeto por el otro, la admiración por los logros de las mujeres (muy lejos de la necesidad de cuotas para afirmar su valía, que es negada apenas por unos pocos ignorantes) y la necesidad de soportarnos todos en tiempos de vacas flacas.
Un abrazo a Amelia por escoger un tema tan difícil y un cariñoso " pero no habíamos quedado en que despues de temas peliagudos iban unos cuantos speaker's corner más frivolones?" para nuestra ASM
PD: para el final he dejado un pedido ( que antes hubiera sonado a ligereza), no podemos llamar al pan pan y al vino vino? Si un hombre/mujer ejerce violencia sobre un ser de distinto sexo la violencia será de sexo o en razón del sexo, nunca de género (que se refiere a las cosas y que me parece horrible incluso como anglicismo mal traducido). Si violencia de sexo suena mal ( no sé por qué!) se puede usar lo de violencia doméstica que define más que bien la mayoría de casos.

ana dijo...

Ay! absolutamente de acuerdo con lo de género... ¡qué harta estoy de estos anglicismos innecesarios!