Speaker´s Corner : Eight days a week

“Ocho días a la semana” –decía una canción de los Beatles– “no bastan para mostrarte cuánto me importas”. Cuando escuché por primera vez la noticia de las 60 horas semanales, a pesar de la temperatura ambiente –debía ser verano o, al menos, primavera– miré instintivamente el calendario, convencida de que era 28 de diciembre. Lo digo completamente en serio: a veces los informativos hacen cosas así. Lo primero que hice entonces fue calcular mentalmente si una semana tiene esa cantidad de horas productivas. Sí, me diréis que muchos de nosotros trabajamos sesenta horas y más, que cuando volvemos del trabajo continuamos en casa, estoy de acuerdo. Pero a lo que vamos: una semana de sesenta horas de trabajo nos obliga a estar en activo diez horas diarias, de lunes a sábado. Aquellos que sean creyentes, naturalmente, querrán descansar en domingo (o en sábado, si pertenecen a otro credo). Y los que no, sencillamente, tienen que hacerlo para poder seguir rindiendo. En Madrid, por ejemplo, un porcentaje muy grande de los trabajadores tardan entre cuarenta y cinco minutos y hora y media en llegar hasta su lugar de trabajo, tanto por lo dilatado de las distancias como por los problemas de tráfico o por la mala combinación de transporte público. Los colegios funcionan hasta las cuatro o las cinco de la tarde, y las horas de guardería, que se pagan aparte, casi nunca abarcan la jornada laboral de los padres más el tiempo de desplazamiento. Los maestros y los psicólogos nos dicen que tenemos que pasar más tiempo con nuestros hijos, con nuestras parejas, que debemos ralentizar el ritmo, dormir ocho horas y escucharnos más. En Estados Unidos (donde respetan, en general, los horarios laborales) la cosa está tan mal como para que la gente recurra a fórmulas como los bares para ligar, las citas de ocho minutos para encontrar pareja, y otros inventos marcianos para relacionarse, a falta de lo normal, que es salir de copas cuando acabas de trabajar. España, el país europeo donde más horas se trabaja, es también el país europeo donde menos se rinde. Por no hablar de la alergia que provoca todavía, a muchos empresarios medios, la mención del teletrabajo o los contratos a tiempo parcial: parece que el mejor empleado es el que más horas pasa en la empresa, aunque no sean productivas. Y por no hablar del fenómeno del mileurismo, porque no me quedó claro si teníamos que trabajar sesenta horas a la semana por novecientos euros brutos, pagando cuatrocientos o quinientos de guardería para el crío. Esto no sólo nos aleja de la sociedad del ocio, de la que tanto se hablaba hace unos años, sino que nos convierte en una sociedad mucho más cerrada y egoísta: ¿no es mejor contratar a dos recepcionistas, uno de mañana y otro de tarde, y así damos trabajo a dos personas, al tiempo que cubrimos un horario de servicio más amplio? ¿no es mejor reducir las jornadas y repartir el poco tajo que hay? ¿No hubo, hace no mucho tiempo, una serie de encarnizadas peleas destinadas a mejorar los derechos de los trabajadores? Ahora, con la distancia, estos postulados nos pueden parecer rancios, pero volvamos la mirada atrás y agradezcamos al movimiento sindical (tintes ideológicos aparte) lo que hizo por nosotros. ¿Nos hemos olvidado ya de las estampas de la Revolución Industrial? ¿Nos hemos olvidado ya del sin par Chaplin, girando todavía las tuercas cuando iba caminando por la calle, de vuelta a casa, en Tiempos Modernos? Espero que no. Espero que, al fin, prevalezca la cordura.
Amelia Perez de Villar

4 comentarios:

Marta dijo...

Lo de las 60 horas fue idea de los laboristas británicos no? Ya no entiendo nada. Y por otro lado, los controladores y pilotos de Iberia están de nuevo en huelga de celo. Machacando como siempre a la pobre gente que tiene unos días de vacaciones. Es que no puede haber un término medio?

E. Marsh dijo...

Jajaja! Es verdad! Muy bien apuntado lo de los pilotos y controladores. ¡Es tan desproporcionado lo que pasa a uno y otro lado!

Maria Luisa dijo...

No están en huelga, ¿Es que no os creéis que están enfermos?

Juanky dijo...

Cuanta verdad Amelia.