Mi viaje a Perú. HUACHIPA. Agosto 2007

Ese verano decidí dedicar mis vacaciones a un proyecto de cooperación, y nos tocó Perú.
Ubicación: Suburbios de Lima.
Acciones desarrolladas por la ONG con la que colaboramos allí: Erradicar el trabajo infantil en las ladrilleras. Formación de líderes locales para impulsar el desarrollo en sus comunidades. Educación a padres acerca de aspectos sociales vitales que afectaban a la comunidad: drogas, educación sexual, violencia doméstica, maltrato infantil, etc
Nuestra principal ocupación fue el apoyo en las tareas escolares y la realización de diversos talleres principalmente para entretener a los niños y también algunos dirigidos a los promotores y a los padres.
Os podría contar muchas cosas de ese viaje, muchísimas pero os dejo con mis emociones, aquellas que viví haciendo lo que hice y viviendo en condiciones bastante alejadas de las habituales de aquí:
La sensibilidad a flor de piel, sensaciones, sentimientos, lágrimas, abrazos, sonrisas… un intenso mes de un viaje diferente.
Niños, convivencias, juegos, fracciones y esdrújulas, viajes, terremoto y fiesta. Cada minuto una nueva sensación, cada hora un nuevo aprendizaje.
Los artilugios de la vida del primer mundo desaparecieron, solo importaba lo importante, apoyarse, sentir, vivir, ayudar y ser ayudado, conocer y aceptar, lo demás daba igual.
Aterrizamos en Lima sin saber muy bien lo que nos íbamos a encontrar; teníamos agua luz y baño, así desaparecieron los primeros temores.
Luego llegó el colegio, las tareas, los niños, fue fácil recordar las fracciones y las raíces, las divisiones y la tabla de multiplicar; aprendimos su historia, tal y como se la cuentan a ellos; aprendimos las esdrújulas y sobreesdrújulas, a jugar con las agudas y buscar las llanas…
Jugábamos con los de primaria y secundaria, fuimos abrazados cada día, cogidos de la mano y repartimos toda la ternura y cariño que demandaban, fue fácil.
Recordé las manualidades y disfruté haciendo pulseras, casitas con las niñas y muñecos de espuma rellenos de colores mil.
Conocí la desolación, la impotencia del mundo que te atrapa y no te ofrece oportunidades, padres de familia con derecho a trabajar de luna a luna y con la necesidad de incluir a toda la familia para sobrevivir.
Conocí niños que jugaban, reían y cuando marchaban a casa, algunos no querían…
Conocí niños encadenados a su propia existencia con la única alternativa que la de sobrevivir
Conocí la pobreza
Conocí la auténtica impotencia
Conocí que a veces la vida no te da más oportunidad que la de existir
Conocí la marginación
Y aún así, siempre, la esperanza de un mundo mejor.
Agradecí a mis compañeros de viaje, hoy amigos, cada día sus detalles y bromas
Si tuviera que poner un título a este viaje, para mí sería. “con la sensibilidad a flor de piel”.
Mereció la pena sin lugar a dudas, y yo que me lo quería perder…
MariaJo

5 comentarios:

Marta Cruz dijo...

Vaya...me ha encantado...y me ha "tocado"....Precioso

ASM dijo...

MariaJo, las fotos son magnificas y hablan tb de esa experiencia que nos cuentas en tu texto....la mirada de la niña, en la última foto, me tiene atrapada.

Anónimo dijo...

A mi también me ha llegado hondo este artículo, que experiencia más bonita y gratificante. Me encantaría poder hacer algo parecido algún día.

ana dijo...

Impresionante foto! Impresionante mirada!

Anónimo dijo...

Me gustaria saber con qué ONG colaboras